Técnicas para ganar en Inteligencia Emocional. Unsplash.

El proceso de reconocer las emociones es de gran importancia para procurarnos una calidad de vida saludable, sobre todo en términos de salud mental. Cuando somos capaces de reconocer las emociones ajenas y propias, nos angustiamos menos.

Existen personas a las cuales se les da bien el proceso de reconocer las emociones. Otros, por el contrario, necesitan aprender a hacerlo esforzándose más en ello; pero eso no significa que sean incapaces de dominar esta habilidad psicológica.

En este artículo veremos varios consejos y recomendaciones que pueden ser de gran utilidad para todas aquellas personas que buscan saber cómo reconocer las emociones, así como algunas consideraciones a tener en cuenta.

¿Cómo reconocer las propias emociones?

Reconocer las emociones consiste en la capacidad que tiene una persona de identificar y aceptar las emociones, propias y ajenas.

Es básicamente como hablar un idioma. Al principio es confuso y puede que no entendamos bien el sentido de algunas cosas, pero luego, a medida que vamos manejando este lenguaje de forma cotidiana, se vuelve más entendible y llegamos a ser capaces de manejarlo con fluidez.

Para reconocer las propias emociones hace falta que seamos capaces de traer a la parte consciente de nuestra mente algunos aspectos de nuestra persona que muchas veces pasamos por alto o en los que evitamos pensar. Eso es fundamental para desarrollar Inteligencia Emocional.

Siempre hay temas referentes a nosotros mismos que preferimos dejar olvidadas. Sin embargo, cuanto más pronto nos atrevemos a revisar esos aspectos con un criterio objetivo, más cerca estaremos de lograr entender cómo nos sentimos.

¿Cómo reconocer las emociones de los demás?

En el momento de reconocer las emociones ajenas es necesario comprender en cierta medida cómo funciona el lenguaje corporal; este es un aspecto que está intrínsecamente relacionado con la emocionalidad.

Cuando nos sentimos tristes nuestro rostro lo expresa por medio de gestos y movimientos de los pequeños músculos repartidos por toda la cara, y aunque tratemos de disimularlo, el lenguaje no verbal responde en gran medida a aspectos inconscientes de nuestra personalidad; por lo tanto se podría notar la tristeza a pesar del esfuerzo por ocultarla. Lo mismo sucede con las demás emociones y sentimientos: felicidad, nostalgia, euforia, etc.

De este modo, cuando somos capaces de relacionar el lenguaje corporal de una persona con sus emociones, estamos más cerca de entender cómo se siente.

Otro aspecto esencial para identificar las emociones de los demás pasa por saber interpretar adecuadamente su discurso.

Una persona puede aparentar estar bien, y que a la vez al hablar con ella cuando hablamos con ella nos dé señales de que algo anda mal, si sabemos escuchar con atención e interpretamos entre líneas lo que nos dice.

Consejos para entender nuestro lado emocional

Ahora veremos algunas formas en las que podemos ser más exactos en el momento de reconocer las emociones, tanto propias como ajenas.

1. Acepta el motivo real de las emociones

Toda emoción responde a motivos que para nosotros tienen un significado particular, capaz de alterar nuestros niveles de consciencia.

Si aceptamos la situación y somos capaces de afrontarla por muy irracional que parezca la causa, entonces de igual manera reconoceremos la emoción que estamos teniendo en ese determinado momento.

2. Reconoce tu entorno

El entorno influye en gran medida sobre nuestra emocionalidad, las situaciones que se desarrollan alrededor nuestro son capaces de hacernos sentir de muchas maneras. Es por eso que cuando tenemos un mejor dominio y reconocimiento del lugar que nos rodea, podemos reconocer qué es exactamente lo que detona las emociones que sentimos.

3. Se consecuente con tus acciones

Para ser capaces de reconocer adecuadamente nuestras emociones, debemos intentar ser lo más consecuentes posible con nuestras acciones.

Esto quiere decir que en la medida en que nuestro pensamiento y nuestros actos vayan por el mismo camino, podremos reconocer nuestras emociones de una forma más clara, sin caer en disonancias cognitivas.

Por ejemplo, la inacción ante ciertos problemas que tenemos en nuestra vida posiblemente también nos causará dificultades a la hora de analizar cómo nos hace sentir eso, a través del autoengaño.

4. Prevención ante emociones negativas

Cuando tenemos la capacidad de reconocer los factores que nos generan angustia, podemos ser capaces de prevenir entrar en contacto con dichos factores (en la medida de lo posible).

Al hacer esto estamos disminuyendo la probabilidad de presentar emociones negativas muy intensas que bloqueen nuestra capacidad de análisis. Por ende, el proceso de reconocimiento de nuestras emociones se verá favorecido, ya que no tendremos que lidiar con emociones extremadamente desagradables.

5. Entender las situaciones como realmente están sucediendo

Este punto se refiere a la capacidad de cognición que tenemos todos los seres humanos. La cognición implica utilizar los procesos mentales superiores (análisis, pensamiento lógico, interpretación, resolución de conflictos, memoria, etc).

Con la finalidad de ser entender las situaciones como realmente están sucediendo, y no como nos gustaría que fuesen, al emplear este tipo de pensamiento ya estamos reconociendo las emociones de una manera muy real y podemos buscar las mejores alternativas a nuestra situación.

6. Aceptar que algunas cosas se salen de tu control

En ciertos momentos te encontrarás con situaciones en las cuales no podrás intervenir para alterar su resultado de la forma en la que te gustaría hacerlo. Es importante que tengas presente esta limitación.

A veces solo toca aceptar que las cosas están pasando de una manera determinada, y afrontarlo. Entender eso nos convierte en personas más sensatas y capaces de reconocer nuestras emociones en toda su amplitud, asumiendo que no las podemos manejar a nuestro antojo.

Referencias bibliográficas:

  • Salmurri, F. (2015). Razón y emoción: recursos para aprender y enseñar a pensar. Barcelona: RBA
  • Vallès, A., y Vallès, C. (2000): Inteligencia emocional: Aplicaciones educativas. Madrid, Editorial EOS.