Un artículo investigativo de Rieger y colaboradores (2016) sugiere que las mujeres casi nunca son exclusivamente heterosexuales, sino que la mayoría se excita tanto al ver imágenes de hombres como de mujeres atractivas. A continuación analizaremos este estudio por tal de que el lector pueda valorar el grado de credibilidad de esta atrevida afirmación.

El estudio de la Universidad de Essex

Recientemente un equipo de investigación de la Universidad de Essex liderado por el psicólogo y antropólogo Gerulf Rieger ha publicado los resultados de sus estudios en torno a las diferencias entre los hombres y las mujeres en la respuesta a estímulos sexuales. Estos autores también analizaron las peculiaridades de estos patrones en personas homosexuales.

El artículo de Rieger y colaboradores se basa en dos estudios realizados por este equipo. El primero de ellos se centró en las respuestas genitales asociadas a la excitación sexual y en autoinformes sobre el grado de masculinidad o feminidad percibido por los sujetos en ellos mismos.

La segunda investigación, en cambio, se focalizó en un signo particular de la respuesta sexual: la dilatación pupilar o midriasis ante la presencia de estímulos sexuales. Asimismo se comparó de nuevo este elemento con el grado de masculinidad/feminidad, aunque en este caso fue medido por observadores externos además de mediante autoinforme.

Según afirman los autores de este estudio, sus hipótesis se basaron en distintas informaciones obtenidas en investigaciones previas. Un aspecto especialmente destacado en este sentido es la evidencia científica en torno a las diferencias en las respuestas sexuales de hombres y mujeres, así como las que se dan entre mujeres heterosexuales y homosexuales.

Diferencias en la excitación entre hombres y mujeres

Distintos estudios, incluido el del equipo de Rieger, han encontrado diferencias significativas en la reactividad a estímulos de tipo sexual en función del sexo biológico. En concreto, la respuesta sexual de los varones heterosexuales es específica para estímulos femeninos, pero la de las mujeres heterosexuales no lo es tanto para las imágenes masculinas.

Al parecer, la respuesta fisiológica (en este caso la dilatación de las pupilas) de los varones heterosexuales aparece de forma casi exclusiva cuando los estímulos elicitadores incluyen elementos femeninos. Éste sería el patrón típico en los varones que se consideran heterosexuales, aunque la respuesta puede variar en función del caso concreto.

Por contra, las mujeres responden a estímulos sexuales tanto masculinos como femeninos aunque afirmen que son exclusivamente heterosexuales. Así, el grado de dilatación pupilar de las mujeres hetero resultó ser similar cuando las imágenes sexuales que se presentaban incluían a hombres como cuando se trataba de otras mujeres.

Es por este motivo que el equipo de Rieger se aventura a afirmar que las mujeres no suelen ser completamente heterosexuales, sino que la mayor parte de ellas serían bisexuales. En concreto, el 74% de las mujeres heterosexuales que participaron en el estudio mostraron respuestas intensas de activación sexual ante el visionado de imágenes de mujeres atractivas.

Patrones en función de la orientación sexual

Según los investigadores de la Universidad de Essex, las mujeres homosexuales constituyen la excepción al patrón general femenino. Curiosamente, su respuesta sexual parece ser más similar a la de los varones que a la de las mujeres -siempre teniendo en cuenta, por supuesto, que los estudios de este tipo se focalizan en los valores medios.

De este modo, las mujeres que afirman sentirse atraídas de forma exclusiva por mujeres tienden a reaccionar de forma selectiva a los estímulos sexuales femeninos, y no cuando estos se relacionan con varones. Como vemos, esta respuesta se aproxima más a la del género masculino que a la de las mujeres que se consideran heterosexuales.

Además el equipo de Rieger plantea que el comportamiento de las mujeres homosexuales tiende a ser más típicamente masculino que el de las heterosexuales. El grado de selectividad en la respuesta a estímulos sexuales femeninos parece estar correlacionado con la intensidad de la masculinidad de la conducta externa (“masculinidad no sexual”).

No obstante, los autores afirman que no hay pruebas de que los patrones sexual y no sexual se encuentren conectados entre ellos. Así, estos dos tipos de masculinidad se desarrollarían de forma independiente como consecuencia de factores distintos, en palabras de este equipo de investigación.

¿Todas bisexuales? La causa de estas diferencias

Los estudios del equipo de la Universidad de Essex utilizaron material sexual de tipo visual. En este sentido conviene tener en cuenta que, según investigaciones como la de Hamann et al. (2004), los varones responden de forma más intensa que las mujeres a estímulos visuales cuando estos se relacionan con la sexualidad.

Esto parece estar relacionado con el hecho de que ciertas regiones del cerebro de los hombres se activan más que las de las mujeres ante la presencia de esta clase de imágenes. En particular, algunas de las estructuras relevantes son la amígdala (sobre todo la izquierda), el hipotálamo y el estriado ventral, que se localiza en los ganglios basales.

Por contra, las mujeres parecen excitarse en mayor medida en función del contexto; es decir, tienden a mostrar respuestas como la dilatación pupilar si en la situación hay presentes claves de tipo sexual, independientemente de si estas son masculinas o femeninas.

Se ha propuesto que estas diferencias podrían deberse en parte a la socialización diferencial entre hombres y mujeres. Así, mientras que los varones aprenderían a reprimir los pensamientos homosexuales en momentos de excitación sexual, las mujeres podrían sentirse menos presionadas socialmente en este sentido.

Referencias bibliográficas:

  • Hamann, S., Herman, R. A., Nolan, C. L. & Wallen, K. (2004). Men and women differ in amygdala response to visual sexual stimuli. Nature Neuroscience, 7: 411-416.
  • Rieger, G., Savin-Williams, R. C., Chivers, M. L. & Bailey, J. M. (2016). Journal of Personality and Social Psychology, 111(2): 265-283.