Cualquier afección que ponga en riesgo la salud de los pulmones es de suma gravedad. En este órgano se lleva a cabo una esencial actividad para el correcto funcionamiento del cuerpo, y no es otro que el intercambio de gases.

En otras palabras, es donde se recoge el oxígeno (O2), elemento necesario para las células obtengan energía para sus funciones; y se libera el dióxido de carbono (CO2), elemento residual de este proceso de obtención de la energía y que es tóxico para las células, por lo que es necesario expulsarlo del cuerpo. Así que cualquier anomalía que afecte a este intercambio es perjudicial para la salud de la persona.

Neumonía: la inflamación de pulmón

Existen bastantes enfermedades que afectan a los pulmones, siendo una de las más comunes las neumonías. Es tal su importancia, que esta afección se encuentra entre las causas de muerte más frecuente en el mundo.

Se utilizan varios criterios para diferenciar distintos tipos de neumonías, pero todas comparten de que se tratan de inflamaciones debida a una respuesta inmune frente a un agente infeccioso en los alvéolos (zona del intercambio de gases) y los tejidos circundantes.

Los síntomas habituales de una neumonía son tos con formación de esputo, dificultades respiratorias, dolores de tórax, fiebre y escalofríos. El nivel de gravedad depende del agente infeccioso.

El uso de criterios para identificar neumonías es un método necesario para saber cual de ellas está sufriendo el paciente y así seguir el tratamiento adecuado para su mejora. Las neumonías son un conjunto de enfermedades, cada una provocada por un microorganismo diferente. Existen muchas forma para separar los diferentes tipos de neumonías, aquí expondremos varios de estos criterios, pero no son los únicos que hay para esta tarea.

Tipos de neumonía según el agente causal

La clasificación clásica separa las neumonías por el patógeno que lo provoca, pero a nivel clínico no es muy útil, porque al inicio de un tratamiento aún no se ha analizado muestras para conocer el agente infeccioso que tiene el paciente. Sin embargo, para un estudio generalizado de la enfermedad es idóneo.

1. Bacteria gram positivas

Existe un criterio para separar bacterias que es el uso de la tinción de gram, que según como se tiñe la célula se diferencia las bacterias gram positivas y las gram negativas. En el caso de las positivas en esta tinción, hay dos casos bastante conocidos.

La neumonía neumocócica es un tipo de neumonía provocada por la bacteria Streptococcus pneumoniae, comúnmente conocidos como neumococos. Es el caso más frecuente, ya que existe casi 80 tipos distintos de neumococos, y cada uno necesita su propio anticuerpo, es decir, ser infectado por uno de estos no te inmuniza del resto. Normalmente se genera tras una infección vírica que debilite al tracto respiratorio, facilitando su entrada en los pulmones.

El otro caso es la neumonía estafilocócica, infección provocada por la bacteria Staphylococcus aureus. Rs rara en casos fuera de los hospitales, sin embargo dentro de ellos es más común infectarse, ya que suele afectar a niños y gente mayor, o personas con patologías previas. Es muy típico la aparición de pus con esta bacteria.

2. Bacteria gram negativas

Visto el primer grupo, ahora toca las gram negativas. A diferencias de las primeras, estas suelen ser mucho más agresivas y, por tanto, son un tipo de neumonías más graves. Algunas bacterias ejemplo son Klebsiella, Legionella o Pseudomonas y son infecciones más propias de adquirir en hospitales. Tienen gran capacidad de dañar el tejido relativamente rápido, por ello se tratan de afecciones muy graves, con posibilidad de ser letales.

Por ejemplo la bacteria Hemophylus influenzae, sobre todo su cepa de tipo B, causa graves infecciones en meninges o los pulmones en niños menores de seis años, pero gracias a su vacuna no causa grande problemas hoy en día.

3. Neumonías atípicas

En este grupo se reúnen los tipos de neumonías provocada por bacterias que no se incluyen en los anteriores, además de que generan una neumonía mucho más leve que las ya mencionadas antes, que sería la típica. Principalmente aquí se encuentra los microorganismo del género Mycoplasma y Chlamydia. Un buen ejemplo de estas es la neumonía originada por Mycoplasma pneumoniae, que es la causa más frecuente entre personas de 5 a 35 años de edad.

4. Neumonías víricas

Las inflamaciones en los pulmones pueden también ser causadas por la entrada de virus, como el de la gripe o del herpes. El problema principal de esto es que no se tratan con fármacos, y sólo se usan antivirales en casos de gravedad.

5. Neumonías fúngicas

Este tipo de neumonías son normalmente muy leves e incluso el infectado no se da cuenta de que la tiene. Provocadas por la infección de hongos en el tracto respiratorio, principalmente por estos tres: Histoplasma capsulatum, Coccidioides immitis y Blastomyces dermatitidis.

Neumonías según el área fúngica

No todas las infecciones afecta en el misma área del sistema respiratorio ni de la misma forma. Por ello también existe otro criterio para separar neumonía.

De esta forma podemos distinguir con las neumonía lobar, que afecta a todo un lóbulo de los dos que tienen los pulmones; las bronconeumonías, que afecta tanto a los propios pulmones así como las vías de transporte del aire (los bronquios); neumonías necrotizantes, que las áreas afectadas del sistema respiratorio se originan necrosis o muerte del tejido; o neumonía intersticial, inflamación que afecta al tejido conectivo de los alvéolos.

El criterio de la formación de necrosis es muy útil para identificar a su causante, ya que normalmente se tratan de microorganismo anaerobios, es decir, no pueden vivir en un ambiente con oxígeno.

En función del ámbito de adquisición

Esta es una clasificación más resolutiva para una rápida identificación clínica y hace referencia si la neumonía ha sido obtenida fuera o dentro de un hospital. No son los mismos microorganismos en estos dos ambientes, lo que permite descartar agente infeccioso con solo saber dónde se infectó el paciente.

El primer tipo de neumonía se denomina nosocomial o intrahospitalaria, y son aquellas que se manifiestan al estar ingresado en un hospital más de 48 horas y no estuviera en incubación previa a su entrada en el centro. Aquí los agentes infecciosos son más resistentes, ya que un hospital tiene un nivel de higiene superior a mucho otras localizaciones o las personas se encuentra debilitadas y por ello están ingresada en un hospital.

Para el resto se agrupan en neumonías adquiridas de la comunidad o extrahospitalaria, y como indica su nombre, es cuando la infección no ha sido originada dentro de un centro sanitario.

En función del huésped

Ya como último criterio que mencionaremos para diferenciar neumonías es según la inmunidad del paciente. Como es lógico, no es lo mismo que una persona tenga su sistema inmune operativo al que no, y esto sirve para identificar al agente infeccioso que la causa. Con este criterio se diferencia las neumonías inmunocompetentes y las inmunodeprimidas.

Pensar que el sistema defensivo detienen muchos de estos agentes patógenos antes de que puedan actuar, por lo que su ausencia parcial o total es un factor de riesgo. Las infecciones oportunista se aprovechan de esta ausencia de defensa, ya que se tratan de microorganismo que en condiciones normales no provocan afecciones.

El caso del Coronavirus

Para terminar podemos exponer un caso que puede provocar neumonía que nos afecta a todos por su alcance mundial. No hablo de otro que del SARS-CoV-2, causante del COVID-19. Comúnmente llamado coronavirus, se trata de un virus de la familia Coronaviridae, que infecta a sus huéspedes en su tracto respiratorio.

El ciclo general de un virus dentro de su huésped es el de infectar células, donde inyecta su contenido genético y toma control de los mecanismos de esta para la duplicación y replicación de ese material. Además, también la utiliza para la fabricación de otros componentes proteicos que forma el virus (como la cápsula, donde se almacena el contenido genético). En otras palabras, el virus domina otras células para fabricar copias de él y así crecer en número. Una vez alcanzado un límite de unidades, activa la destrucción de la célula para la liberación de los virus.

En el caso del coronavirus, el patógeno invade células del tracto respiratorio, principalmente de los alvéolos, por lo que la infección y destrucción de células en este tejido afecta a nuestra respiración. Por ello, sus principales síntomas son fiebre (infección), tos y sensación de falta de aire (afecta al área de intercambio de gases). En casos más graves, se genera neumonía y síndrome respiratorio agudo, una insuficiencia pulmonar debido a la acumulación de sangre (edema) en el órgano.

El problema general de los virus, es que no se usa medicamento para su tratamiento, ya que los antivirales son de uso restringido. Normalmente se busca minimizar los síntomas y hacer uso de aparatos que faciliten las funciones (ejemplo, respiradores). Y la vacuna es un elemento preventivo para no contagiarse de la enfermedad. Por eso en este caso, lo que se busca como solución más rápida es un tratamiento eficaz que ayude a minimizar los daños del virus y lo más importante, tomar medidas de prevención para detener la expansión.

Referencias bibliográficas:

  • Dr. Percy Miranda Paz. “Neumonía”. 2004. https://www.saludarequipa.gob.pe/epidemiologia/ASIS/docs/Doc/Sala%20situacional%20Neumonias.pdf

  • Carlos José Álvarez Martínez. “Neumonía: Concepto, clasificación y diagnóstico”. https://www.neumomadrid.org/wp-content/uploads/monogix_1._neumonias-concepto.pdf

  • Consejo General de Colegios Farmacéuticos.”Coronavirus COVID-19”. 2020. https://www.portalfarma.com/Profesionales/campanaspf/Asesoramiento-salud-publica/infeccion-coronavirus-2019-nCoV/Documents/Informe-tecnico-Coronavirus.pdf