Según un estudio publicado en 2025 en Personality and Social Psychology Bulletin, las personas con más apego evitativo hacia sus padres tienen más probabilidades de decidir no tener hijos, sobre todo por motivos de estilo de vida y libertad personal. Es una asociación, no una relación de causa y efecto, y no se aplica a todas las personas con este estilo.
¿Influye el apego evitativo en la decisión de no tener hijos?
Puede influir, pero es solo uno de muchos factores. La investigación muestra una relación entre la evitación hacia los padres y la decisión de no tener hijos, aunque esa decisión depende también de valores, circunstancias económicas, salud, pareja y proyectos de vida.
El apego evitativo es un estilo de apego inseguro en el que la persona tiende a minimizar sus necesidades emocionales y a evitar depender de otros. Se relaciona con experiencias tempranas en las que expresar las emociones no acercaba al cuidador; puedes leer más sobre cómo se forma el apego evitativo en la infancia. No es un diagnóstico, sino una tendencia que cada persona puede tener en mayor o menor grado.
Tener hijos implica una forma de cercanía muy particular: alguien depende de ti por completo durante años. Por eso no sorprende que los investigadores se hayan preguntado si la manera en que nos vinculamos influye en esta decisión. Ahora bien, decidir no tener hijos no es un síntoma ni una consecuencia del apego evitativo. Muchas personas con un apego seguro eligen no tener hijos, y muchas personas con tendencia evitativa los tienen.
¿Qué dice la investigación al respecto?
El estudio más amplio sobre el tema, firmado por Sara Glass y R. Chris Fraley, encontró que la evitación en la relación con los padres era el factor de apego que mejor predecía la decisión de no tener hijos. La relación con la pareja, en cambio, no mostró un efecto significativo.
La investigación se publicó en 2025 en Personality and Social Psychology Bulletin y contó con una muestra internacional de más de 18.000 personas, de las cuales más de 2.000 habían decidido no tener hijos. Los autores se plantearon tres preguntas: qué motivos dan las personas para no tener hijos, si el estilo de apego se relaciona con esa decisión y si influye en los motivos concretos.
Sus principales hallazgos fueron los siguientes:
- La evitación hacia los padres fue el predictor más fuerte. Quienes se sentían más distantes emocionalmente de su madre o de su padre tenían más probabilidades de haber decidido no tener hijos.
- El apego a la pareja no mostró una relación significativa. Lo relevante era el vínculo con los padres, no con la pareja actual.
- La inseguridad con las amistades tuvo un peso menor. También se relacionó con la decisión, pero de forma más débil que el vínculo con los padres.
- Los motivos variaban según el estilo de apego. La evitación se asoció sobre todo con razones de estilo de vida, como la libertad personal.
Es importante leer estos resultados con cautela. Se trata de un estudio correlacional, basado en lo que las personas responden sobre sí mismas, y sus propios autores advierten que no permite saber qué causa qué. La relación podría funcionar en ambos sentidos: por ejemplo, decidir no tener hijos podría generar distancia con unos padres que esperaban nietos. También podrían existir otros factores, no medidos en el estudio, que expliquen tanto el estilo de apego como la decisión.
¿Qué papel tienen el miedo a depender o a cuidar?
Es una de las explicaciones posibles, aunque no la única. Las personas con tendencia evitativa suelen valorar mucho su autonomía, y la crianza exige una entrega emocional constante y años de dependencia mutua.
En el estudio de Glass y Fraley, quienes tenían más evitación tendían a justificar su decisión con motivos de estilo de vida: conservar su libertad, sus proyectos y su forma de organizar el tiempo. Esto encaja con lo que se sabe del apego evitativo, que se caracteriza por proteger la independencia y sentir incomodidad cuando otros dependen de uno.
Otras investigaciones han estudiado cómo viven la crianza quienes sí tienen hijos. Un estudio de W. Steven Rholes, Jeffry Simpson y Mike Friedman, publicado en 2006, relacionó la evitación con una experiencia de la crianza más estresante y menos satisfactoria. Esto no significa que estas personas sean peores padres, sino que la cercanía y las demandas emocionales de la crianza pueden resultarles más costosas.
Algunas personas que crecieron con cuidadores distantes también expresan miedo a repetir con sus hijos lo que vivieron. Es una inquietud comprensible, pero el estudio no la midió, así que no puede afirmarse que sea una razón frecuente. Y conviene recordar que la historia personal influye, pero no determina cómo será cada uno como padre o madre.
¿Ocurre lo mismo con otros estilos de apego?
No. El estudio encontró que las personas con más apego ansioso hacia sus padres tenían ligeramente menos probabilidades de decidir no tener hijos.
El apego ansioso se caracteriza por una gran necesidad de cercanía y por el miedo al rechazo o al abandono. Los investigadores no analizaron por qué estas personas tendían a querer tener hijos, aunque una hipótesis es que la crianza puede vivirse como una oportunidad de conexión. Cuando las personas con apego ansioso sí decidían no tener hijos, sus motivos tendían a ser distintos de los del apego evitativo: se relacionaban más con preocupaciones sobre la salud y la seguridad que con el estilo de vida.
El estudio no ofreció conclusiones específicas sobre el apego seguro ni sobre el desorganizado. Lo que sí sugieren los resultados es que detrás de una misma decisión, no tener hijos, pueden existir motivos muy diferentes según la forma de vincularse de cada persona.
¿Qué implica esto a nivel personal (sin juicios)?
Implica que conocer tu forma de vincularte puede ayudarte a entender mejor tus motivos, no que tu decisión sea correcta o incorrecta. Tener hijos y no tenerlos son opciones igual de válidas.
Estos resultados no deberían usarse para cuestionar a quienes eligen no tener hijos ni para presionar a nadie. Pueden servir, en cambio, como una invitación a la reflexión: ¿mi decisión nace de lo que quiero para mi vida o, en parte, de un miedo que me gustaría revisar? Para muchas personas la respuesta será clara y no habrá nada que revisar. Para otras, la pregunta puede abrir algo importante.
También vale la pena saber que el apego no es fijo. Otro estudio de Rholes y su equipo, publicado en 2021, siguió a parejas durante la llegada de su primer hijo y encontró que el apoyo entre los miembros de la pareja se relacionaba con una disminución de la evitación. Los estilos de apego pueden evolucionar con nuevas experiencias y relaciones.


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