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Quizás por la influencia del counseling, quizás por la influencia de la psicología humanista, hay muchas personas que creen que los psicólogos se caracterizan, básicamente, por ser una especie de místicos. 

No el tipo de místicos tan enajenados que es imposible sentirse identificados con ellos, sino esa clase de gurús espirituales que actúan como un espejo inspirador para otros. Personas que, al haber alcanzado un grado muy alto de comprensión acerca de la mente humana, son capaces de adaptar sus ideas para hacer sitio a cualquier modo de pensar ajeno y conectar con él.

Dicho de otro modo, se ha llegado a asumir que el psicólogo es quien transforma su propia filosofía de vida en un principio muy simple: empatizar siempre con los demás, sin dar más importancia a las propias ideas que a las del otro.

Esta idea, por supuesto, se basa en una exageración acerca del grado de habilidades que los psicólogos llegan a adquirir a lo largo de su carrera; a fin de cuentas, son personas de carne y hueso. Sin embargo, mi opinión es que esta idea no solo es desacertada, sino que también es dañina y es aprovechada, simplemente, para tratar de silenciar ciertas ideas y opiniones.

La corrección política en los psicólogos

Es muy frecuente escuchar frases como "parece mentira que seas psicólogo/a ". Lo alarmante de esto no es que sea común enfadarse o reprocharle algo a una persona dedicada a esta profesión, sino que, en la mayoría de los casos, esta clase de quejas no se da cuando un psicólogo expresa ignorancia acerca de un tema que debería dominar, sino cuando se comporta de un modo que no gusta y que se considera como un ataque a la opinión de los demás.

Por ejemplo, si un psicólogo o psicóloga tiene las ideas muy claras acerca de un tema controvertido y expresa su opinión de forma asertiva, es posible que se critique la falta de tacto al dar un punto de vista poco ambiguo y muy comprometido con una forma de ver las cosas.

Esto no ocurre con casi ninguna otra profesión: los médicos, los ingenieros o los carpinteros pueden tener una filosofía de vida muy asentada y hablar sobre sus ideas sin mayores preocupaciones, pero el psicólogo parece estar en la obligación de tener que hablar por todo el mundo, manteniendo un perfil muy bajo y discreto. La corrección política se asume como algo que debe emanar de forma natural de su profesión, y se ha llegado hasta el punto en el que se debe asumir, por ejemplo, que todas las corrientes de la psicología son igualmente válidas porque recogen diferentes modos de pensar.

Comercializar con la empatía

Pero los psicólogos no se dedican a alquilar su manera de pensar para acoger constantemente los puntos de vista de los demás con el objetivo de que se pueda crear empatía.

En primer lugar, un psicólogo se define por lo que hace en su faceta profesional, no en su vida personal. Que un psicólogo no deba confrontar las ideas de un paciente, por ejemplo, no significa que no pueda expresar opiniones diametralmente opuestas a alguien en cualquier otra situación.

Esto, que parece evidente, a menudo se pasa por alto por la influencia de dos elementos: el relativismo y el constructivismo llevados al extremo.

La creencia del "todo vale"

Desde el relativismo radical, especialmente en su vertiente de relativismo cultural, se da por supuesto que no existen actitudes y pensamientos más válidos que otros. Eso significa que los psicólogos no deben esforzarse por encontrar regularidades en la manera de pensar y de actuar de las personas, ya que cada individuo es un mundo; en cambio, debe desarrollar una sensibilidad especial para "conectar" con la mente de la otra persona en un momento y un lugar determinados, para ayudar a que esta se acerque más a cierta meta.

En esta visión de la psicología no se considera que existan ciertas teorías sobre el comportamiento que sean más válidas que otras por haber sido contrastadas empíricamente, y por consiguiente los psicólogos no tienen el valor añadido de conocer mejor los procesos mentales de las personas en general.

Así, lo único por lo que son valiosos es por su "sensibilidad", la facilidad con la que conectan con sistemas de significados creados desde cero por otras personas (ahí es donde entra el constructivismo). Y esta sensibilidad, si no se expresa en todas las facetas de la vida del psicólogo, no puede ser auténtica.

La psicología sí es conocimiento

La idea de que la psicología es básicamente la puesta en práctica de una sensibilidad casi artística es totalmente contraria a la noción de psicología como ciencia. 

Lo que define a los psicólogos no es su facilidad a la hora de establecer conexiones terapéuticas con otras personas; esto es solo una de las características de cierta clase de psicólogos: los que intervienen sobre personas y grupos de personas concretas. Además, incluso durante la terapia el psicólogo no tiene por qué asumir como ciertos todos los contenidos del discurso del paciente, y tiene buenos motivos para creer, por ejemplo, que una experiencia mística en la que se apareció un santo no ha sido real.

Lo que tienen en común todos los psicólogos es que, para hacer su trabajo, utilizan conocimiento generado de forma científica y que, por consiguiente, permite reducir la incertidumbre acerca de un tema. Los psicólogos tratan de predecir en mayor o menor medida el comportamiento de las personas teniendo en cuenta una serie de variables, y si lo hacen es porque disponen de información que es más válida que otros tipos de información.

Así, los psicólogos no tienen por qué aceptar, por ejemplo, el integrismo religioso o el racismo simplemente porque son "modos de pensar" que reflejan una realidad mental tan válida como cualquier otra. Quejarse porque alguien que con formación en psicología no acepta la "verdad de uno mismo" carece de sentido justamente por eso.