El final del siglo XIX y principio del XX supuso la llegada de la segunda revolución industrial y con ella una tecnificación de los procesos industriales.

Para entender mejor algunas de las metodologías que surgieron y que supusieron un impulso para las factorías, es necesario estudiar la vida de figuras como la de Frank Gilbreth. En estos párrafos conoceremos su vida y sus principales aportaciones a las ciencias del trabajo y más concretamente a la ingeniería industrial, a través de una biografá de Frank Gilbreth.

Breve biografía de Frank Bunker Gilbreth

Frank Bunker Gilbreth nació en Fairfield, perteneciente al estado de Maine en EEUU, en el año 1868. Sus orígenes fueron muy humildes, pues su madre daba clases en una escuela cercana y su padre compatibilizaba sus labores de ganadero con su trabajo en una ferretería. Además, su progenitor falleció siendo Frank Gilbreth muy pequeño, pues tan solo contaba con tres años de edad cuando este trágico hecho tuvo lugar. A raíz de la muerte de su padre, la familia decidió trasladarse a Andover, en el estado de Massachusetts.

La herencia de su padre se esfumó en pocos años, y el salario de la madre de Frank Gilbreth como maestra no era suficiente para poder mantener a su familia, teniendo en cuenta los exclusivos colegios a los que llevaba a sus hijos.

Por lo tanto, tomó la decisión de trasladarse de nuevo, esta vez a Boston, en busca de escuelas públicas de calidad donde los niños pudieran continuar sus estudios sin que esto supusiera el gran desembolso económico que tenía que hacer en su anterior ubicación.

Juventud y primeras innovaciones

Frank Gilbreth no era un alumno destacado en la escuela, aunque progresivamente fue centrándose más en estudiar, atrayéndole especialmente las asignaturas que tenían que ver con las matemáticas y las ciencias. Tanto es así que incluso realizó las pruebas para entrar al prestigioso MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), pero la situación económica de su casa hizo que finalmente renunciase a ello y en su lugar comenzase a trabajar para conseguir aliviar la presión financiera que sufría su madre.

Es así como, teniendo 17 años, empezó en su primer trabajo, nada menos que de albañil, por la mediación de un antiguo profesor. Y este punto fue clave en la vida de Frank Gilbreth para sus futuras aportaciones, ya que el trabajar como obrero le permitió observar las múltiples formas que había de realizar cualquier tarea, por simple que fuera, y se interesó siempre por encontrar la forma de optimizar al máximo todas ellas. Así, Gilbreth fue progresando y ascendiendo, al tiempo que estudiaba por las noches.

Con esa constancia y esfuerzo, Frank Gilbreth, en solo 5 años, ascendió a superintendente, lo que por fin consiguió aliviar la situación económica del hogar. Y es aquí cuando comenzó una etapa de innovación para la industria, gracias a su mente despierta y a su propia experiencia. La primera patente que lanzó fue la de un andamio vertical, cuya finalidad era la de permitir que el obrero siempre tuviera la pila de ladrillos accesible en el nivel en el que estuviera trabajando, sin tener que desplazarse constantemente.

Mejoró, asimismo, las estructuras en las que los obreros trabajaban, impermeabilizándolas. También se encargó de perfeccionar el trabajo con hormigón. En su meteórico crecimiento en la industria, se hizo miembro de la ASME, la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Mecánicos, y llegó a lo más alto que podía en la empresa, siendo ya superintendente jefe. Sin embargo, Renton Whidden, antiguo profesor y jefe desde hacía una década, no le dio la oportunidad de convertirse en socio, así que Frank Gilbreth emprendió su propia aventura.

Desarrollo de su carrera: Gilbreth Inc.

Comienza una etapa de crecimiento para Frank Gilbreth. Ya convertido en ingeniero administrativo, continúa registrando patentes de diferentes invenciones, comienza trabajos como contratista igualmente en el sector de la construcción, e incluso llega a ejercer como profesor en la Universidad de Purdue.

Durante esta época también contrae matrimonio con Lillian Moller, ingeniera industrial y psicóloga, que será además su compañera en posteriores trabajos e investigaciones.

Ya como contratista, Frank Gilbreth sigue pensando métodos para hacer más eficientes las tareas de albañilería. Para estas cuestiones, es vital el trabajo de su mujer, gracias a sus estudios.

Por ello, ambos fundan Gilbreth Inc., una consultoría de gestión especializada en optimizar los procedimientos de las empresas. Frank Gilbreth y su esposa se encargan de diseñar los planes de trabajo para construir edificios tan importantes como el almacén de Sioux City de la Simmons Hardware Company.

El plan de construcción de este enorme edificio fue perfecto para poner en práctica todos los estudios de Frank Gilbreth y su esposa.

Tanto la propia construcción del bloque, como el diseño de las instalaciones para que en su interior se realizasen las correspondientes tareas de los operarios de una forma totalmente eficiente, optimizando el flujo de entrada y de salida de materiales, a través de un sistema de vías de ferrocarril donde gestionaban la llegada y la partida de vagones.

Los estudios del movimiento

En 1917, Estados Unidos entra en la Primera Guerra Mundial, que ya se libraba en Europa desde el 1914. En este período bélico, el gobierno contrata los servicios de Frank Gilbreth para que aplique sus conocimientos de ingeniería industrial al sector armamentístico.

Para ello desarrolló un método que consistía en los 17 movimientos básicos que requería el montar y desmontar un arma, con una optimización total. Para crear este procedimiento utilizó cámaras de vídeo. Bautizó este método como los “therbligs”, anagrama de su propio nombre.

La estandarización de estos movimientos básicos era tan potente que, una vez aprendida, los soldados eran capaces de desmontar y volver a ensamblar sus armas incluso teniendo los ojos vendados, lo cual se podía extrapolar a condiciones de baja visibilidad en las trincheras o momentos en los que no pudieran mirar directamente debido a la situación de la batalla. En otras palabras, a través de los 17 movimientos básicos, perfeccionó de alguna manera la forma de hacer la guerra.

Frank Gilbreth ya había aportado su pericia en el estudio del movimiento al sector de la construcción y al de la industria bélica. Pero no terminó ahí su aportación.

También llevó estos conocimientos a la sanidad, pues fue quien propuso la figura del asistente en los quirófanos, de manera que una persona se encargara de entregar al cirujano todo el instrumental a medida que lo iba necesitando, para que él no se tuviera que mover ni perdiera la concentración en una tarea de tantísima precisión.

Aunque muchas personas asocian estas contribuciones con las de Frederick Taylor y su Taylorismo, lo cierto es que esa corriente iba en la línea de minimizar los plazos de producción, mientras que Frank Gilbreth lo que buscaba era una total optimización y eficiencia, mediante la realización del número de movimientos justos para realizar una tarea. Aunque ambas metodologías pueden tener partes en común e incluso solaparse en algunos procedimientos, lo cierto es que son conceptualizaciones diferentes.

Esta diferencia de visiones se tradujo incluso en una cierta enemistad a nivel personal entre ambas familias y algunas disputas a nivel comercial por algunas de las patentes que ambos registraron. En años posteriores a la muerte de Frank Gilbreth, Lillian se esforzó por terminar con esas rencillas y recuperar una relación cordial entre su familia y la de Frederick Taylor.

Los estudios de Frank Gilbreth y su esposa trajeron otra aportación, y es que, al reducir los movimientos de los operarios, también lograron que la fatiga que experimentaban en su jornada laboral disminuyera.

Esto se lograba no solo proponiendo menos movimientos para la tarea, sino también proponiendo nuevos diseños para algunas herramientas, y colocando los elementos necesarios para el trabajo en unas posiciones y alturas determinadas. En otras palabras, estaba creando la ergonomía en el trabajo.

Fallecimiento y legado

Frank Gerbreth falleció en el año 1924, con tan solo 55 años, a causa de un infarto, dejando viuda a Lillian y huérfanos a sus doce hijos. Y es que ambos habían conformado una extensa familia que además les había valido para poner en práctica y perfeccionar algunas de sus técnicas de optimización, pues tenían en su propia casa a doce participantes perfectos para todos sus experimentos.

Gracias a esas pruebas, uno de sus hijos escribió, ya de adulto, la famosa obra de Cheaper by the Dozen, o Doce en casa, que incluso tuvo su versión cinematográfica, y conforma parte del legado de Frank Gilbreth, junto con todas sus aportaciones a la ingeniería industrial, la ergonomía y la mejora de diferentes procesos productivos. Sin duda, una figura clave para la evolución de la forma de trabajar, tanto en las fábricas como en multitud de profesiones.

Referencias bibliográficas:

  • Baumgart, A., Neuhauser, D. (2009). Frank and Lillian Gilbreth: scientific management in the operating room. BMJ Quality & Safety.
  • Nadworny, M.J. (1957). Frederick Taylor and Frank Gilbreth: competition in scientific management. The Business History Review.
  • Price, B. (1990). Frank and Lillian Gilbreth and the motion study controversy, 1907-1930. A Mental Revolution: Scientific Management Since Taylor.