Es fácil darse cuenta de que habitualmente comemos más cuando lo hacemos en compañía de amigos respecto a cuando estamos solos.

Pero, ¿cuál es el fenómeno subyacente? Con este artículo descubriremos en qué consiste la facilitación social de la comida, cuál es su explicación, en qué circunstancias tiene más efecto y en cuáles, por el contrario, se ve atenuado.

¿Qué es la facilitación social de la comida?

La facilitación social de la comida es el fenómeno psicológico por el cual el hecho de estar acompañados por amigos, familiares o conocidos mientras comemos provoca que tengamos una cierta tendencia a ingerir más alimentos respecto a lo que haríamos si nos encontrásemos solos o en compañía de desconocidos. Según este principio, mientras nos encontremos en soledad, haremos comidas ligeras o en todo caso menos copiosas de lo que haríamos si estuviésemos rodeados de personas de nuestro círculo.

Quizás el lector se encuentre sorprendido e incluso en contra de la hipótesis de la facilitación social de la comida, pero no tenemos más que hacer memoria y pensar qué (o cuánto) cenamos la última vez que lo hicimos en compañía de un grupo de amigos, y realizar la comparación con lo que solemos ingerir una noche cualquiera con la única compañía de nosotros mismos, en nuestro domicilio (en el caso de que vivamos solos).

De hecho, los estudios realizados al respecto han logrado incluso plasmar en una cifra la diferencia de ingesta que se da entre las dos situaciones. Según dichas conclusiones, estaríamos comiendo un 48% más de lo habitual cuando lo hacemos al abrigo de un grupo de amigos. Se han dado varias explicaciones al respecto que intentan encontrar la lógica detrás de la facilitación social de la comida. Exploraremos algunas de ellas en los siguientes puntos.

En el año 2019, la facultad de Psicología de la Universidad de Birmingham, con la doctora Helen Ruddock al frente, publicó un metaestudio en el que se recopilaron los datos de 42 trabajos anteriores acerca de la facilitación social de la comida. Esta investigación supuso un gran enriquecimiento en torno a este concepto y nos ha permitido conocer con una mayor profundidad cuáles son sus características.

Hipótesis evolutiva: el reparto equitativo de los recursos limitados

Una curiosa explicación de este fenómeno es de carácter evolutivo. Según esta teoría, la facilitación social de la comida tendría su origen en el modo de alimentarse que el ser humano mostró en la época del Paleolítico y Mesolítico, es decir, cuando las sociedades eran de cazadores y recolectores. En dicho contexto, el alimento era escaso y ni mucho menos estaban garantizadas varias comidas al día (a veces ni siquiera una).

Dadas esas condiciones tan hostiles, el lograr comida para el grupo se convertía en un evento social para toda la tribu, y todos comían juntos, tanto como podían, pues no sabían cuándo sería la próxima vez que volverían a tener la oportunidad de lograr una presa o recolectar los frutos suficientes que les permitiesen volver a nutrirse, compartiendo la experiencia en grupo.

Podría tratarse de un evento social o simplemente de la intención de comer la mayor porción posible del alimento disponible antes de que se lo comieran los demás, ya que estamos hablando de una situación en la que dichos alimentos eran extremadamente escasos y el acceso a ellos, por lo tanto, estaba muy restringido. Lo lógico es pensar que, al estar frente a una fuente de nutrición, el individuo trataría de adquirir la máxima cantidad en el menor tiempo posible, ya que una vez se agotase, no sabría cuándo encontraría más.

Por lo tanto, la hipótesis evolutiva explicaría la facilitación social de la comida como un comportamiento que habría quedado grabado de alguna manera en nuestras tendencias de comportamiento inconscientes y que nos retrotraería a una época pasada en la que comer en grupo era sinónimo de intentar saciarse para superar el periodo de hambre que vendría a continuación y que no sabríamos cuánto podría durar.

Comer en compañía de extraños

Sin embargo, no es suficiente el estar en grupo, comiendo junto a otros seres humanos para que aparezca automáticamente el efecto de facilitación social de la comida. Hay un detalle que es clave, y es que dichas personas han de ser cercanas a nosotros, ya que de lo contrario, el efecto no hace su aparición. En esos casos, se produce precisamente el fenómeno contrario, y es que las personas tienden a no comer mucho para transmitir una imagen más positiva.

Esto puede deberse a que tratamos de mostrar una imagen demasiado impulsiva, y en el contexto culinario queremos dejar claro, cuando estamos ante desconocidos, que somos capaces de controlarnos y comer únicamente lo necesario, sin caer en excesos. Además, este efecto se observa especialmente en algunos colectivos, según han mostrado los estudios realizados al respecto.

El primero de ellos sería el de las mujeres que comen junto a hombres desconocidos, frente al caso inverso. Los datos demuestran que ellas se preocupan más que ellos de controlar su ingesta de alimentos. Aunque no está clara la explicación, una hipótesis sugiere que lo que esta conducta buscaría sería una aprobación inconsciente de sus anfitriones, por su evidente control sobre los impulsos.

El segundo caso en el que podemos observar el fenómeno contrario a la facilitación social de la comida es en el de personas con sobrepeso que comen acompañadas de otros individuos con los que no mantienen un vínculo estrecho (que es la clave para que esto suceda). Igual que en el supuesto anterior, lo que las investigaciones encuentran es que estas personas tienden a ingerir significativamente menos alimentos que cuando se encuentran en compañía de su grupo más cercano.

Por lo tanto, lo que se deduciría es que existen algunos colectivos, como el de las mujeres y el de las personas con obesidad (y tal vez otro que aún no se han contemplado en los estudios realizados hasta la fecha) donde los estereotipos, el miedo a ser juzgados y otras variables, estarían teniendo más peso a la hora de generar una actitud frente a los alimentos que la propia facilitación social de la comida.

El problema de la facilitación social de la comida hoy en día

Sin embargo, lo que en la antigüedad podía ser un sistema muy eficiente para asegurar que ningún miembro de la tribu se quedara con hambre cuando se disponía de alimento, hoy estaría provocando un problema nuevo. Y es que la facilitación social de la comida podía ser muy útil cuando los recursos alimentarios eran limitados, pero hoy en día, donde podemos encontrar toda la comida que queramos en cualquier momento, la situación es muy diferente.

Lo que encontramos a día de hoy es un contexto en el que las comidas y cenas de ocio en compañía de familiares y amigos, son sinónimo de celebración y habitualmente de excesos alimenticios. Son frecuentes las reuniones en las que los asistentes, entre risas y conversaciones, no paran de ingerir entrantes, principales, postres y gran cantidad de bebidas, conformando una cantidad de calorías extremadamente superior a las necesarias.

Si se trata de un evento aislado, puede no resultar un problema, más allá de una más que segura digestión pesada (o una buena resaca, si el exceso ha ido también por la vía alcohólica). Sin embargo, si estas reuniones se convierten en algo habitual a lo largo de la semana, lo más probable es que comencemos a sufrir las secuelas en nuestro cuerpo, pudiendo afectar a nuestro índice de masa corporal, pero también a nuestro metabolismo o nuestro colesterol.

Si nos vemos sumidos en este tipo de dinámicas, lo mejor es que seamos conscientes de ello y limitemos nuestra ingesta a lo que nuestro cuerpo necesita, intentando hacer frente al impulso de la facilitación social de la comida. Por supuesto, esta conducta puede (y debe) ir acompañada de rutinas saludables de ejercicio físico, aunque consistan únicamente en tener como costumbre salir a caminar todos los días.

Lo que debemos evitar a toda costa es caer en un estado de sedentarismo habitual, pues si tenemos costumbre de asistir a comidas y cenas con nuestras amistades, la facilitación social de la comida puede establecer con ello una combinación letal para nuestra salud.

Conducta en otras especies

El estudio sobre la facilitación social de la comida no se ha limitado a los seres humanos. Algunos trabajos se han centrado en observar las conductas alimentarias en especies tan diversas como las ratas o los pollos, entre otras. En ellas se ha observado también este fenómeno, y ha dado lugar a diferentes hipótesis sobre las función que podría estar cumpliendo en ellas.

Algunos investigadores sugieren que en estos individuos, al comer en grupo, estaría dándose una confrontación interna. El razonamiento sería que, por un lado, tenderían a conseguir todo el alimento posible, antes de que el resto hiciese lo propio, pero por otra parte intentarían contenerse para no ser “señalados” por sus congéneres y por lo tanto aislado del grupo.

Referencias bibliográficas:

  • Acuña, L., GARCíA, D.A.G., Bruner, C.A. (2011). El efecto de la presencia de un número de personas en distintas situaciones sociales. Revista Mexicana de Psicología.
  • Bruner, C.A. (2010). Conducta de comer: variables comunes a través del condicionamiento y la motivación. Revista mexicana de análisis de la conducta.
  • Ruddock, H.K., Brunstrom, J.M., Vartanian, L.R., Higgs, S. (2019). A systematic review and meta-analysis of the social facilitation of eating. The American Journal of Clinical Nutrition.