Los 7 tipos de trastornos motores (causas y síntomas)

Cuando el cuerpo deja de obedecer: claves para entender las alteraciones del movimiento.

Trastornos motores

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Los trastornos motores son alteraciones del sistema nervioso que afectan a la forma en la que una persona se mueve. Pueden aparecer como lentitud, rigidez, temblores, sacudidas, movimientos involuntarios, pérdida de coordinación o dificultades para iniciar acciones tan cotidianas como caminar, escribir, hablar o sujetar un objeto.

Aunque a veces se habla de ellos como si fueran un solo problema, en realidad forman un grupo muy amplio de condiciones. Algunas reducen el movimiento; otras lo aumentan de manera involuntaria. Algunas son progresivas, otras aparecen por lesiones, infecciones, alteraciones genéticas, consumo de sustancias o efectos secundarios de ciertos medicamentos.

Entender los distintos tipos de trastornos motores ayuda a no caer en simplificaciones. No todo temblor es ansiedad, no todo tic es una “manía” y no toda torpeza motora es falta de atención. En muchos casos están implicadas estructuras como el cerebelo, la médula espinal, los nervios periféricos o los circuitos cerebrales relacionados con la dopamina.

Veamos cuáles son los principales tipos de trastornos motores, sus causas más habituales y los síntomas que suelen acompañarlos.

¿Qué son los trastornos motores?

Los trastornos motores son problemas neurológicos que alteran la planificación, coordinación, ejecución o control del movimiento. Pueden afectar a la fuerza, al tono muscular, a la postura, al equilibrio, a la velocidad de los movimientos o a la aparición de movimientos involuntarios.

En algunos casos el problema está en que la persona se mueve menos de lo esperado. Por ejemplo, camina más despacio, tiene rigidez o le cuesta iniciar un gesto. En otros, el problema está en que aparecen movimientos que la persona no desea realizar: temblores, tics, sacudidas, torsiones musculares o gestos repetitivos.

Los tipos de trastornos motores, y sus características

También conviene recordar que el movimiento no depende solo de los músculos. Para movernos bien necesitamos que el cerebro, la médula espinal, los nervios, los músculos y los sistemas sensoriales trabajen de manera coordinada. Cuando una parte de esa red falla, el movimiento puede alterarse.

1. Trastornos hipocinéticos

Los trastornos hipocinéticos son aquellos en los que el movimiento se reduce, se vuelve más lento o cuesta más iniciarlo. El ejemplo más conocido es la enfermedad de Parkinson, aunque existen otros cuadros que también pueden producir síntomas parecidos.

En estos trastornos suele haber una alteración de los circuitos cerebrales que regulan el movimiento voluntario, especialmente los relacionados con la dopamina. Esto puede hacer que una persona quiera moverse, pero su cuerpo responda con lentitud, rigidez o falta de fluidez.

Los síntomas más frecuentes son la bradicinesia, es decir, lentitud de movimientos; la rigidez muscular; el temblor en reposo; la reducción de la expresividad facial; la postura encorvada; la marcha con pasos cortos; y la dificultad para realizar movimientos automáticos, como balancear los brazos al caminar.

Las causas pueden ser neurodegenerativas, vasculares, farmacológicas o secundarias a lesiones cerebrales. Algunos medicamentos, especialmente ciertos antipsicóticos, pueden generar síntomas parkinsonianos. Por eso, cuando aparece lentitud motora de forma clara y persistente, no debería atribuirse automáticamente a la edad o al cansancio.

2. Temblores

El temblor es un movimiento involuntario, rítmico y oscilatorio de una parte del cuerpo. Puede afectar a las manos, la cabeza, la voz, las piernas o incluso el tronco. Es uno de los síntomas motores más visibles, y también uno de los que más preocupación suele generar.

No todos los temblores son iguales. Hay temblores que aparecen en reposo, otros al mantener una postura y otros al realizar una acción concreta. Esta diferencia es importante porque orienta sobre la posible causa.

El temblor esencial, por ejemplo, suele aparecer durante la acción o al mantener una postura. Puede notarse al escribir, beber de un vaso, usar cubiertos o sostener un objeto. En cambio, el temblor asociado al Parkinson suele aparecer más claramente en reposo, aunque cada caso debe valorarse de manera individual.

Entre los síntomas más habituales encontramos sacudidas rítmicas en manos o cabeza, dificultad para hacer movimientos finos, empeoramiento con el estrés, aumento del temblor con la fatiga y problemas para escribir o manipular objetos pequeños.

Las causas pueden ser genéticas, neurológicas, metabólicas, farmacológicas o relacionadas con sustancias como cafeína, alcohol, estimulantes o determinados medicamentos. También puede aparecer temblor en situaciones de ansiedad, hipertiroidismo, abstinencia o lesiones del cerebelo.

3. Distonías

La distonía es un trastorno motor caracterizado por contracciones musculares involuntarias que provocan posturas anómalas, torsiones o movimientos repetitivos. Puede afectar a una zona concreta del cuerpo o aparecer de forma más generalizada.

Una persona con distonía cervical, por ejemplo, puede notar que el cuello se gira o inclina de manera involuntaria. En otros casos puede haber cierre involuntario de los párpados, espasmos en la mano al escribir o tensión sostenida en una parte del cuerpo.

Los síntomas suelen incluir contracciones musculares persistentes, posturas forzadas, movimientos repetitivos, dolor muscular, fatiga y empeoramiento con determinadas tareas. Algunas personas notan que ciertos gestos, como tocar suavemente la zona afectada, alivian temporalmente la contracción.

Las causas pueden ser genéticas, adquiridas o secundarias a otras enfermedades neurológicas. También pueden aparecer por lesiones cerebrales, determinados medicamentos o alteraciones del desarrollo. En algunos casos, la distonía afecta solo a una tarea específica, como escribir o tocar un instrumento musical.

Lo importante es no confundirla con una simple contractura. Una contractura muscular común suele tener una causa mecánica o postural. La distonía, en cambio, implica un problema en el control neurológico del movimiento.

4. Corea y movimientos coreicos

La corea se caracteriza por movimientos involuntarios, breves, irregulares y aparentemente impredecibles. A diferencia del temblor, no tiene un ritmo regular. Puede afectar a la cara, las manos, los brazos, las piernas o el tronco.

Estos movimientos pueden parecer gestos torpes, inquietud excesiva o movimientos “sin sentido”. A veces se integran de forma involuntaria en la conducta de la persona, como si intentara disimularlos dentro de un gesto más amplio.

Uno de los cuadros más conocidos asociados a movimientos coreicos es la corea de Huntington, una enfermedad hereditaria que combina síntomas motores, cognitivos y emocionales. Sin embargo, la corea también puede aparecer por otras causas.

Los síntomas más frecuentes son movimientos bruscos e irregulares, dificultad para mantener una postura estable, torpeza al caminar, gestos faciales involuntarios, problemas para hablar o tragar y alteraciones de la coordinación.

Las causas pueden ser genéticas, autoinmunes, metabólicas, infecciosas, vasculares o farmacológicas. También puede aparecer en algunos trastornos endocrinos o como efecto secundario de ciertos tratamientos. Por eso es importante estudiar el contexto: edad de inicio, antecedentes familiares, medicación, evolución y síntomas asociados.

5. Mioclonías

Las mioclonías son sacudidas musculares rápidas, breves e involuntarias. Pueden afectar a un músculo concreto o a varios grupos musculares. A veces son tan leves que apenas se notan; otras pueden interferir mucho en la vida diaria.

Un ejemplo cotidiano de mioclonía benigna es la sacudida que algunas personas sienten justo antes de quedarse dormidas. Sin embargo, cuando las mioclonías son frecuentes, intensas o aparecen junto a otros síntomas, pueden indicar un problema neurológico o metabólico.

Los síntomas más típicos son sacudidas repentinas, movimientos bruscos de brazos o piernas, sobresaltos musculares, dificultad para sostener objetos y caídas si las sacudidas afectan al equilibrio o a la postura.

Las causas son muy variadas. Pueden aparecer en epilepsias, enfermedades neurodegenerativas, alteraciones metabólicas, intoxicaciones, insuficiencia renal o hepática, lesiones cerebrales o efectos secundarios de medicamentos.

La clave está en distinguir las mioclonías aisladas y benignas de aquellas que forman parte de un cuadro más amplio. Una sacudida ocasional al dormir no tiene el mismo significado que sacudidas repetidas, progresivas o acompañadas de pérdida de conciencia, confusión o deterioro neurológico.

6. Tics y trastornos relacionados

Los tics son movimientos o sonidos repentinos, rápidos, repetitivos y no rítmicos. Pueden ser motores, como parpadear, encoger los hombros, mover la cabeza o hacer gestos faciales; o vocales, como carraspear, emitir sonidos, repetir palabras o hacer ruidos breves.

Uno de los trastornos más conocidos dentro de este grupo es el síndrome de Tourette, que suele comenzar en la infancia y combina tics motores y vocales durante un periodo prolongado.

Una característica importante de los tics es que muchas personas sienten una especie de tensión previa, como una necesidad corporal de hacer el movimiento. Después del tic puede aparecer una sensación momentánea de alivio. Esto no significa que la persona lo haga “porque quiere”, sino que existe cierto grado de impulso difícil de controlar.

Los síntomas más frecuentes son parpadeos repetidos, movimientos de cuello o hombros, gestos faciales, sonidos involuntarios, carraspeo, repetición de movimientos y empeoramiento en situaciones de estrés, fatiga o excitación.

Las causas exactas no siempre son claras, pero se relacionan con factores neurobiológicos, genéticos y ambientales. También pueden coexistir con ansiedad, síntomas obsesivo-compulsivos o dificultades de atención. La reacción del entorno es importante: ridiculizar, castigar o llamar constantemente la atención sobre los tics suele empeorar el problema.

7. Ataxias y trastornos de la coordinación

La ataxia no siempre se considera un trastorno motor en el mismo sentido que un temblor o una distonía, pero afecta de lleno al movimiento. Consiste en una alteración de la coordinación, la precisión y el equilibrio. La persona puede tener fuerza suficiente, pero sus movimientos salen torpes, desajustados o poco precisos.

La ataxia suele relacionarse con alteraciones del cerebelo, una estructura clave para coordinar los movimientos, ajustar la postura y mantener el equilibrio. También puede deberse a problemas en la médula espinal, los nervios periféricos o las vías sensoriales.

Los síntomas más habituales son marcha inestable, caídas frecuentes, dificultad para coordinar manos y piernas, torpeza al coger objetos, habla entrecortada, movimientos oculares anómalos y problemas para calcular la distancia o la fuerza de un movimiento.

Las causas pueden ser genéticas, vasculares, tumorales, infecciosas, autoinmunes, tóxicas o degenerativas. También puede aparecer por consumo de alcohol, déficit de vitaminas, lesiones cerebrales o enfermedades hereditarias como algunas ataxias espinocerebelosas.

En la práctica, la ataxia se nota mucho en actividades que exigen precisión: escribir, abrocharse botones, caminar en línea recta, subir escaleras o llevarse un vaso a la boca sin derramarlo.

Causas generales de los trastornos motores

Aunque cada tipo tiene sus propias particularidades, muchos trastornos motores comparten grandes grupos de causas. Entre las más importantes encontramos las enfermedades neurodegenerativas, las alteraciones genéticas, los accidentes cerebrovasculares, los traumatismos craneoencefálicos, los tumores, las infecciones del sistema nervioso, los trastornos metabólicos, las intoxicaciones y los efectos secundarios de ciertos medicamentos.

También hay casos en los que el componente emocional influye en la intensidad de los síntomas. El estrés, la ansiedad o la falta de sueño pueden empeorar temblores, tics o distonías, aunque eso no significa que el trastorno sea “psicológico” sin más. Esta distinción es importante: que un síntoma empeore con el estrés no quiere decir que sea imaginario.

Cuándo conviene buscar ayuda profesional

Conviene consultar con un profesional sanitario cuando los síntomas motores aparecen de forma repentina, empeoran con el tiempo, interfieren en la vida diaria o se acompañan de otros signos neurológicos como debilidad, pérdida de sensibilidad, alteraciones del habla, confusión, caídas, dificultad para tragar o cambios cognitivos.

También merece atención cualquier temblor, tic, sacudida o problema de coordinación que limite actividades básicas, genere dolor, afecte al trabajo o provoque aislamiento social. Esperar demasiado puede retrasar el diagnóstico y dificultar el tratamiento.

El abordaje dependerá de la causa. Puede incluir medicación, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, cambios en hábitos, apoyo psicológico, revisión de fármacos o, en casos concretos, tratamientos neurológicos más especializados.

Conclusión

Los trastornos motores no son simples rarezas del movimiento. Son señales de que algo en el sistema que coordina el cuerpo no está funcionando como debería. A veces el problema está en la lentitud; otras, en el exceso de movimiento; otras, en la falta de precisión.

La diferencia entre un temblor, una distonía, una corea, una mioclonía, un tic o una ataxia no es un detalle académico: cambia la forma de entender el problema, las posibles causas y el tipo de ayuda que puede necesitar la persona.

Por eso es tan importante mirar el movimiento con atención. El cuerpo no siempre explica lo que le ocurre con palabras, pero muchas veces lo muestra en la manera de caminar, escribir, parpadear, sostener un vaso o mantener el equilibrio.

  • Macerollo, A., & Deuschl, G. (2016). What is new in tics, dystonia and chorea? Postgraduate Medical Journal, 93(1097), 67–73. https://doi.org/10.1136/postgradmedj-2016-134363
  • Mayo Clinic. (2024, May 30). Movement disorders: Symptoms and causes. https://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/movement-disorders/symptoms-causes/syc-20363893
  • National Institute of Neurological Disorders and Stroke. (2026, May 1). Parkinson’s disease. https://www.ninds.nih.gov/health-information/disorders/parkinsons-disease

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Bertrand Regader. (2026, julio 1). Los 7 tipos de trastornos motores (causas y síntomas). Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/salud/tipos-trastornos-motores

Psicólogo | Fundador de Psicología y Mente

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Bertrand Regader (Barcelona, 1989) es Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, con especialidad en Psicología Educativa. También cuenta con estudios de posgrado en Economía por la Facultad de Economía y Empresa de la Universitat de Barcelona.

Ha ejercido como psicólogo escolar y deportivo en distintas instituciones y como consultor de marketing digital para distintas empresas y start-ups, pero su verdadera vocación es la dirección de medios digitales y el desarrollo de proyectos empresariales vinculados a las nuevas tecnologías.

Ha sido Director Digital de las revistas Mente Sana y Tu Bebé en la editorial RBA, y como Coordinador Digital y SEO Manager en la versión digital de la revista Saber Vivir.

Es Fundador de Psicología y Mente, la mayor comunidad en el ámbito de la psicología y las neurociencias con más de 20 millones de lectores mensuales.

Es Director de I+D+I en Customer Experience en la cadena hotelera Iberostar, liderando un equipo de profesionales de la salud y del ocio con el objetivo de potenciar la experiencia de los clientes en más de 100 hoteles en Europa, Oriente Medio y América.

Autor de dos obras de divulgación científica:

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