En psicología existen abundantes paradojas, y una de ellas es la siguiente: a la vez que un mismo tipo de malestar emocional puede estar causado por muchos tipos diferentes de conductas que hemos aprendido e interiorizado casi sin darnos cuenta, un solo patrón de conducta que forme parte de nuestro repertorio habitual de comportamientos puede dar pie a muchos problemas diferentes.

Esto último es lo que ocurre, por ejemplo, con el caso de la procrastinación, que es la palabra con la que los psicólogos nos referimos a la propensión a dejar las cosas para más tarde, o para "mañana" (con énfasis en las comillas). Es algo que podemos adoptar con sorprendente facilidad, poner en práctica casi sin darnos cuenta, y dar pie a una amplia variedad de situaciones desastrosas y fracasos frustrantes como consecuencia de ello.

En este artículo veremos el modo en el que, a través de pequeños cambios en nuestros hábitos, podemos luchar contra la procrastinación, para así desempeñar mejor nuestras responsabilidades y tenerlo más fácil para disfrutar de tiempo libre de calidad.

¿Por qué surge la procrastinación?

Tal y como hemos visto, procrastinar significa postergar, sin tener una excusa verdaderamente válida, el cumplimiento de nuestras responsabilidades o las tareas necesarias para llegar a metas que nos hemos fijado. Estaremos de acuerdo en que, definida de esta forma, esta conducta no aporta ningún beneficio significativo, y en todo caso crea problemas. Sin embargo, es algo en lo que la gran mayoría de las personas cae en algún momento u otro. ¿Por qué?

Hay varios factores que explican la existencia de la procrastinación. Uno de ellos tiene que ver con un rasgo de personalidad: la baja responsabilidad. Quienes obtienen puntuaciones significativamente por debajo de la media en el rasgo Responsabilidad en los test de personalidad basados en el modelo de los Cinco Grandes, tienden a caer en el "ya lo haré mañana" con mucha más frecuencia. Esto indica que la procrastinación está vinculada a un aspecto más amplio de la manera de comportarse: la falta de interés por la meticulosidad en lo que se hace, o en la manera de cumplir con una serie de normas.

Por otro lado, tampoco quienes son perfeccionistas se libran en todos los casos de la procrastinación. Se ha observado que hay un tipo de perfeccionismo que se vincula con la procrastinación: aquél en el que el foco de atención de la persona no está puesto en los pasos concretos a realizar para completar bien una tarea, sino en el miedo a equivocarse, el temor de no hacer algo de lo que estar orgulloso. Cuando este tipo de perfeccionismo es el predominante, la procrastinación entra en escena.

Otro aspecto importante es la falta de práctica. Si debemos empezar una tarea que aún no dominamos, la idea de empezar a trabajar en ello se nos puede hacer cuesta arriba, porque antes debemos invertir un esfuerzo en decidir qué hacer, cómo organizar el tiempo, etc.

Y como nada de esto tiene por qué plasmarse materialmente (al ocurrir en nuestra cabeza) y no tenemos una manera de saber si lo estamos haciendo bien debido a la falta de experiencia, no tenemos la sensación de estar progresando, lo cual convierte la experiencia en muy frustrante, algo que merece la pena empezar "de verdad" cuando tentgamos un mejor estado de ánimo.

5 hábitos para luchar contra el "ya lo haré mañana"

Estos son varios hábitos sencillos que puedes aplicar para combatir contra la procrastinación.

1. Cuidado con el hambre emocional

Muchas personas "disfrazan" sus sesiones de procrastinación bajo la apariencia de visitas a la nevera que en teoría tienen el propósito de calmar el hambre. Un hambre curiosamente oportuno y que aparece de manera intermitente cada pocas docenas de minutos.

Esto es, en realidad, hambre emocional: una falsa sensación de hambre que surge de los problemas a la hora de interpretar el malestar que sentimos y que es de raíz psicológica, no física. De este modo, aprendemos a calmar esa angustia o inquietud picando entre horas, y dándonos una excusa para desatender aquello realmente importante para concentrarnos en las sensaciones agradables que nos da la comida. Así pues, para mantener bajo control la procrastinación, fíjate un horario de comidas y mantén la comida lejos del área de trabajo.

2. Crea tu área de trabajo

Muchas veces, la clave está en empezar la tarea; todo lo demás resulta más fácil una vez nuestras ideas acerca de lo que debemos hacer ya están encarriladas. Por eso, es bueno que asocies tu área de trabajo únicamente a eso, el trabajo: no la uses para descansar o entretenerte. De este modo, será más sencillo adoptar un compromiso para trabajar, porque sentarse en esa silla de tu estudio significará para ti que en ese mismo segundo empieza tu jornada.

A su vez, es muy importante que este lugar esté lejos del alcance de las distracciones más tentadoras para ti. Si usas ordenador, incluso puede ser bueno que en ese equipo crees barreras digitales que te compliquen entrar en tu perfil de redes sociales, ciertas webs de entretenimiento, etc.

3. Descansa bien

Relacionado con lo anterior está la necesidad de encontrarse físicamente bien para poder atender nuestras responsabilidades. Incluso si contamos con la energía y la capacidad de concentrarnos para realizar una tarea, sentirnos fatigados nos expone más a la procrastinación.

4. Haz planes de tiempo libre

Otro aspecto que favorece la procrastinación es el hecho de tener un tiempo libre desestructurado y difuso, sin límites claros. Si creas planes de actividades que te gustan para tu tiempo libre, le restarás influencia a ese tiempo libre difuso y se lo darás a otro tipo de ocio que además de ponértelo más fácil para comprometerte con lo que debes hacer, suele ser más estimulante y disfrutable que quedarse en el sofá viendo cualquier cosa en la televisión o en el móvil.

Referencias bibliográficas:

  • Barrick, M.R. (1991). The Big Five personality dimensions and job performance: a meta-analysis.
  • Sirois, F.M.; Molnar, D.S.; Hirsch, J.K. (2017). A Meta‐analytic and Conceptual Update on the Associations Between Procrastination and Multidimensional Perfectionism. European Journal of Personality. 31(2): pp. 137 - 159.
  • van Eerde, W. (2003). A meta-analytically derived nomological network of procrastination. Personality and Individual Differences . 35(6): pp. 1401 - 1418.