La Psicología y la Criminología se han preocupado por investigar qué variables psicológicas están relacionadas con la delincuencia.

De este modo conocemos, entre otros datos, que los jóvenes delinquen más que los adultos y los varones más que las mujeres. ¿Significa esto que los hombres son más agresivos que las mujeres?

¿La agresividad es mayor en los hombres?

La delincuencia femenina ha sido un campo de estudio olvidado. Así mismo, durante bastante tiempo, se ha mantenido que la mujeres, en la comisión de delitos, adoptan un papel pasivo: cómplice o encubridora.

Sin embargo, el progreso social y el avance de la mujer en la sociedad han hecho que este punto de vista se haya alterado, y hoy día encontramos que en las prisiones cada vez existe una mayor cantidad de mujeres, si bien es cierto que, pese al aumento, nueve de cada diez personas reclusas son varones.

La delincuencia y las diferencias de sexos

Actualmente sabemos que la delincuencia es mucho mayor en el hombre que en la mujer, pero los delitos de la mujer no han dejado de crecer. Así, sabemos que los delitos cometidos por la mujer son menos violentos, pero que son cada vez más frecuentes y cometidos por mujeres más jóvenes (datos concluidos por el Informe Fontanesi del Consejo de Europa).

Con todos estos datos, nos preguntamos si es cierto que el hombre es más agresivo y, consecuentemente, comete más actos de delincuencia, o si la mujer ha sido socializada de distinto modo, ha tenido menos oportunidades de delinquir abiertamente y está más influida por expectativas de género que han hecho más difícil que cometa actos delictivos y si, por tanto, al cambiar este panorama de diferencias entre sexos, la mujer equipara en agresividad y delincuencia al hombre.

¿Diferencias innatas o de educación?

No es una cuestión fácil de resolver, pero las investigaciones apuntan a que se da una conjunción de aspectos biológicos y psicosociales que explican por qué el hombre tiende a desarrollar conductas más violentas.

Aspectos psicosociales de la diferencia en agresividad

Por un lado, podemos observar y se ha constatado que los varones presentan en la infancia con mayor frecuencia problemas de conducta y agresividad, mayor conducta exploratoria, y juegan a actividades más bruscas.

Sin embargo, en culturas donde se acortan las diferencias en el modo de educar a chicos y chicas, hay menores diferencias en la tasa de delincuencia por sexo. Además, como hemos comentado, en los países occidentales, la tasa de criminalidad femenina ha aumentado.

Por otro lado, los chicos en la infancia suelen relacionarse con grupos más grandes en número de personas, por lo cual se producen más problemas de liderazgo que en los grupos de chicas, que tienden a ser más reducidos.

Además, no hay que olvidar que las mujeres han estado más socializadas para valorar diferentes cualidades de la vida social, como la honestidad y la prudencia, factor inhibidor de la conducta delictiva. Esta perspectiva nos indica la importancia de la socialización a la hora de desarrollar conductas agresivas los varones y de inhibirlas en el caso de las mujeres.

Factores biológicos y genéticos

Desde la vertiente biológica hay que atender a que los varones presentan mayores niveles de testosterona, que precipita la agresividad, y menores niveles de estrógenos, que propician una menor agresividad. Las influencias hormonales tempranas en el período de gestación, masculinizan o feminizan el cerebro, condicionando las estructuras cerebrales, la concentración hormonal y de receptores.

En parte por esto la intensidad de respuestas ante estímulos determinados es diferente en chicas que en chicos, generalmente, respondiendo los chicos de manera más agresiva en más ocasiones. Este proceso de masculinzación o femenización se activa de nuevo durante la pubertad, presentando los varones mayor receptividad para la testosterona, a la que, si se añaden ciertas dificultades o estrés, puede tener un resultado de violencia.

Por lo tanto, pese a la existencia de diversas teorías y de diversas vertientes para explicar esta realidad, parece esclarecerse el hecho de que hay una influencia biológica que hace al hombre más vulnerable ante el desarrollo de la violencia, y una conjunción de influencias psicosociales que fomentan o inhiben el desarrollo de esta.