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Comunicación selectiva: ¿qué es y cómo nos afecta este sesgo?

La comunicación selectiva es en ejemplo de cómo valoramos más aquello que encaja con nuestras ideas.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Comunicación selectiva

Las personas tenemos opiniones y creencias distintas, nada nuevo. Nuestra ideología política puede hacernos ver con mejores o peores ojos la forma en cómo un telediario o una cuenta de una red social nos informa.

Si un medio de comunicación nos da noticias que contradicen nuestro sistema de creencias es bastante probable que cambiemos de medio o relativicemos lo que en él se nos diga, es decir, seleccionamos el tipo de exposición que queremos recibir.

Pero no únicamente seleccionamos la información que queremos recibir sino que, además, seleccionamos aquella que queremos decir, incluso si tenemos poca certeza de que sea cierta. A este fenómeno se le ha llamado comunicación selectiva y ha sido recientemente abordado experimentalmente. Veámoslo más a fondo.

¿Qué es la comunicación selectiva?

La comunicación selectiva es un sesgo cognitivo que consiste en que las personas seamos menos propensas a compartir una determinada información que contradice nuestras creencias y actitudes, especialmente aquellas que tienen que ver con nuestra ideología o militancia políticas, incluso si creemos que la información contraria a nuestra opinión o creencia es cierta. Es decir, somos más propensos a comunicar datos poco objetivos pero que coinciden con cómo pensamos antes que compartir información veraz pero que es contraria a nuestra opinión.

Este fenómeno ha empezado a ser abordado experimentalmente hace relativamente poco, y entre los que lo han estudiado tenemos a los investigadores Pierce Ekstrom y Calvin K. Lai. Ambos autores indican que, durante mucho tiempo, el foco de atención se ha centrado en cómo nuestras opiniones políticas y nuestra afiliación política hacia un grupo político hace que se produzca un sesgo en la forma en cómo tratamos la información.

Ya se sabía que las personas son muy selectivas cuando reciben una información, tanto si la leen, escuchan o ven y, consecuentemente, la creen. A este fenómeno en concreto se le denomina exposición selectiva y consiste en la tendencia de las personas a exponerse a información, opiniones o medios ideológicamente afines o que ofrecen una forma de dar las noticias y los datos que son agradables, en tanto que no suponen un choque entre su forma de ver el mundo y la forma en cómo se le presenta nueva información.

La exposición selectiva y la comunicación selectiva serían dos caras de una misma moneda. Mientras que la exposición selectiva implica que la persona selecciona la información que quiere recibir, reforzando así sus puntos de vista pre-existentes y evitando aquellos que contradigan su opinión, la comunicación selectiva implica decir aquello que está en sintonía con su forma de ver las cosas. En un fenómeno se selecciona el mensaje que recibimos y en el otro el que emitimos.

La comunicación selectiva es un fenómeno muy interesante porque muestra cómo las personas estamos sesgadas no solo a la hora de recibir información, sino también cuándo la transmitimos a los demás. Aun siendo personas que percibimos la realidad de forma muy clara, sin sesgo cognitivo alguno (cosa prácticamente imposible) cuando comunicamos “hechos” no podemos evitar caer en presentar versiones imprecisas o distorsionadas de la realidad.

Relación de este fenómeno con la política

Pierce Ekstrom y Calvin K. Lai han realizado cuatro estudios con una muestra total de 2.293, participantes los cuales se sentían identificados unos como liberales y otros como conservadores. El experimento consistió en presentarles los efectos positivos y negativos de dos nuevas medidas políticas: el incremento del salario mínimo y la prohibición de las armas de asalto.

Después de haber leído un efecto positivo y un efecto negativo asociado a cada una de las dos políticas, se les preguntó a los participantes si realmente creían que había una relación entre esas dos políticas y los efectos que se les había indicado. Además de eso, se les preguntó si creían que era más o menos probable que ellos mismos le comunicaran esos hallazgos o relaciones a un ser querido, amigo o familiar.

Como era de esperar hubo diferencias entre los participantes liberales y los conservadores. Los liberales fueron más propensos a creer en los efectos positivos de incrementar el salario mínimo y prohibir las armas de asalto, mientras que los conservadores eran más propensos a creer en los efectos negativos de ambas medidas.

De acuerdo con los investigadores y en la línea con los datos hallados por su propia investigación, cuando la ideología, la militancia u opinión política está en juego, es difícil persuadir a las personas para que crean en hechos políticos que les son incómodos, por muy ciertos y objetivos que sean. Si se presenta a una persona un dato que es inconsistente o contrario con su ideología, identidad o aptitudes, da igual que sea un hecho objetivo, la persona no querrá creérselo ni será sensible a él.

Pero además de esto los investigadores hallaron que los participantes fueron más propensos a centrarse y comunicar información que daba apoyo a su ideología política, aunque esos datos no fueran para nada fiables. De hecho, esta comunicación selectiva de información favorable a su punto de vista político ocurría independientemente de si los participantes creían que los hechos que transmitían eran precisos o no. En otras palabras, bien podrían pensar que lo que decían era dudoso y, aún así, comunicárselo a otras personas.

Lo que viene a demostrar este efecto es que, incluso si conseguimos persuadir exitosamente a alguien de que su punto de vista está poco fundamentado o es “incorrecto”, esto no es garantía de que la persona no vaya a seguir comunicando a su entorno más cercano “hechos” que sigan dando fuerza a su forma de pensar particular. Es decir, podemos darle datos verdaderos y esa persona seguirá transmitiendo los falsos.

Exposición y comunicación selectivas y las Fake News

Con la irrupción de Internet y las redes sociales la transmisión de noticias falsas o “Fake News” se ha convertido en una realidad y tema de actualidad. Si bien los medios de comunicación más tradicionales, como los periódicos, la televisión o la radio, no están libres de ideología política, Internet ha servido de plataforma para que cualquier persona sin estudios de periodismo alguno pueda compartir sus opiniones e ideología a millones de personas.

En base a la teoría de la exposición selectiva, las personas tendemos a buscar medios que sean afines a nuestra forma de pensar, siendo Internet ese lugar en el que es bastante probable que encontremos uno que se acerque mucho a cómo pensamos. Esto no nos debería sorprender puesto que Internet es tan inmenso que prácticamente podemos encontrar cualquier blog, canal de Youtube, página de Twitter o periódico en línea de cualquiera de las ideologías políticas que nos podamos imaginar.

Este hecho tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. La principal ventaja es que podemos encontrar un mundo mucho más diverso en opiniones y hechos que los que nos ofrecen los canales de televisión o los periódicos de larga tirada, permitiéndonos conocer acontecimientos que muy rara vez van a salir en un informativo televisivo o en la primera página de un diario. Sin embargo, tiene una muy gran desventaja, directamente relacionada con el sesgo de exposición selectiva y comunicación selectiva.

Aunque sí que es cierto que muchas personas prefieren seguir en las redes sociales a perfiles de diferentes ideologías y así tener una perspectiva más amplia, la realidad es que muchas personas optan por seguir solo a cuentas afines a su forma de pensar. Estas mismas cuentas caen en el sesgo de la comunicación selectiva, solo transmitiendo aquella información que más les conviene. A su vez, sus seguidores solo comparten sus contenidos y los seguidores de esos seguidores ven esa información y, así, se puede iniciar una interminable cadena de comparticiones.

En un mundo ideal, independientemente de su ideología, todo medio de comunicación transmitiría información veraz, honesta y real, algo que no es más que una utopía. Si ya de por sí los medios clásicos pueden compartir una noticia de poca fiabilidad, no hablemos de las cuentas en las redes sociales y otras grandes plataformas que están controladas por personas más motivadas por su propia ideología política que no por su afán de informar. No es difícil imaginarse que en estas cuentas se puede compartir muy fácilmente un bulo, una noticia falsa que, pese a ser mentira, gusta a los seguidores de esa cuenta.

Así pues tanto la exposición selectiva como la comunicación selectiva son dos sesgos muy implicados en la transmisión de Fake News, especialmente en las redes sociales. Internet ha ayudado a las personas a exponerse a solo los medios que son muy afines a su forma de pensar y, a su vez, estas personas solo comparten información con la que están de acuerdo, independientemente de si creen que es cierta o no, lo cual contribuye a que un dato falso sea ampliamente transmitido a lo largo y ancho de la población.

Por suerte, comprender que los seres humanos somos víctimas de sesgos nos puede servir de ayuda para evitar este tipo de noticias. En vez de seguir solo a un medio de comunicación o a medios con un mismo perfil ideológico, lo recomendable es seguir a personas con diferentes opiniones. Esto no impedirá que nos queramos creer una u otra noticia de dudosa fiabilidad pero, al menos, nos permitirá tener una perspectiva más amplia de lo que sucede en este mundo y, consecuentemente, una visión más informada y objetiva.

Referencias bibliográficas:

  • Ekstrom, P. D., & Lai, C. K. (2020). The Selective Communication of Political Information. Social Psychological and Personality Science. https://doi.org/10.1177/1948550620942365
  • Moya, M. (1999): Persuasión y cambio de actitudes. En J.F. Morales y C. Huici (Coords.): Psicología Social, 153-170. Madrid: McGraw-Hill.
  • McGuire, W. J. (1985): Attitudes and attitude change. En G. Lindzey y E. Aronson (Eds.): The handbook of social psychology, vol. 2. Nueva York: Random House.
  • Rivero, G (2016). El consumo de noticias por Internet, ¿cámaras de eco? España: Politikon. https://politikon.es/2016/02/26/el-consumo-de-noticias-por-internet-camaras-de-eco/

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