Un resumen de las ideas en las que se basa el modelo biomédico.

La salud es uno de los grandes bienes de todo ser humano. La atesoramos y luchamos por conservarla, pese al paso de los años y las adversidades sobre el cuerpo y la mente que se asocian al vivir.

No obstante, definir qué es la salud no resulta sencillo. Con este propósito se han postulado distintas perspectivas, la mayoría procedentes del pensamiento filosófico sobre la ontología del hombre y la mujer.

El modelo biomédico es el más tradicional, forjado al calor del positivismo del siglo XVIII. En este artículo definiremos sus aspectos más esenciales, así como su impacto sobre cómo entendemos la salud y su cuidado.

¿Qué es el modelo biomédico?

El ser humano es muy complejo, por lo que cualquier intento por reducirlo a una definición sencilla está condenado a caer en sesgos reduccionistas. Son evidentes las dimensiones físicas, psicológicas y sociales que subyacen a cada uno de nosotros; y que construyen las parcelas fundamentales de nuestra realidad orgánica, mental e interpersonal. Todas ellas, en su virtualmente infinita manera de interactuar, dan forma a la persona en toda su extensión.

Este hecho es obvio cuando reflexionamos sobre nuestra naturaleza, pero no lo es tanto cuando abordamos uno de sus aspectos más fundamentales: la salud. En este ámbito, y durante muchos años, la medicina se sustentó sobre el más absoluto de los dualismos cartesianos. Así, cuerpo y mente acabarían entendiéndose como entidades estancas e inconexas, gobernadas por lógicas distintas y carentes de cualquier punto de contacto.

Esta es la base epistemológica y filosófica del modelo biomédico de salud, para el cual esta se limita solo a los aspectos observables del organismo. Como consecuencia de ello, todas las enfermedades podrían ser explicadas a través de cambios anatómicos o funcionales en los tejidos, o de la acción de patógenos externos. Su identificación se fundamentaría en signos objetivos y cuantificables, mientras que el resto de factores que pudieran mediar serían solo epifenómenos secundarios.

El modelo biomédico entiende que cualquier patología tiene una única causa, y que al ser esta de naturaleza puramente física, la acción que se acometa para resolverla implicará una manipulación quirúrgica o farmacológica. Para alcanzar este propósito se recurriría a dos estrategias básicas: el diagnóstico médico (a través de técnicas que exploren la integridad o función de los distintos órganos y sistemas) y la intervención (mediante la modificación de la estructura anatómica o el restablecimiento del equilibrio químico).

¿Qué aspectos positivos tiene el modelo biomédico?

El modelo biomédico tiene un cariz positivista, el cual se basa en el método experimental para determinar los resortes relacionados con el proceso de enfermedad. Por este motivo, ha facilitado trazar hipótesis explicativas útiles sobre el funcionamiento del cuerpo y de las patologías que lo amenazan a lo largo de la vida. Este conocimiento ha permitido generar tratamientos curativos, contribuyendo de una manera relevante a recuperar la salud cuando esta se ha perdido.

La supervivencia de este modelo biomédico, durante siglos, es una prueba elocuente del beneficio que del mismo se desprendió. No obstante, en la actualidad se le reconocen una serie de carencias que han motivado cambios cualitativos en la atención que se ofrece a las personas enfermas.

¿Qué aspectos negativos tiene el modelo biomédico?

El modelo biomédico constituyó la perspectiva dominante desde el siglo XVIII, y hasta bien entrado el siglo XX. Es honesto reconocer su contribución al avance del conocimiento sobre los factores orgánicos relacionados con la salud, los cuales son muy relevantes, aunque insuficientes para definirla integralmente. No en vano la Organización Mundial de la Salud (OMS) la describió, en el preámbulo de su constitución (1946), como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. En lo sucesivo ahondaremos en algunas de sus limitaciones como modelo teórico para la salud.

1. Foco en los aspectos fisiológicos de la salud

En la línea de la definición propuesta por la OMS; la salud debe ser entendida como un fenómeno poliédrico en el que componentes físicos, psicológicos y sociales se expresan en compleja e íntima interacción. De este modo, una persona no podría considerarse "sana" cuando careciera de patologías físicas pero adoleciera de problemas emocionales, o se encontrara aislada de su entorno social y/o cultural.

Esta forma de entender la salud posibilita un marco explicativo desde el cual comprender evidencias actuales, como que las patologías del cuerpo motiven un proceso de adaptación afectiva/emocional o que la soledad reduzca la esperanza de vida. El énfasis circunscrito a lo orgánico obviaría, en cambio, potenciales causas y consecuencias de algunos de los problemas más comunes a los que se enfrenta la sociedad.

El modelo biomédico entiende lo orgánico como la única variable digna de considerar, orientando todos los recursos diagnósticos y terapéuticos en esta dirección. Esta forma de proceder peca de cierto reduccionismo en lo relativo al conocimiento actual sobre la salud humana.

2. Foco en la cura de la enfermedad, pero no en la promoción de la salud

El modelo biomédico es eficiente a la hora de detectar una enfermedad cuando esta ya se encuentra presente, incluyendo en el mejor de los supuestos una prevención terciaria (evitar empeoramientos o complicaciones físicas), pero descuidando la prevención primaria (que se extiende a toda la sociedad para reducir la prevalencia o incidencia de un problema de salud) y la secundaria (que se concentra en aquellos individuos que se encuentran en una situación de riesgo o vulnerabilidad).

3. Restricción en la toma de decisiones del enfermo

El modelo biomédico atribuye al profesional sanitario un papel omnipotente en todo el proceso, reduciendo la participación activa de la persona enferma. Este rol pasivo contempla al paciente como un ser indefenso ante las adversidades que le han correspondido vivir, y que actuaría como simple receptáculo de los procedimientos terapéuticos que se decidan para él. Es, por tanto, un prisma paternalista.

Actualmente sabemos que estimular la toma de decisiones en la persona enferma y en su familia promueve una mayor sensación de control sobre la situación de salud, lo que tiene un impacto positivo en la adherencia terapéutica y en el pronóstico de la patología. Además de, obviamente, sobre la motivación y la emoción. Por ello, una de las funciones de quienes proporcionan cuidados es informar sobre la enfermedad y las opciones de las que se dispone para su tratamiento, fomentando una elección cabal y consensuada.

4. Esperanza de vida y calidad de vida

El modelo biomédico tiene como propósito fundamental mantener la vida, aunque no repara del mismo modo en el estímulo de su calidad. La calidad de vida es una dimensión compleja que comprende la integración de aspectos físicos (función del propio cuerpo, autonomía, dolor, etc.), psicológicos (bienestar emocional, satisfacción con la existencia, etc.) y sociales (relaciones personales, contacto con el entorno, aprovechamiento de recursos asistenciales, etc.); que se encuentran ligados también a lo cultural y subjetivo.

El hincapié en lo orgánico permite aumentar la esperanza de vida, pero no ofrece solución alguna para mejorar su calidad más allá del mantenimiento de la función. De hecho, tal actitud ha implicado ciertas consecuencias iatrogénicas en el pasado, que hoy tratan de evitarse (como el encarnizamiento terapéutico cuando se intenta evitar la llegada de la muerte en enfermos terminales). Si bien es importante que la vida sea duradera, no habría de limitarse a un simple acúmulo de años.

5. Énfasis en el etiquetaje

El diagnóstico de una condición de salud, especialmente en el ámbito de lo psicológico, supone el proceso de abstraer una expresión compleja para ubicarla en el estrecho margen de las descripciones clínicas que constan en los manuales diseñados para este propósito. No obstante, la realidad de los problemas que comprometen la integridad psicológica tiende a imponerse a todo intento de clasificación, perdiéndose una parte de su riqueza durante la identificación y el etiquetaje.

El diagnóstico es pertinente para delimitar un fenómeno que requiere de intervención, así como para facilitar la comunicación entre los distintos profesionales, aunque también puede suponer una pesada losa para la persona que lo recibe. Así pues, es crucial sopesar los pros y los contras que pudieran derivarse de ello, y priorizar los esfuerzos en el abordaje de los síntomas individuales de cada cual. El énfasis diagnóstico es una herencia procedente de las tradiciones biomédicas, cuya utilidad en el ámbito de la salud mental está sujeta siempre a un constante debate.

El modelo biopsicosocial: un camino hacia la integración

El modelo biopsicosocial de la salud parte de las debilidades que se han destacado para la perspectiva biomédica; y pretende aunar lo biológico, lo social y lo psicológico en un todo coherente. Se trata de una perspectiva a partir de la cual se ha abogado por la humanización de toda intervención sanitaria, promoviendo una percepción integral de la persona no solo en el contexto de su vulnerabilidad física, sino también de su propia individualidad y de sus necesidades particulares.

La atención a la vida emocional, la motivación o el pensamiento; así como a los vínculos familiares y comunitarios; ha facilitado un marco más amplio en la comprensión de la salud y la enfermedad. Esta panorámica, que implica el esfuerzo sinérgico de múltiples profesionales dirigido a cubrir todas las esferas de lo humano, permite una atención más completa a lo largo del camino que habrá de recorrerse por recuperar la salud y el bienestar.

Referencias bibliográficas:

  • Havelka, M., Lucanin, J.D. y Lucanin, D. (2009). Biopsychosocial Model - The Integrated Approach to Health and Disease. Collegium Antropologicum, 33(1), 303-310.
  • Wade, D. y Halligan, P.W. (2005). Do biomedical models of illness make for good healthcare systems? British Medical Journal, 329, 1398-1401.