Un conjunto de comportamientos que expresan afecto.

Es posible que el concepto de maternés sea desconocida para más de una persona, aunque lo más seguro es que en alguna ocasión lo haya utilizado o lo utilizaremos en algún momento. Por ejemplo cuando un amigo o familiar nos presenta a su bebé, o directamente cuando tenemos hijos. Y es que el maternés es el cariñoso y a la par peculiar lenguaje que solemos emplear al interactuar con bebés y niños muy pequeños. En este artículo vamos a hablar brevemente de esta forma de comunicarse.

¿Qué es el maternés?

El maternés o parentés, también conocido como lenguaje o habla del cuidador, es el estilo de habla y expresión no verbal que típicamente utilizamos para dirigirnos a un bebé. Se trata de un dialecto del idioma que empleemos para comunicarnos que tiene unas características propias en lo que respecta a entonación, gramática o incluso léxico.

Esta forma de comunicarse emplea una pronunciación y vocalización muy cuidadas en las que la destaca una entonación exagerada, agudizando la voz y separando de forma marcada palabras y frases. Estas tienden a ser cortas y repetitivas, y se centran en el presente.

Otra característica llamativa de este tipo de habla es que en ella se suele simplificar el léxico: las palabras se reducen (cambiar chupete por pete es un ejemplo) o incluso se transforman para volverlas onomatopeyas (por ejemplo, hablar del guau-guau en vez de utilizar la palabra perro). También es habitual que se repitan estructuras, palabras y frases en cortos periodos. Asimismo, es habitual que se abuse de diminutivos.

Pero el maternés no es solo oral, sino que también solemos acompañar este dialecto de abundantes gesticulaciones, contacto físico y expresión a través del lenguaje corporal. Por ejemplo sonreímos, les tocamos, señalamos cosas del entorno o nos hacemos los sorprendidos al ver, por ejemplo, un perro.

Asimismo, la persona que habla no está haciendo un monólogo, sino que está interactuando con el bebé y de hecho generalmente llega a elaborarse algún tipo de diálogo, respondiendo el bebé con movimientos, mirando o buscando nuestra mirada, pataleando, gorjeando o emitiendo algún sonido. A estas respuestas solemos responder oralmente o premiando al pequeño con nuestra atención o mimos.

La importancia de este modo de hablar

Generalmente utilizamos el maternés sin pensar exactamente en el porqué, y algunas personas lo encuentran ridículo y poco efectivo. Sin embargo, su utilización con un bebé tiene mucho sentido y resulta de gran utilidad para el desarrollo de este.

Y es que en primer lugar, la entonación que utilizamos con el maternés es altamente emocional y tiende a reflejar emociones y sentimientos positivos hacia el infante, lo que facilita la existencia de una comunicación positiva y el establecimiento de relaciones afectivas entre bebé y hablante. Asimismo como hemos dicho no nos limitamos a hablar y ya está, sino que sostenemos una interacción que el bebé capta y a la cual responde, estableciendo vinculaciones con el adulto o persona que se comunica con él.

Además, la variaciones en la entonación y la acentuación exagerada suponen estímulos que llaman la atención del bebé, que va a tender a fijarse más en los sonidos y en su fuente que en comparación con un habla adulta.

Generalmente, dicha acentuación exagerada tiene lugar en fragmentos del discurso que contienen propiedades relevantes a aprender, haciendo que el bebé los pueda llegar a grabar en un futuro con mayor facilidad. El niño o niña escucha frases que no son muy complejas y que poco a poco se van a ir haciendo comprensibles, pudiendo tras ello profundizar. Se trata pues de un lenguaje muy importante que aunque no crea por sí mismo el aprendizaje del lenguaje, contribuye y facilita su adquisición.

No solo con bebés: ¿con quién más lo usamos?

Aunque el maternés es un estilo de habla que podemos o no utilizar, generalmente se realiza con sujetos que despiertan en nosotros determinadas reacciones fisiológicas, desencadenando la síntesis de diferentes hormonas. Entre ellas destaca la dopamina, la oxitocina (asociada a la vinculación emocional) y la también asociada a la vinculación afectiva feniletilamina.

Eso sí, eso no significa que el uso o no uso del maternés dependa de estas hormonas (de hecho aunque es habitual en nuestra sociedad, en otros contextos no se emplea pese a que las reacciones emocionales que generan los niños sean las mismas).

Generalmente al hablar de maternés imaginamos a alguien hablando y comunicándose con un recién nacido o un niño pequeño. Pero lo cierto es que este tipo de habla no se aplica únicamente a la maternidad o paternidad sino que se ha extendido a otros ámbitos.

Mascotas

Uno de ellos es el de las mascotas. No es raro oír a alguien hablar maternés con perros, gatos, conejos u otros animales, generalmente cuando se les está dando afecto. Aunque muchos de los animales que nos hacen compañía no son capaces de comprender realmente lo que decimos (a pesar de poder entender alguna petición concreta con entrenamiento), sí que son capaces de captar la entonación y la emotividad impresa en él.

Relaciones de pareja

Otro de los ámbitos en que en ocasiones se aplica el mismo lenguaje que el que aplicaríamos con un niño es en el de la pareja. Aunque en esta caso la comprensión del lenguaje suele ser completa por parte de ambos, algunas parejas emplean el maternés como manera de interactuar de forma afectiva, como manera de expresar el aprecio, devoción o dulzura que la otra persona despierta, o como pequeña broma para picar a su pareja.

Referencias bibliográficas:

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