La figura de Empédocles de Agrigento está envuelta en leyenda pues, además de filósofo, fue ampliamente conocido en su tiempo como un habilidoso médico.

Estas habilidades de galeno no dejaban de estar en sintonía con los conocimientos de la Grecia Clásica sobre las enfermedades y males del cuerpo, pues sus técnica médica se entremezclaban con el arte de la magia y el chamanismo y, claro está, con su filosofía.

Si bien de su vida no se sabe mucho, sí se conoce en profundidad su filosofía, la cual ha repercutido hasta nuestros días con respecto a qué elementos o “raíces” conforman la materia. Veamos aquí cómo fue su vida y obra a través de una biografía de Empédocles.

Biografía resumida de Empédocles de Agrigento

Empédocles de Agrigento nació en Akragas (también llamado Agrigento), Sicilia, probablemente entre los años 483 y 495. Como es frecuente entre los filósofos presocráticos, no es posible fijar con exactitud la fecha de su nacimiento, aunque sí que por testimonios indirectos se acepta como año de nacimiento el 495 a.C.

De su infancia no se conoce prácticamente nada, aunque sí se sabe que en su niñez su natal Agrigento gozaba de gran poder y fama gracias al tirano Terón (488-472). Nació en el seno de una familia ilustre, recibiendo una esmerada educación y, gracias a ello, llegó a ser jefe de la facción democrática de su natal Agrigento. Gracias a disponer de una buena posición social y de ganarse popularidad siendo médico-taumaturgo y científico, pudo ocupar importantes cargos en la vida pública.

Se sabe que en vida Empédocles motivó a cambios políticos. Tras la muerte de Terón y la subida al poder de su hijo Trasideo, la tiranía finalizó perdiendo el poder éste último. Fue entonces cuando Empédocles, defensor de la democracia, animó a los partidos que luchaban por el poder a parar el conflicto y cultivar la igualdad política. Es quizás por este motivo que, pese lograr gran fama entre sus conciudadanos, también se ganó muchos enemigos, motivo por el cual acabaría exiliándose en el Peloponeso.

La muerte de Empédocles, al igual que sucede con su propio nacimiento y figura, está envuelta en el misterio. De su fallecimiento se cuentan varias anécdotas, siendo la más conocida la de que él mismo se arrojó a las entrañas del volcán Etna en 423 a. C. Se dice que se inmoló así para poder adquirir fama entre los vivos y ser reconocido como un dios al morirse de forma tan épica. No obstante, esta historia fue descartada por el historiador Hipóboto.

Otra leyenda cuenta que, después de celebrar un sacrificio en un campo de Pisianacte, todos sus invitados, incluyendo a su discípulo Pausanias, se fueron del lugar, excepto Empédocles, que se quedó ahí. Al día siguiente el filósofo ya no se encontraba por ningún sitio y algún sirviente dijo haber escuchado una voz que lo llamaba, y después haber visto una luz celestial. Después de esto, Pausanias determinó que había llegado la hora de alabarle como si a un dios se tratara.

Pese a lo impresionantes que son estas dos historias lo cierto es que el dato más fiable sobre cómo falleció Empédocles de Agrigento lo tiene el historiador griego Timeo de Taormina. Éste sostiene que Empédocles de Agrigento falleció en el Peloponeso, seguramente en el año 423 a.C. exiliado y viviendo lejos de su natal Sicilia a la edad de 60 años.

Pensamiento y trayectoria como filósofo

Este filósofo y poeta griego fue el primero de los pensadores del eclecticismo pluralista, que intentó conciliar visiones contrapuestas de la realidad a que habían llegado Parménides y Heráclito.

Las cuatro raíces de la materia

Antes de la llegada del gran Sócrates en la escena filosófica helénica, la filosofía griega había supuesto la existencia de un principio constitutivo común en la naturaleza, llamado el arjé.

Filósofos como Tales, Anaximandro y Anaxímenes, los tres de Mileto, junto con la escuela de Pitágoras, quisieron encontrar este principio en diferentes fenómenos y aspectos naturales. Unos lo vieron en sustancias concretas, como el aire, el agua, mientras que otros lo vieron en la naturaleza abstracta o formal, como lo indeterminado, propuesto por Anaximandro, o el número, propuesto por la secta pitagórica.

A medida que estas ideas iban desarrollándose se iban acercando a las concepciones antitéticas de la realidad de Parménides y Heráclito. Para Parménides, lo real es uno e inmutable, siendo su transformación una simple apariencia. En cambio, para Heráclito era el incesante devenir, el cambio constante, la verdadera naturaleza de lo real. Empédocles vio en estas dos posturas dos ideas perfectamente en sintonía y que explicaban el comportamiento del mundo natural.

Así pues, la figura de este filósofo representa el primer intento por armonizar estas dos posturas, algo que también intentarían combinar Anaxágoras y los atomistas como Leucipo y Demócrito. Todos ellos aspiraron a una síntesis ecléctica, proponiendo al arjé no como un solo elemento o tipo de energía, sino pluralidad de ellos o bien un conjunto de partículas. Estos elementos tenían la capacidad de mantenerse inmutables.

En sus obras Empédocles establece la necesidad y perennidad del ser. Para ello estableció como principios constitutivos de todas las cosas cuatro “raíces” o “rhicómata”: el agua, el aire, la tierra y el fuego. Son estas cuatro raíces las que se corresponden a los principios o arjé propuestos por varios filósofos anteriores a Empédocles. Tales vio como arjé el agua, Anaxímenes el aire, Jenófanes la tierra y Heráclito el fuego.

Empédocles se diferencia de estos filósofos en que no es que la sustancia o arjé se convierta en todas las cosas habidas y por haber, sino que es la combinación en distintas proporciones de esas cuatro raíces lo que da como resultado los diferentes materiales y seres vivos de la realidad. También destaca la idea de que esas cuatro raíces siguen siendo lo que son, independientemente de cómo se combinen. Los elementos que constituyen la materia permanecen inmutables, por mucho que cambie el ser u objeto que constituyen.

El cambio en la proporción y cantidad de estas sustancias es la implicación de dos fuerzas cósmicas, a las que este filósofo llamó Amor y Odio. El Amor es la fuerza de atracción, que tiende a unir los cuatro elementos, haciendo que lo que es diferente se pueda mantener unido. En cambio el Odio actúa como fuerza de separación de aquello que se parece.

Cuando predomina totalmente el Amor, se genera una perfecta esfera, toda ella igual e infinita. Llegada a esta perfección el Odio comienza a actuar, deshaciendo toda esta armonía hasta conseguir la más absoluta separación, que vendría a ser representada en forma del más errático caos. Ante este caos el Amor interviene nuevamente, volviendo a unir todo. De esta forma, estas dos fuerzas trabajan de forma cíclica, dando vida a las diversas formas de materia en el cosmos, generando orden y desorden.

Sobre la naturaleza y la reencarnación

Empédocles dedicó un gran interés a la observación de los fenómenos naturales, contribuyen al conocimiento de su tiempo sobre botánica, zoología y fisiología. Además, expuso concepciones muy novedosas sobre la evolución de los organismos vivos y la circulación de la sangre. Curiosamente, este filósofo opinaba que el pensamiento se encontraba en el corazón, una idea que fue aceptada por mucho tiempo por la medicina.

Sus ideas sobre la evolución y transformación de todos los seres vivos dan pie para la teoría de la metempsicosis. De acuerdo con esta visión, los seres vivos expían sus delitos a través de una serie de reencarnaciones. Según Empédocles, las personas hemos sido varias cosas antes de morar en nuestro cuerpo, e incluso podríamos haber sido otros hombres y mujeres. Según su visión, solamente los hombres que logren purificarse podrán escapar del ciclo de las reencarnaciones, y volver a vivir en el mundo de los dioses.

Obras

A día de hoy solo se conocen unos pocos escritos de Empédocles de Agrigento. Entre los más destacables tenemos los escritos políticos, el tratado Sobre la medicina, el Proemio a Apolo, Purificaciones y el poema Sobre la Naturaleza. Éste último está incompleto, pues de los 5.000 versos que constaba la obra sólo han sido recuperados unos 450. Todas estas obras fueron escritas en forma de poemas.

La forma en la que Empédocles describe el mundo y cómo lo ve parece tener una muy fuerte influencia de Parménides, filósofo griego al que conoció en la ciudad natal de éste, Elea.

Influencias en otros pensadores

El nombre de Empédocles, aunque famoso, no es el de una de las grandes figuras de la filosofía griega, pero su teoría sobre las cuatro raíces acabaría siendo muy importante para el pensamiento occidental durante más de veinte siglos después de su existencia. Aristóteles adoptaría su teoría, cambiando el nombre de “raíces” por “elementos”, y sería esta teoría la más aceptada para explicar cómo era la materia hasta entrados el siglo XVIII.

Fue durante ese siglo que, gracias a la fundación de la química como ciencia moderna de la mano del químico, biólogo y economista francés Antoine Lavoisier que se descubriría que, en efecto, la materia estaba constituida por elementos. No obstante, no eran cuatro, sino cientos de ellos los que configuraban la materia. De hecho, los cuatro elementos originales no eran puros, pues el agua estaba hecha de hidrógeno y oxígeno, el aire era una mezcla muy dispar de gases, la tierra tenía infinidad de elementos y el fuego era energía en forma de plasma.

Entre los pensadores más cercanos a su tiempo tenemos a Platón, quien le sirvió para formular una teoría sobre la visión. En concordancia con la idea de Empédocles de que lo semejante se conoce por lo semejante, ambos postulan que en nuestro interior hay fuego y se parece al fuego exterior. Este fuego fluye, de manera sutil y continua a través del ojo, permitiendo la visión. Aristóteles señaló que la teoría del alma de Platón coincide con la de Empédocles, donde el alma está compuesta por las cuatro raíces que conforman la materia.

Llegando a tiempos más modernos y llegando a Alemania tenemos al poeta lírico Friedrich Hölderlin y el filósofo Arthur Schopenhauer. Hölderlin le dedica una obra al filósofo griego, con su “La muerte de Empédocles”, publicado entre 1797 y 1800. Schopenhauer tendría aprecio a la figura de Empédocles, tomando su teoría sobre el Amor y el Odio y la forma en cómo estas dos fuerzas estructuran la realidad, relacionándolo con su idea de la Voluntad ciega como principio de toda realidad y destino.

Friedrich Nietzsche también siente un interés especial por la figura de Empédocles. Él considera al griego como un pensador pesimista, pero que hace un uso activo y productivo del pesimismo. Sus esfuerzos se orientan hacia la consecución de la unidad, por medio de las fuerzas del Amor en varios ámbitos de la vida, especialmente en lo político y lo moral.

Sigmund Freud, en la misma línea que Schopenhauer, consideraría a Empédocles un antecesor muy clásico de su moderna teoría sobre el Eros (amor) y el Thanatos (muerte) en su obra “Análisis terminable e interminable”. Aunque el mismo Freud destaca que, si bien el filósofo helénico se basaba en una “fantasía cósmica”, la teoría freudiana reclama cierta validez biológica.

Referencias bibliográficas:

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