Un sentimiento más común de lo que parece. Unsplash.

Es completamente natural que en algunos momentos de nuestra vida no tengamos ganas de salir de casa, y prefiramos quedarnos haciendo alguna actividad que nos guste en nuestra intimidad.

"No tengo ganas de salir de casa" puede volverse una respuesta frecuente a cualquier invitación que nos hagan. No hay nada fuera de lo común con esto, siempre y cuando no se vuelva una conducta intensa y recurrente. De no ser así, incluso podríamos llegar a dejar de cumplir con nuestras obligaciones por permanecer en nuestro hogar de manera irracional, como si de un exilio voluntario se tratara.

En este artículo vamos a ver cómo podría producirse esta situación y algunas maneras de prevenirla y superarla en caso de que ya nos encontremos presentando esta conducta de aislamiento social voluntario.

¿Por qué no tengo ganas de salir de casa?

El no querer salir de casa puede responder a diversos factores, todos ellos de carácter muy personal. Cada persona podría tener sus razones según la percepción que tenga de su situación actual, y estos motivos pueden ser reales o ficticios.

Por ejemplo, si sentimos que en el colegio o en la facultad somos motivo de burlas constantes y que todos en todo momento se encuentran murmurando sobre nosotros, esta percepción de las cosas podría ser un motivo para no querer ir al lugar de estudios, o para no querer salir de casa, en general.

De hecho, una de las causas principales que ocasiona la conducta de aislamiento social en las personas es la percepción que ellos mismos tienen acerca de su vida cotidiana.

Al comienzo podría no parecer algo demasiado importante el hecho de pasar de salir de casa para evitar situaciones molestas, pero si no tenemos la capacidad de afrontar dichas situaciones de nuestra vida, la conducta de evitación y aislamiento social podría intensificarse.

Hasta existe el riesgo de que llegase a ser un problema significativo en la vida de la persona, afectado diversas áreas de su vida cotidiana, como por ejemplo aspectos personales, laborales, académicos, y sociales.

¿Cuáles son las causas más comunes?

En las próximas líneas vamos a ver algunas de las razones más comunes por las que una persona podría no tener ganas de salir de casa.

1. Estados depresivos

Los estados depresivos en una persona, motivados por alguna experiencia negativa que se haya tenido, real o imaginaria, pueden generar que se evite salir de casa por el temor de volver a encontrarse en situaciones incómodas.

En la depresión mayor, de hecho, el problema es de mayor calado: la persona no tiene ganas de nada.

2. Estados ansiosos

La ansiedad por lo general acompaña al estado depresivo, pero también podría presentarse sola, cuando la persona tiene la idea de que las cosas que debe hacer fuera de casa le saldrán mal.

Se trata de un patrón de pensamiento acelerado y catastrófico donde el sujeto da por hecho que algo desagradable le ocurrirá si sale de su hogar, y por lo tanto evita hacerlo.

3. Procesos de duelo

La pérdida de un ser querido, o de algún objeto significativo para nosotros, puede ser detonante de la conducta de aislamiento en casa, todo ello motivado por la tristeza.

El sujeto que está pasando por un proceso de duelo se aísla de la realidad, porque le parece adversa y le gustaría poder cambiarla de alguna manera. En vista de que no puede hacerlo, decide alejarse, por lo general quedándose en casa durante períodos prolongados de tiempo.

4. Pensamiento radical

Las personas con pensamiento radical son poco tolerantes a la frustración de que las cosas no sean como a ellos les parece; y si algo sale de la manera contraria a como les gustaría, tienen a tener conductas desproporcionadas, entre ellas el pasar días enteros en casa.

5. Estilo de vida poco sano y extenuante

Las jornadas laborales demasiado duras o el mantenimiento de un estilo de vida en el que hay pocas horas de sueño y una mala dieta también propicia que las personas crean "no tengo ganas de salir de casa" cuando lo que realmente ocurre es que no les apetece porque no pueden gastar más energía en moverse.

¿Qué hacer para superarlo?

La conducta de aislamiento en casa puede prevenirse en gran medida si somos capaces de ver las cosas como realmente están ocurriendo y no de manera irracional. Veamos cómo podemos conseguirlo.

1. Revisa cuánto hace que presentas la conducta

El darnos cuenta de desde hace cuánto no queremos salir de casa nos hace entrar en consciencia de lo que falla. Partiendo desde allí podremos comenzar a trabajar en solucionar el problema, previniendo que se prolongue durante más tiempo.

2. Identifica que puede haber motivado la conducta

Si logramos determinar qué pudo habernos ocurrido como para que no queramos salir de nuestra casa, será mucho más fácil comenzar a trabajar en solucionar el conflicto.

Una vez lo tengas precisado, debes evaluar la causa de una manera objetiva sin dejar que tus emociones generen sesgos.

La realidad es como es, no como te gustaría que fuese. Si realmente tienes un estilo de vida agotador, por ejemplo, desear que tuvieras fuerzas para llegar a todo no cambiará el hecho de que necesitas descansar.

3. Piensa en cómo te afecta el no salir de casa

Este ejercicio resulta útil para entender que la conducta de aislamiento no nos beneficia en nada; por el contrario evita que afrontemos la situación real y nos mantiene exactamente en el lugar donde no queremos estar. Debemos internalizar esta realidad y buscar las mejores formas de afrontar el problema.

4. Asistir a terapia

La terapia resulta de gran ayuda para las personas que buscan abandonar el encierro en casa. El psicoterapeuta podrá ayudarle a evaluar las situaciones que le llevaron a ese punto y juntos será más sencillo encontrar formas de afrontamiento adaptativas para superar el conflicto.

Referencias bibliográficas:

  • Iliardi, S. (2009). "Social Isolation: A Modern Plague". Psychology Today.
  • Svensson, C. (2005). Social Isolation: The need to turn to one another. Meeting the Challenges Quarterly.