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Dolor social: características, causas y factores psicológicos asociados

Un resumen de las características del dolor social y de sus causas sociales y neurológicas.

Dolor social

El dolor es una experiencia desagradable que sufren los seres vivos en una parte de su cuerpo, siendo causado por diversos motivos y cabiendo destacar dos tipos de dolor: el dolor físico y el dolor social.

Existe bastante consenso en que dolor social podría definirse como una experiencia emocional que resulta desagradable y se desencadena cuando una persona se siente rechazada por otras personas con las que desea integrarse socialmente, de forma que este rechazo puede producirle los mismos sentimientos de sufrimiento que si experimenta dolor físico.

En este artículo se intentarán explicar las diferencias y características comunes entre el dolor físico y el dolor social.

El concepto de dolor

Cuando hablamos del concepto de dolor nos estamos refiriendo a una experiencia universal en todos los seres; sin embargo, las distintas maneras de sufrir dolor y las diversas maneras de sentirlo presentan muchos matices.

Por ejemplo, cuando nos hacemos un corte sin querer en un dedo mientras estábamos cortando un limón en rodajas, lo más probable es que sintamos dolor en ese dedo; mientras que también solemos sentir dolor cuando sentimos el rechazo de un ser querido o de una persona a la que admiramos.

La palabra para referirse a esa sensación que vivimos en ambos casos es el dolor; sin embargo, el origen que lo causó es totalmente distinto. Entonces cabe preguntarse si los mecanismos fisiológicos subyacentes a ambos tipos de dolor son similares.

¿Qué es el dolor social?

El dolor social se define como una experiencia emocional que resulta molesta y desagradable, siendo desencadenada cuando una persona se siente rechazada por otra persona o por un grupo de personas con las que desearía relacionarse, de manera que este rechazo sufrido puede producir a esa persona un sufrimiento muy similar al que experimentaría a causa de un dolor físico. Además, el dolor social también incluye experiencias de soledad, ostracismo, apilamiento, duelo, pérdida, rechazo, conflictos interpersonales y feedback social negativo.

En la actualidad, hay investigaciones que han permitido conocer el papel del factor social en las personas para adaptarse al dolor y sobre cómo las fluctuaciones en el estado de ánimo o en la conducta pueden desencadenar respuestas de apoyo en otras personas y también cambios en sus relaciones sociales. Asimismo, una investigación en el ámbito de las neurociencias ha permitido identificar una vía neuronal subyacente compartida en las emergencias del dolor social y el dolor físico.

El rechazo social de una persona es experimentado por ella misma con sentimientos de dolor debido a que su reacción a ese rechazo está medida por los mismos sistemas neurológicos de procesamiento que si estuviera experimentando dolor físico.

Es por ello que el rechazo social, sufrir bullying, y otras formas que hagan que una persona se sienta excluida socialmente, está demostrado que causarán dolor social en la persona que lo sufre, siendo un dolor profundo y devastador a diversos niveles. Experimentando el cerebro de la persona ese dolor social como si acabara de sufrir un golpe físico.

Resulta fundamental dar la importancia que merece al bullying o cualquier forma de rechazo social que sufren diariamente muchas personas, destacando los niños, por lo que tanto la psicología como las neurociencias han realizado numerosos estudios al respecto.

Además, es frecuente que las personas y la sociedad en general no den la misma importancia a violencia social, fruto del rechazo que desencadene en el aislamiento de la persona que ha sido rechazada, que a la violencia física, a pesar de que el dolor experimentado en ambos casos es bastante similar, pudiendo llegar a dejar peores secuelas psicológicas el dolor social.

Relación entre el dolor social y el dolor físico

El dolor social y el dolor físico, cuando son sufridos, llegan a activar regiones cerebrales similares como manera de responder a la experiencia emocional sufrida a causa de los dos tipos de malestar. Y es que ambos son capaces de activar estados emocionales disfóricos, causar patrones de evaluación cognitiva y también motivar cambios comportamentales.

A su vez, investigaciones que han analizado ambos tipos de dolor han podido descubrir que las personas que son más sensibles al dolor físico, en la mayoría de los casos suelen serlo también al dolor social. También se ha llegado a relacionar la sensibilidad hacia la experimentación del dolor físico con las experiencias de rechazo o apoyo social y el dolor social.

Características del dolor social

Experimentos sobre el dolor social

Una investigación estudió la neurofisiología del dolor social con técnicas de resonancia magnética funcional (RMNf), descubriendo que las áreas cerebrales involucradas en la angustia que supone el dolor físico también juegan un papel relevante en la angustia provocada por una experiencia social fallida que ha resultado dolorosa para la una persona.

Por otro lado, las personas que tenían un mayor apoyo social o una vida social más ajetreada mostraron una menor actividad en aquellas áreas cerebrales involucradas tanto en el dolor físico como en el dolor social. Esta investigación pudo demostrar que sufrir una evaluación negativa a nivel social, acompañada de comentarios negativos que denotan rechazo hacia su persona por parte de otros, activa regiones del cerebro que están relacionadas con la dimensión afectiva del dolor.

Se han llegado a desarrollar hipótesis y teorías científicas acerca de la utilidad biológica que podría tener esa superposición entre el dolor social y el dolor físico como mecanismos evolutivos para servir como una herramienta a los animales sociales para responder ante distintas amenazas a la inclusión social.

Hay otras investigaciones que sugieren que en los animales y en los humanos hay una convergencia entre los dos tipos de dolor a diversos niveles, ya que debido al largo proceso de desarrollo y camino hacia la madurez que experimentan los seres humanos, el sistema que tienen de apego social podría haber sido superpuesto sobre el sistema del dolor, tomando como suya también esa señal de percibir el dolor ante el rechazo social para evitar las consecuencias tan perjudiciales que supone para el ser humano la separación social y el aislamiento.

Cuando una persona sufre dolor social de manera puntual, su manera de responder a ese suceso negativo podría ser socialmente adecuado; en cambio, si ese dolor social llegase a convertirse en una afección crónica, su autoestima se podría ver afectada, al mismo tiempo que podría llegar a desarrollar sentimientos de rechazo hacia los demás y comportarse de manera contra ellos, de manera que utilizaría unas estrategias de afrontamiento ineficaces, a la par que perjudiciales, reduciendo sus intenciones de tener un comportamiento prosocial.

También hay estudios sobre el dolor social que han encontrado que este dolor tiene una tendencia a volver a aparecer años después de que la situación social negativa vivida en el pasado haya concluido, de manera que se han encontrado casos reales de adultos que siguen experimentando sentimientos desagradables relacionados con el dolor social que podrían estar estrechamente relacionados con el bullying sufrido durante la infancia.

Asimismo, se descubrió que si se pedía a unas personas que habían sufrido experiencias sociales negativas en el pasado, 5 años atrás como máximo, experimentaron un intenso dolor al revivirlas mentalmente.

Un metaanálisis en el que se estudió de manera exhaustiva una muestra de 308.849 personas, durante un periodo de seguimiento (7 años y medio), reflejó entre sus resultados que las personas que mantenían relaciones sociales sanas y fuertes vínculos con otras personas solían gozar de una mejor salud y también se estimaba que tenían unas probabilidades de supervivencia hasta un 50% mayores; siendo comparable con la acción de dejar de fumar a largo plazo. Además, el aislamiento social superó a otros factores de riesgo para la salud como el sedentarismo y la obesidad.

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Psicólogo

Mario Arrimada es Graduado en Psicología en la Universidad Pontificia de Salamanca y dispone de un Máster de Actualización en Intervención Psicológica y Salud Mental en la Universidad a Distancia de Madrid. Varios cursos de formación, entre ellos el de Experto en Trastornos de la Personalidad con la Asociación Española para el Fomento y Desarrollo de la Psicoterapia, de Experto en Mindfulness y de Experto en DSM5 y CIE11, ambos en la UDIMA.

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