Conoces a alguien y, durante varias semanas, todo parece ir bien. Habláis prácticamente todos los días, compartís experiencias personales y empezáis a imaginar que aquella conexión podría convertirse en algo importante. Sin embargo, de repente, sus mensajes comienzan a espaciarse. A veces desaparece durante días y después vuelve como si nada hubiera ocurrido. Otras veces, cuando intentas hablar sobre vuestra relación, evita darte una respuesta clara. No sabes exactamente qué sois, qué puedes esperar de esa persona ni si realmente existe un interés mutuo. Y cuanto más intentas comprenderlo, más confundido te sientes.
El ghosting, el breadcrumbing y las situationships: ¿quién es quién?
Aunque estas experiencias no son completamente nuevas, las aplicaciones de citas y las redes sociales han transformado la manera en que las vivimos. Ahora podemos conocer a alguien, mantener una relación durante meses y perder el contacto sin haber compartido apenas espacios físicos. También podemos seguir observando su vida después de que haya dejado de hablarnos.
Paradójicamente, nunca habíamos tenido tantas posibilidades de conectar con otras personas y, sin embargo, esas conexiones no siempre vienen acompañadas de la claridad emocional que necesitamos. La psicología ha comenzado a estudiar estas dinámicas, popularmente conocidas como ghosting, breadcrumbing y situationship. Veamos qué significan y cómo pueden influir en nuestras relaciones.
¿Qué es el ghosting y por qué puede resultar tan doloroso?
El ghosting ocurre cuando una persona interrumpe unilateralmente la comunicación con otra, sin proporcionar una explicación ni expresar claramente que desea terminar el vínculo. Puede suceder después de unas pocas citas o en relaciones que llevaban más tiempo desarrollándose. Lo característico no es simplemente tardar en contestar un mensaje, sino desaparecer de una relación en la que previamente existía una comunicación significativa, dejando a la otra persona sin saber qué ha ocurrido.
Esta ausencia de explicaciones puede despertar sentimientos de rechazo, inseguridad y confusión. Quien experimenta ghosting puede preguntarse si hizo algo mal, si la otra persona perdió el interés o si todavía existe alguna posibilidad de recuperar el contacto. Una investigación experimental publicada en 2025 por Amanda Szczesniak y sus colaboradores encontró que, aunque tanto el rechazo explícito como el ghosting generaban emociones negativas, este último favorecía que los participantes mantuvieran una mayor vinculación emocional con la persona que los había rechazado.
Aunque los resultados proceden de situaciones simuladas y no pueden generalizarse a todas las relaciones, ilustran una dificultad importante: cuando alguien desaparece sin explicaciones, no solo debemos afrontar el rechazo, sino también la incertidumbre de no saber cómo interpretar lo ocurrido. Ahora bien, conviene recordar que, en determinadas situaciones de acoso o violencia, interrumpir el contacto sin explicaciones puede ser una medida legítima de protección.
Breadcrumbing: cuando alguien mantiene nuestras esperanzas sin comprometerse
El término breadcrumbing, que podríamos traducir como «dejar migajas de atención», describe una dinámica en la que alguien ofrece señales intermitentes de interés romántico sin mostrar una intención clara de desarrollar la relación. Puede consistir en mensajes cariñosos que nunca se traducen en encuentros, promesas que se posponen continuamente o acercamientos que aparecen precisamente cuando la otra persona comienza a distanciarse.
Lo desconcertante es que estos pequeños gestos pueden mantener viva la esperanza de que la relación termine avanzando. Una persona puede pasar semanas sintiéndose ignorada y experimentar una enorme ilusión cuando recibe un mensaje inesperado. Después, cuando el contacto vuelve a desaparecer, regresa la incertidumbre. El problema no está necesariamente en recibir poca atención, sino en que esa atención resulte imprevisible y mantenga expectativas que nunca llegan a concretarse.
En 2020, un equipo de investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha, encabezado por Raúl Navarro, estudió estas experiencias mediante una encuesta a 626 adultos. Encontraron que quienes habían experimentado breadcrumbing presentaban, en promedio, menor satisfacción vital y mayores sentimientos de soledad e indefensión. Sin embargo, al tratarse de un estudio transversal, no permite concluir que esta dinámica sea necesariamente la causa de ese malestar.
Situationship: ¿qué ocurre cuando tenemos una relación sin definir?
A diferencia de los dos fenómenos anteriores, el situationship se utiliza para describir vínculos románticos o afectivo-sexuales que se parecen a una relación de pareja, pero que carecen de una definición clara o de compromisos explícitos. Dos personas pueden compartir intimidad, mantener contacto frecuente y comportarse como una pareja sin haber hablado realmente sobre qué esperan de su relación.
Esta ambigüedad no tiene por qué resultar perjudicial cuando ambas personas se sienten cómodas con ella. El problema puede aparecer cuando sus expectativas son diferentes. Quizá una desea construir una relación estable mientras la otra prefiere mantener un vínculo informal. Si ninguna expresa abiertamente lo que busca, pueden surgir sentimientos de inseguridad, frustración o miedo a preguntar por temor a perder aquello que tienen.
Una investigación publicada en 2026 por Michael Langlais y Faith Davidson encontró una asociación entre las situationships y menores niveles de confianza percibida en la pareja, aunque sus resultados no demuestran que la ausencia de una etiqueta provoque necesariamente desconfianza. Lo importante no es tanto cómo llamamos a nuestra relación, sino que ambas personas comprendan qué están compartiendo y qué pueden esperar la una de la otra.
¿Por qué estas dinámicas pueden afectar a nuestra autoestima?
Uno de los elementos que comparten estas experiencias es la incertidumbre afectiva. Cuando no sabemos qué siente alguien por nosotros o por qué ha cambiado su comportamiento, podemos comenzar a buscar explicaciones en nuestros propios defectos. Quizá pensamos que no somos suficientemente interesantes, atractivos o importantes para que alguien quiera mantener una relación con nosotros. Sin embargo, el comportamiento de otra persona no constituye una medida objetiva de nuestro valor personal.
A esto se suma la tendencia a interpretar constantemente las señales digitales. Un mensaje leído sin respuesta, una publicación en redes sociales o una conexión reciente pueden convertirse en motivos para seguir buscando respuestas. Esta vigilancia puede mantener nuestra atención centrada en una relación que nos genera malestar. No todas las personas reaccionan igual y todavía necesitamos más investigaciones para comprender sus efectos a largo plazo, pero reconocer esta dinámica puede ayudarnos a distinguir entre un interés romántico saludable y una preocupación que comienza a ocupar demasiado espacio en nuestra vida.
¿Cómo podemos cuidar nuestra salud emocional en las relaciones actuales?
Una de las herramientas más importantes es aprender a expresar nuestras expectativas. No necesitamos exigir compromisos desde el primer encuentro, pero sí podemos comunicar qué buscamos cuando una relación empieza a adquirir importancia. Preguntar si la otra persona desea algo estable, expresar cómo nos sentimos ante determinadas conductas o establecer límites a una comunicación intermitente puede ayudarnos a comprender si nuestras necesidades son compatibles.
También conviene prestar atención a los comportamientos sostenidos en el tiempo, no solamente a las palabras o a los momentos especialmente intensos. Si alguien nos expresa interés, pero evita sistemáticamente cualquier posibilidad de construir una relación, podemos valorar si ese vínculo realmente nos proporciona lo que necesitamos. Poner límites no consiste en conseguir que otra persona cambie, sino en decidir qué estamos dispuestos a aceptar en nuestras relaciones. Cuando estas experiencias generan un malestar persistente o afectan significativamente a nuestra autoestima, el acompañamiento psicológico puede ayudarnos a recuperar perspectiva.
Al final, el ghosting, el breadcrumbing y las situationships nos recuerdan que las relaciones humanas no dependen únicamente de la atracción o de las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías. También necesitamos comunicación, respeto y cierta claridad sobre aquello que compartimos. No existe una única manera correcta de relacionarnos, ni todos buscamos el mismo grado de compromiso. Pero merecemos poder expresar nuestras necesidades sin sentir que hacerlo pondrá inevitablemente en peligro el vínculo. Y quizá una de las lecciones más importantes sea comprender que no necesitamos permanecer indefinidamente en la incertidumbre para demostrar cuánto nos importa alguien.









