Cuando la depresión no cursa solamente con tristeza

Veamos de qué manera se relaciona con la tristeza la depresión.

Cuando la depresión no cursa solamente con tristeza

Habitualmente, las personas asocian la depresión mayor (que es el término diagnóstico), coloquialmente llamado “depresión”, a la emoción “tristeza”, asumiendo que la persona deprimida expresará predominantemente tristeza, la mayor parte del día, en la mayoría de los ámbitos de su vida y con la mayoría de personas de su entorno.

Ahora bien, algunas personas se sienten muy confundidas porque alguien que conocen ha tenido ideación suicida, o se ha suicidado, y sin embargo aparentemente no mostraban tristeza, porque aparecían en sus redes sociales, parecían hacer una vida normal, sonreían, se socializaban, etc. Esta confusión puede deberse a la simplificación que se hace al asumir que si no estás triste y/o no lo expresas verbal o no verbalmente, no puedes estar deprimido. Esto conduce a la incredulidad y sorpresa de las personas del entorno de la persona deprimida, lo que agrava el sentimiento de incomprensión del depresivo, que se siente aislado, diferente y poco atendido por su entorno.

La compleja relación entre la depresión y la tristeza

La persona con ideación suicida, o que lleva a la acción dicha ideación, siempre atraviesa problemas psicológicos que le conllevan sufrimiento y aparición de pensamientos muy negativos. En muchas ocasiones probablemente padece depresión mayor.

Por eso, parece importante aclarar que la sintomatología depresiva es más compleja y una persona puede padecer este trastorno, presentando síntomas más insidiosos y no tan evidentes como la tristeza, que quizá se conocen menos pero que forman parte de los criterios a valorar para realizar un diagnóstico. El hecho de que las personas conozcan con algo más de profundidad este trastorno, puede hacer que se actúe antes, favoreciendo la comprensión y apoyo emocional de la persona que lo sufre.

Así que, más allá de la tristeza, queremos indicarte algunos otros síntomas depresivos para que los puedas identificar con mayor claridad si tu, o alguna persona de tu entorno, pudiera estar sufriéndolos:

1. Tendencia a atribuirse la culpa de todo lo que ocurre alrededor

Pensamientos del tipo “la culpa es mía”, “debería haber hecho esto, o no haber hecho esto otro”, “lo hago todo mal”, que se acompañan de sensación de ser culpable, casi de forma constante. Este tipo de pensamientos negativos tienen una frecuencia y duración que producen malestar en la persona, al provocarle emociones como la culpabilidad, rabia, frustración e incluso odio hacia sí mismo.

2. Apatía y anhedonia

Es decir, falta de interés, motivación y entusiasmo, así como dificultad para disfrutar de las cosas que antes se disfrutaban. La persona puede estar intentando disfrutar de las actividades que antes le generaban satisfacción sin conseguir divertirse realizándolas. Esto provoca que vaya dejando de hacerlas, al no generarle bienestar, por lo que cada vez realiza menos actividades, y tiende a aislarse.

Esto le hace entrar en un bucle, ya que no hace actividades, porque no le satisfacen, y como no le satisfacen cada vez está más inactivo. Por lo tanto, comienza a tener pensamientos como “no tiene sentido que haga esto, ya que no me apetece”, “será mejor que me quede sin hacer nada”, “no me sentiré mejor al hacerlo”, que le van metiendo en una espiral negativa de pasividad e inactividad.

3. Cambios importantes en el sueño y/o alimentación

Por ejemplo, modificación importante de las cantidades y frecuencia de la ingesta de comida, una pérdida o aumento brusco de peso, o bien dificultades para iniciar o mantener el sueño (insomnio), o por el contrario dormir en exceso (hipersomnia). Los pilares fundamentales del bienestar de una persona son el sueño y la alimentación, por lo que es difícil que se pueda sentir bien con dichos pilares trastocados, ya que sobre ellos se fundamentan el resto de actividades y necesidades del día a día.

4. Irritabilidad e irascibilidad

Es decir, tendencia a enfadarse con facilidad y de una forma desajustada, presentando susceptibilidad. El enfado y la rabia están presentes de forma frecuente en estas personas, que se sienten vulneradas y afectadas con facilidad. Tienden a presentar pensamientos como “nadie me entiende”, “los demás deberían hacer esto o lo otro”, etc., que les producen emociones como la frustración y les hacen sentirse incomprendidos. Por lo que sus reacciones pueden ser desmedidas y su actitud irascible. En los casos más graves, la persona puede presentar dificultades para expresar emociones, llorar... padeciendo cierta “sedación emocional”.

Para terminar...

Conocer otros síntomas que pueden indicar que te encuentras deprimido, o que alguien de tu entorno lo está, va a favorecer que esa persona reciba ayuda antes. Si te sientes identificado, no dudes en acudir a un profesional de la salud mental.

Si identificas a alguien de tu entorno no le juzgues, ni minimices lo que le ocurre. No dudes en sugerirle que reciba ayuda y en acompañarle si le cuesta dar el paso. Tanto el médico de cabecera, como los especialistas en salud mental (psiquiatra y psicólogo) pueden realizar una adecuada primera evaluación, valorando la gravedad de los síntomas y decidiendo los siguientes pasos a seguir para intervenir. En ocasiones se requiere de psicoterapia, mientras que en otras ocasiones se requiere de una combinación de tratamiento farmacológico y psicológico.

Con el adecuado tratamiento, los diferentes y complejos síntomas de la depresión van a verse reducidos y la persona afectada va a mejorar significativamente su salud mental y su calidad de vida.

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