Ella había estado durante años atrapada y ahora ya llevaba un año libre, fuera de la jaula y del control de su expareja. Su vida había cambiado. La hija y el hijo habían tomado partido a favor de él. Ahora vivían en casa ella y el hijo que ni le hablaba. Ni siquiera la miraba cuando, con monosílabos, respondía a sus preguntas. Harta y empoderada, ella se cuadra frente a él: no haré más lavadoras tuyas si no eres capaz de saludarme.
Hoy me explicaba cómo ayer, mientras el hijo tendía la ropa, ella se había escondido en el baño a llorar. Ella lloraba y yo la veía más fuerte que nunca. Antes todo quedaba nada: incluso durante este año separados ella se había ofrecido como ayuda al marido, quien la había rechazado.
Y no lo hacía por retomar nada junto a él. Lo que la movía era seguir siendo ese ser complaciente que desde pequeña había aprendido en casa, cuando su padre invitaba a amigos y ella no podía comer nada de la mesa, aún teniendo hambre, hasta que finalmente en medio del banquete su padre le acercaba un plato y le decía: ¿Quieres, coge un poco?. Así aprendió que primero van los de fuera, antes que sus propias necesidades, me explicaba.
Pero hoy había roto con eso; hoy no ponía lavadoras. Hoy le caían las lágrimas però cumplía sus promesas. Se escuchaba y se tenía en cuenta. Ese día trajo a la sessión una ilustración. «Ayer la vi; era yo», me dice llenándome de curiosidad; me encantan las ilustraciones. En el dibujo había una jaula abierta y un pájaro fuera con otra jaula como cabeza. «Este pájaro soy yo, con todo lo que me digo a mi misma, con todo lo que me limito», me dice. Y algo en mi se remueve, porqué yo no la veo así. Veo valentía, veo fuerza, no veo ninguna jaula en ella. Y siento una incongruencia entre lo que ella me dice y lo que yo percibo.
Le pregunto por esa jaula que ella ve y yo no. Siempre la acompaña? Me mira emocionada y me da las gracias. «Contigo dejo a veces de sentirla o cuando me concentro en el arte también dejo de sentirlas». Eureka, aquí la clave de por qué no veo la jaula. Gracias. Y pienso qué está bien preguntar sobre lo que no veo, lo que no me cuadra, lo que no entiendo. Volvemos a girar en la misma órbita, de la mano. Ahora siento de nuevo que juntas esa jaula puede, despacio, desaparecer.