Es inevitable recurrir, en más de un ocasión, a nuestro pasado. Es todo el camino que nos ha hecho llegar hasta donde estamos, para bien o para mal. También es normal que, de forma más o menos adaptativa, pensemos de cara al futuro, pensando en cómo evolucionar una situación de la que no disponemos el control.

El problema surge cuando nos centramos demasiado en momentos que, realmente, no existen. El pasado, pasado está, y el futuro todavía no ha venido. No podemos permitir que tomen el control de nuestra vida, que sucede ahora.

Mucha gente se pregunta qué significa vivir el presente, una pregunta de compleja respuesta. A continuación intentaremos dar una, además de hablar de cómo hacerlo.

¿Qué significa vivir el presente? Un resumen

El pasado nos da identidad y experiencias, que marcan nuestra personalidad y conocimientos. Sin embargo, ese pasado no es una losa que debamos cargar todo el día. Somos lo que estamos haciendo ahora para mejorar aquello que fuimos.

Esta es la aptitud sana que deberíamos tomar en relación a nuestro presente, que es el único momento real que estamos viviendo. El pasado son solo recuerdos, y el futuro son solo escenarios hipotéticos, que ya vendrán, si tienen que venir.

Nuestras acciones, nuestros pensamientos, nuestro presente es lo que nos hace como somos. ¡Hagamos más y preocupémonos menos! Vivir el presente se vuelve un imperativo en una sociedad en la que nos comemos, constantemente, la cabeza con cosas que, realmente, no son para tanto.

Quizás tengan su importancia, pero no le podemos hacer nada si no pretendemos coger el toro por los cuernos y ponemos medios y voluntad para centrarnos en ser más adaptativos, plenos y felices.

Es por ello que vivir el presente implica abordar aquellos aspectos de la realidad que resultan incómodos y los integramos en nuestra experiencia como parte de un conjunto de situaciones cambiantes: ni como elementos del pasado que estamos condenados a arrastrar, ni obstáculos con los que nos tocará lidiar solo en el futuro, y de los que no podemos tener indicios en el aquí y ahora. Precisamente, aceptar el momento presente implica ser capaz de afrontar la realidad desde una mentalidad constructiva.

El pasado, pasado está

El pasado actúa archivando toda nuestras vivencias percibidas como importantes. Estas vivencias pueden ser buenas, beneficiosas para aprender, pero, también, pueden ser el combustible para las preocupaciones y los arrepentimientos.

Se dice que el ser humano ocupa el 70% de su pensamiento en pensar en cosas pasadas, sobre todo malas: la ruptura con nuestra pareja, no estudiamos suficiente para un examen, se nos olvidó llamar a nuestro hermano para felicitarle por su cumpleaños… El pasado, mal llevado, es lo que nos impide vivir el presente. Lo que se puede hacer no es cambiar el pasado, sino modificar el presente para resignificar nuestros recuerdos y nuestra realidad material heredada de esos eventos que ya sucedieron.

A todos nos ha pasado en más de una ocasión que, mientras estamos trabajando, estudiando, haciendo un deporte o lo que sea, de repente, vienen a nuestra mente, como como invitados no deseados, pensamientos recurrentes, flashbacks de situaciones realmente desagradables.

Dejamos de centrarnos en lo que estamos haciendo y nos centramos, una y otra vez, en recordar esas vivencias malas. ¿De qué sirve todo esto? ¿Para qué volver a vivir, aunque de forma imaginada, eso? ¿Acaso vamos a cambiarlo mágicamente pensando mucho en ello?

Puede que nos arrepintamos de cosas malas que hicimos, o del simple hecho de no intentar nuestros sueños. Queríamos estudiar inglés, pero abandonamos el curso, queríamos ponernos en forma, pero en el armario se ha quedado la ropa de deporte, queríamos decirle de salir a una chica o un chico, pero nos callamos... queríamos muchas cosas, pero ninguna hicimos. Y volvemos a martirizarnos por lo que no hicimos, creyendo, de forma inconsciente, que si nos lo planteamos en el pasado pero no lo hicimos, nunca lo haremos. Mentira. Nunca digas nunca.

Toca vivir el aquí y ahora

Solo fracasan quienes no lo intentan. Intentar vivir el presente, hacerlo con nuevas experiencias, cambiar la forma de pensar y, en definitiva, poner el foco de atención en lo que vemos, oímos, sentimos y hacemos, es la clave de la felicidad.

El ahora es el momento en el que podemos hacer cambios en nuestra vida, no el pasado. Es ahora que podemos elegir cómo sentirnos, cómo pensar, y cómo actuar. El presente es lo que existe y, como ente existente que es, podemos controlarlo. El pasado y el futuro son cosas que no están, que ya/todavía no existen.

Cuando somos capaces de focalizar nuestra atención en el presente, nuestra mente se ve liberada de pensamientos negativos pasados o futuros. Cuando la concepción de lo que somos se basa en los recuerdos malos, cosas que, ojalá, no hubiéramos vivido, vivimos en un sufrimiento continuado. Por ese motivo debemos aceptar nuestro pasado como un aprendizaje, no como un determinante de nuestro presente.

Aprender a disfrutar del momento

La felicidad se vive en el momento, no en el pasado, ni tampoco en el futuro. Puede que hayamos sido felices en el pasado, y puede que en el futuro también lo vayamos a ser, pero el pasado ya ha sido, y el futuro todavía no ha llegado. Centrémonos en el presente, pues la felicidad se da en ese momento.

Uno de los factores que contribuye a manifestar psicopatología, especialmente del tipo depresivo y ansiedad, es el no poder dejar de prestar atención sobre cosas que no hay forma que se puedan cambiar, básicamente el pasado y el futuro. Lo que sí podemos cambiar, lo que sí que nos puede reportar beneficio y placer es el presente, si disponemos de tiempo y la ocasión lo permite.

Vivir el ahora no es que sea cosa sencilla. Requiere de un aprendizaje progresivo, generando el hábito de centrarse en el ahora, enfocándonos en lo que estamos viviendo, evitando que nuestra mente se quede dispersa y tenga demasiadas tentaciones pensando en todo tipo de pensamientos que le llevan a malas experiencias pasadas y preocupaciones sobre el porvenir.

No es que debamos dejar de preocuparnos, valga la redundancia, de que nos preocupemos por el pasado o por el futuro. El ser humano es un animal inteligente, con la capacidad de prever lo que tiene que hacer y plantearse qué opciones tiene disponibles. Es nuestra naturaleza, como seres con pensamiento desarrollado, el pensar qué nos va a ocurrir, y enfocar nuestros recursos cognitivos y habilidades a la búsqueda de la hipotética situación.

El pasado, conformado por las experiencias vividas y las lecciones aprendidas a partir de ellas, es la guía que nos sirve para plantearnos cómo proceder. El problema es que, tal y como está hecha nuestra mente, si somos demasiado neuróticos u obsesivos, esto es lo que nos genera muchos desajustes emocionales.

Tanto el pasado como el futuro son dos cosas que no controlamos, por eso nos genera tanta angustia, aunque racionalmente sepamos que no podemos cambiar el pasado y el futuro es una cosa que vendrá, independientemente de nuestra preocupación.

La importancia del Mindfulness

Vivir el presente no significa únicamente dejar de pensar en el pasado o en el futuro. También es aprender a sacarle el máximo provecho al aquí y ahora, disfrutarlo, ser plenamente conscientes de ello. Concentrándose en cada detalle, ya sea la música que estamos escuchando, el sabor del té que nos estamos bebiendo, su temperatura, el aroma de la habitación… En resumidas cuentas, aprender a disfrutar de las situaciones presentes, implicando a nuestro cuerpo y nuestra capacidad de percepción, tratando de ver las cosas buenas a lo que nos rodea.

El Mindfulness es una de las técnicas que más popularidad ha ido ganando en el ámbito de la psicología, algo que no es de extrañar, dado que permite alcanzar un estado de conciencia plena del momento actual, que es, básicamente, aprender a vivir el presente. Hacemos que nuestra mente se implique en el aquí y el ahora, sin importar nada más.

Aunque el nombre de la técnica es moderno, sus raíces son bastante profundas, basándose en doctrinas filosóficas budistas, viendo a la experiencia del momento actual como una fuente inagotable de conocimiento.

Al pensar en el presente, siempre y cuando este sea agradable, la persona puede reducir, de forma significativa, sus niveles de estrés. En relación con lo que ya hemos comentado previamente, ¿de qué sirve volver a recordar un evento desagradable en el pasado? ¿de qué sirve preocuparse por algo que todavía no ha sucedido? A través del Mindfulness se logra un estado de relajación, un estado en el que lo único que importa es lo que estamos viviendo ahora, en el lugar en el que nos encontramos.

¿Cómo aprender a vivir en el presente?

Uno de los principios básicos del Mindfulness es el aceptar todo lo que tengamos ahora, sin realizar valoraciones ni tampoco juzgar cómo de bien o cómo de mal es. Se aceptan las experiencias presentes, tal y como son, tal y como llegan, sin decir que tal cosa es positiva o tal otra es negativa.

Esto es especialmente útil para emociones negativas, como la tristeza, el dolor o la impulsividad. Aceptando estas emociones negativas, sin obsesionarnos por el hecho de que lo son, estas pierden su fuerza. Están ahí, como la llama de la hoguera de la chimenea en una tarde de invierno. Podemos o bien intentar echarle agua a la llama, lo cual, aunque pueda sorprender, la avivará, o bien podemos coger una silla, sentarnos cerca del calor, mirar la llama y aceptar que está ahí, dejando que sea el tiempo que la extinga.

Después de haber vivido la parte emocional de la experiencia, toca la interpretación de la misma. Detengámonos un momento pensando qué hemos sentido, y por qué lo hemos sentido. ¿Valía la pena sentirse así? ¿Era tan grave? ¿Cómo se ha ido lo desagradable? ¿Cómo vamos a actuar? Antes de decidir tomar el siguiente paso, conviene reflexionar, dado que la impulsividad nunca es buena consejera.

Para vivir el presente hace falta aceptar que hay cosas que no vamos a poder controlar. Es cierto que, por medio de un cambio de pensamiento y la toma de acciones vamos construyendo nuestro presente. Si queremos hacer algo, como ponernos en forma, aprender un idioma o recuperar una amistad, no hay otra manera mejor que ponerse manos a la obra.

Sin embargo, hay cosas que nunca podremos controlar, y no necesariamente eso es malo. De hecho, el querer controlar absolutamente todo, como si nuestra realidad fuera un aparato mecánico en el que se puede controlar el movimiento de todos los engranajes, palancas y piezas, es un craso error. Es la peor forma de tratar de vivir el presente, generando tensión y estrés. Hay que dejar de las circunstancias fluyan, como las aguas de un río.

Referencias bibliográficas:

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