El gerontólogo Robert Atchley propuso un modelo sobre la jubilación que consta de seis fases: prejubilación, jubilación, desencanto, reorientación, estabilidad y finalización. En este artículo describiremos en qué consiste cada una de estas etapas.

Aunque no todo el mundo sigue exactamente el mismo recorrido durante este periodo de la vida, el modelo de Atchley constituye una útil aproximación al proceso por el que pasa la mayoría de la gente cuando llega a una edad avanzada y consigue jubilarse.

El afrontamiento de la jubilación

En las sociedades actuales la edad adulta se focaliza principalmente en la actividad laboral, de modo que ésta llega a ocupar la mayor parte del tiempo durante las décadas más productivas de la vida.

Por tanto, no es sorprendente que cuando llega el momento de la jubilación muchas personas necesiten pasar por un proceso complejo de adaptación a sus nuevas circunstancias. Aclimatarse adecuadamente a la finalización de la vida laboral requiere una disposición activa ante los cambios y el manejo del tiempo libre.

De este modo, la jubilación supone un evento vital clave, al menos en el contexto actual. El estado general de salud, tanto física como psicológica, y el estatus financiero de cada persona influyen de forma muy relevante en las experiencias concretas que se produzcan al llegar la jubilación.

Aunque hay quien no encuentra dificultades durante este periodo de la vida y consigue disfrutar del tiempo de ocio largamente pospuesto, otras personas optan por seguir comportándose tal y como lo hacían antes o bien se enfrentan a un conjunto de etapas que deben superar para lograr adaptarse.

Fases de la jubilación

En el modelo que creó en 1975, Robert Atchley describió la jubilación como un proceso compuesto por una serie de fases. No obstante se trata de una propuesta aproximativa, ya que no todo el mundo pasa por todas las etapas ni en el mismo orden.

1. Prejubilación o pre-retiro

Durante los últimos meses o años antes de la jubilación la persona se prepara para este evento, tanto a nivel psicológico como práctico; por ejemplo, es habitual que se lleve a cabo la planificación económica de los años venideros.

En esta fase se generan expectativas en torno a la experiencia de la jubilación. Estas pueden ser tanto muy negativas como idealizadas; en cualquier caso, más adelante habrá que compararlas con la realidad.

La etapa de prejubilación consta de dos subfases: la preparación activa para la finalización de la actividad laboral y la espera que se produce una vez se han realizado los preparativos. Esta segunda subfase suele caracterizarse por una disminución en las horas de trabajo.

2. Jubilación

Atchley definió tres actitudes o patrones de conducta distintos ante el momento de la jubilación: “luna de miel”, “actividad continuada” y “descanso”. Por supuesto, en una misma persona pueden combinarse más de una de estas posiciones.

Se habla de luna de miel cuando la jubilación se concibe como unas vacaciones indefinidas. En estos casos la persona procura cumplir todas las tareas que había dejado pendientes; entre estas destacan los viajes, muy populares en los años inmediatamente posteriores a la jubilación.

La actitud denominada “actividad continuada” consiste en sustituir la rutina laboral por otra distinta, que generalmente incluye actividades de ocio además de otras cotidianas. Por último, Atchley categoriza como descanso los patrones caracterizados por la reducción en el nivel de actividad; esto es especialmente frecuente en personas que han trabajado mucho.

3. Desencanto y depresión

Después de la fase inicial de la jubilación aparecen con frecuencia sentimientos de tristeza, incertidumbre y decepción, particularmente si las expectativas con respecto a la jubilación eran muy optimistas. Se trata de una fase natural en el proceso de adaptación, si bien no siempre se da (de hecho, la aparición de la depresión es más frecuente en otras etapas vitales anteriores).

4. Reorientación

La fase de reorientación se puede definir como una progresión de la etapa de desencanto; después de que se frustren las expectativas idealizadas sobre la jubilación, la persona reevalúa su situación de un modo más realista.

A partir de este punto empiezan a explorarse actividades productivas o de ocio nuevas o se retoman otras que habían sido abandonadas. También empiezan a establecerse rutinas más satisfactorias.

5. Estabilidad o rutina

En este periodo la persona se adapta de forma definitiva a la jubilación a través de la adopción de un estilo de vida rutinario. Quienes han alcanzado la etapa de estabilidad son conscientes de los patrones de conducta que les resultan más placenteros y que les permiten enfrentarse a los cambios y dificultades que van apareciendo.

6. Finalización

Atchley llamó “finalización” a la última fase de la jubilación. Cuando la persona llega a este periodo el rol vital que ha desarrollado queda anulado por la incapacidad de valerse por ella misma, volviéndose dependiente de otras. Hay personas que simplemente vuelven a trabajar; cuando esto sucede Atchley también habla de finalización de la jubilación.

En muchos casos esto tiene lugar de forma progresiva, con la aparición de problemas de salud cada vez más importantes. Otras veces el cambio se da de un modo más súbito, bien por un accidente que empeora bruscamente el estado físico o mental o por la llegada de la muerte.