Los 4 tipos de envidia más importantes

Estos son los principales tipos de envidia que podemos experimentar en contacto con los demás.

Nahum Montagud Rubio

Nahum Montagud Rubio

Tipos de envidia

Dicen que la envidia es muy mala y, en parte, tienen razón. A voz de pronto podemos decir que hay una envidia que sentimos hacia alguien que simplemente es mejor que nosotros y nos gustaría ser como ellos y luego tenemos una más tóxica, motivada por celos e, incluso, las ganas de no desearle bien a esa persona de la que sentimos envidia.

En función de hacia quien sintamos esta emoción, podemos decir que existen varios tipos de envidia. A continuación veremos cuáles son.

Los 4 principales tipos de envidia y sus efectos

La envidia es un sentimiento universal. Puede que no nos guste reconocerlo, pero todos sentimos envidia en algún momento de nuestras vidas. Es considerada un sentimiento negativo, que nos aleja de la felicidad.

Esta mala fama de la envidia se puede ver a nivel mundial, puesto que la mayoría de las religiones del mundo consideran a esta experiencia como un vicio, una conducta indigna e inmoral. No es extraño encontrar en los códigos de conducta de la mayoría de credos el considerar a la envidia como un pecado capital, como es el caso en el cristianismo.

No debemos considerar al mínimo sentimiento de envidia como algo intrínsecamente malo. De hecho, sentir un poco de envidia es natural. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo en 2015 halló que cerca de tres cuartos de sus participantes admitían haber snetido envidia hacia alguien en el último año, tanto si la persona que envidiaban era cercana como si era un conocido con quien tenían poca relación.

Por esto, antes que nada, es importante destacar la idea de que realmente se puede hablar de dos tipos de envidia: una inocente y otra perjudicial.

La inocente sería aquella que sentimos cuando alguien que conocemos parece tener mejor suerte que nosotros y nos gustaría ser cómo él o ella, como puede ser ver que tiene mejor salario, un cuerpo bonito o domina varios idiomas.

En cambio, la perjudicial es aquella que nos corroe, que nos obsesiona con los logros ajenos, que nos hace pensar tanto en esa persona que nos impide seguir con nuestras vidas. Se trata de una envidia tóxica, dañina para nuestra salud y, si se nos va de la mano, puede que hasta dañina para aquella persona de quien sentimos envidia.

No se puede ser feliz si se siente una envidia corrosiva por los logros ajenos o por cómo son los demás. Si el éxito de los demás nos corroe nunca podremos sentirnos satisfechos por cómo somos. Tanto si somos personas envidiosas como si no, lo primero que tenemos que hacer para reconocer que sentimos envidia es saber diferenciar entre los tipos de envidia que existen. Naturalmente, la envidia no es algo fácil de corregir pero, si se sabe qué tipo se está sintiendo, quizás se pueda hacer algo al respecto.

1. Envidia hacia la pareja

La envidia hacia la pareja es paradójica, puesto que de primeras podría parecer poco frecuente. ¿Cómo se puede sentir una emoción tan mala con aquella persona que se quiere y ama? ¿Cómo puede corroernos el éxito de aquella persona a la que le deseamos lo mejor?

Es normal sentir un poco de envidia hacia la pareja, siempre y cuando sea inocente y en el sentido de que “ojalá yo fuera tan buena como él/ella”. Sin embargo, la envidia de la que queremos hablar en este punto es de la mala, de la tóxica y para nada inocente, aquella que puede alimentar los tan peligrosos celos.

Lamentablemente, hay casos en los que las personas pueden sentir tanta envidia de los logros de su amante que hasta llegan a desear que algo malo le suceda, algo que lo perjudique. Se adquiere un punto de toxicidad que puede dañar mucho la relación, puesto que querer que le pasen cosas malas a tu enamorado no es, en realidad, amor.

Por regla general, si alguien siente este tipo de envidia hacia su pareja, esa persona será tóxica en otras áreas de su vida. De hecho, la única forma en la que una persona puede sentir envidia en su relación de pareja es porque, probablemente, la concibe en términos de relación de poder, de que uno es mejor que el otro o que se tiene que demostrar constantemente quién está consiguiendo más éxitos.

Si la otra persona consigue más logros es que ella es la que lleva “los pantalones” en la relación. El poder se está cuestionando y es cuando surge la envidia. Sin entrar en debates ni en controversias, es habitual que este tipo de envidia se dé más en hombres que en mujeres, sobre todo en relaciones heterosexuales.

2. Envidia hacia los amigos

La envidia hacia los amigos es común, ocurriendo algo similar a lo que pasa con la envidia hacia la pareja. Lo ideal es que no se diera, porque se supone que le deseamos lo mejor a nuestros amigos y nos alegramos de sus logros, pero lo cierto es que todos sentimos que nos merecemos algo más que nuestros seres queridos o nos gustaría tener la misma suerte que ellos.

Todos tenemos un amigo al que parece que la vida le sonríe cada día. Tiene el mejor cuerpo, gana mucho dinero, trabaja de lo que quiere, tiene una pareja atractiva, viaja… sea cual sea lo que tenga es algo que nosotros, por el simple hecho de no tenerlo, nos corroe por dentro y nos produce envidia.

Dependiendo del grado en cómo se dé y manifieste la envidia esta puede llegar a ser bastante dañina entre amigos. Una cosa es sentir cierta envidia porque un amigo ha conseguido algo que quería y otra es que sintamos que somos una sombra en nuestro grupo de amigos, que él o ella es hasta el protagonista principal de nuestra vida.

Rara vez la envidia hacia un amigo supera el umbral de lo peligroso y obsesivo, sobre todo porque siempre hay otros amigos que nos animan un poco limando las asperezas. También es gracias a esos mismos amigos que, al ver cómo son, pueden hacer sentirnos mejor porque vemos que ellos no tienen algo que nosotros sí, lo cual nos puede subir un poco la autoestima y comprender que todos tenemos nuestras fortalezas y nuestras debilidades.

Envidia con amigos

3. Envidia hacia los compañeros

La envidia hacia los compañeros, de trabajo o de clase, es mucho más habitual que las otras dos. Esta se produce más fácilmente porque no implica una relación de cercanía, ni de amor ni de amistad necesariamente. Sentir envidia hacia alguien con quien tenemos poca relación nos hace sentirnos menos culpables, y tampoco la consideramos dañina para nuestra relación con ella porque, directamente, no la hay.

Bien gestionada, la envidia hacia los compañeros puede ser algo motivador, un aliciente para intentar destacar en aquello que estamos estudiando o en nuestro empleo. Si sentimos envidia hacia alguien que es mejor que nosotros, puede que nos motivemos para intentar dar lo mejor de nosotros mismos con la clara intención de superarle, de convertirnos en los que la gente siente envidia.

Sin embargo, si no se sabe gestionar adecuadamente esta envidia puede hacer que saquemos lo peor de nosotros, ganándonos la enemistad no únicamente de la persona a quien envidiamos sino también del resto de compañeros. Nuestra obsesión hacia aquella persona que creemos que es mejor que nosotros, lejos de hacernos mejorar, perjudica nuestro rendimiento, haciendo que incluso quedemos mal.

4. Envidia hacia las personas con éxito

Por último, tenemos la envidia hacia las personas con éxito, que en realidad puede solaparase con el resto de envidias que hemos visto. Si se hace hacia un completo desconocido esta envidia puede ser la menos dañina para la persona envidiada, como por ejemplo un famoso, pero puede llegar a ser muy dura para quien la siente.

La explicación de por qué es especialmente dolorosa para quien la siente es simple. Una persona de éxito muy rara vez se molestará porque haya alguien que sienta envidia de él y trate de hacerle daño. La persona envidiosa poco puede hacer hacia un famoso que vive a kilómetros de él, además, la persona envidiada está acostumbrada a despertar envidias a donde vaya, así que es el pan suyo de cada día. No sufre mucho por ello.

En cambio, la persona que siente envidia puede llegar a sufrir mucho porque, haga lo que haga, nunca podrá alcanzar a aquella persona tan exitosa de la que sus hazañas y buena suerte le hacen corroer tanto.

En caso de que no aprenda a cómo gestionar su envidia, la persona envidiosa irá sintiendo poco a poco odio y rencor, emociones que lejos de motivarla para progresar en su vida persona e intentar ser feliz harán que se obceque en la vida de la persona a quien envidia, fracasando en la única vida que debería importarle: la suya.

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