La psicopatía ha generado fascinación desde siempre. Es por ello que personajes con los rasgos que le son propios han protagonizado muchas obras en la ficción, algunas de ellas ampliamente laureadas.

Se trata de individuos que han sido retratados como seres perversos, capaces de los más perturbadores actos y envueltos en un halo de misterio. Pero, ¿se ajusta este estereotipo a la realidad del problema?

En este artículo reflexionaremos sobre la cuestión y responderemos a una pregunta que se plantea con mucha frecuencia: ¿es la psicopatía una enfermedad?

Para hacerlo es elemental descender primero donde esta habita, para definirla y trazar una línea que diferencie a los psicópatas del resto de las personas.

Qué es la psicopatía: diez rasgos esenciales

A continuación presentamos los rasgos más comunes de este fenómeno, mediante los que podremos responder a la pregunta planteada: ¿es la psicopatía una enfermedad?

Los puntos que se abordarán describen formas de pensar, sentir y actuar de estas personas; aunque no siempre se presentan en todos los casos.

1. Dificultad para aprender del pasado

Las personas con psicopatía tienen muchas dificultades para aprender de los hechos que vivieron en el pasado y que supusieron para ellas algún perjuicio. Por este motivo, pese a que sean penalizadas por llevar a cabo una conducta que transgreda los derechos de los demás, el castigo que se les impone no ejerce sobre ellas ningún efecto disuasor. Así, suelen mantener sus conductas pese al esfuerzo de los jueces por imponer penas severas a sus delitos.

Este rasgo ha sido muchas veces objeto de polémica, pues cuestiona uno de los pilares básicos del sistema judicial: la reinserción de las personas que cometen actos ilegales. Se trata de un argumento usado con frecuencia para defender el uso de medidas más duras para aquellos delincuentes que cometen actos especialmente luctuosos.

2. Baja responsabilidad

Las personas con psicopatía suelen tener un bajo sentido de la responsabilidad, por lo que pueden ser incapaces de mantener su trabajo o estudios el tiempo necesario para progresar. A ello contribuye, además, cierta necesidad de estimulación y una sustancial facilidad para el aburrimiento.

Este rasgo también tiene, como contrapartida, la tendencia a atribuir a los demás la culpa de todos los contratiempos y las vicisitudes que puedan vivir (lo que mina el estado emocional de quienes están a su alrededor).

3. Visión utilitarista de las relaciones

Una de las características más elementales de la psicopatía es la visión pragmática de las relaciones sociales, lo que implica que sean percibidas como un medio para satisfacer sus necesidades. Por tanto, pueden esforzarse por mantener un vínculo siempre y cuando les reporte algún beneficio personal, perdiendo el interés cuando este avanza hasta un punto en el que se requiera de cierta reciprocidad o se cuestione el deliberado desequilibrio al que aspiran.

Este hecho se ve potenciado por el particular perfil de estas personas en lo concerniente a la empatía. En concreto, se observa un déficit en la empatía de tipo emocional (capacidad de sentirse identificados en el dolor ajeno y de tener compasión), pero una total preservación de sus dimensiones cognitivas (capacidad de inferir los estados internos de los demás y de prever su conducta). Pueden, por tanto, hacer uso de este conocimiento en su propio interés (manipulación, mentira, etc.).

4. Problemas en el control de los impulsos

Las personas con psicopatía presentan una notable dificultad para controlar los impulsos, esto es, para inhibir una conducta que pueda suponer implicaciones adversas (para ellos o para los demás). Esta incapacidad (junto a la intolerancia a la frustración) dificulta la gestión de las emociones ante situaciones en las que se impide una meta que juzgan importante, facilitándose la irrupción de actos violentos o peligrosos.

Las conductas de riesgo más frecuentes en estos sujetos serían: encuentros sexuales de riesgo, consumo de sustancias, búsqueda de sensaciones extremas o peleas. Este es uno de los motivos por los que pueden aparecer trastornos mentales comórbidos, sobre todo la dependencia a las drogas.

5. Encanto superficial

Las personas con psicopatía pueden resultar atractivas en las distancias cortas y en los contactos que no implican profundidad, como los intercambios que se dan en el contexto académico o el laboral. Se trata de individuos que son descritos muchísimas veces como encantadores, solícitos y educados; por lo que cuando incurren en algún acto reprobable, el entorno social suele mostrarse sorprendido o incluso contrariado.

Esta máscara social suele utilizarse por ser la que aumenta la probabilidad de interactuar con los demás de un modo provechoso. No obstante, si las relaciones alcanzan un grado mayor de profundidad, es difícil mantenerla. Este hecho explicaría que los más allegados subrayen para ellos una serie de rasgos que difieren, o incluso se oponen diametralmente, a los que utilizan las personas cuya relación con el psicópata es meramente superficial.

6. Conductas antisociales

La conducta antisocial es muy frecuente entre psicópatas. Incluye actos que generan algún perjuicio para terceros en los ámbitos de lo económico, lo psíquico, lo físico o lo moral; y que pueden resumirse como reyertas, robos, destrucción, abuso, acoso, estafa, amenaza u otras expresiones de violencia interpersonal. No obstante, existe un porcentaje elevado de estas personas que jamás incurre en ellas, por lo que se integra plenamente en la sociedad.

El manual DSM5 incluye el trastorno antisocial de la personalidad como el diagnóstico más cercano a la psicopatía (basado sobre todo en la comisión de delitos desde edad temprana), pero no dispone de criterios específicos para la última. Esta forma de clasificación es objeto de muchas críticas, puesto que no todos los psicópatas llevan a cabo actos delictivos en su vida.

7. Fuerte agresividad

Las personas con psicopatía pueden mostrar conductas muy agresivas, en el amplio sentido del término. Estas no se limitan únicamente a su dimensión física, sino que también pueden adoptar una expresión encubierta e insidiosa (hostilidad), sobre todo cuando ven impedidos sus propósitos. Esta agresividad es percibida por la persona que la recibe como excesiva, e incluye accesos súbitos de ira en apariencia irrefrenables.

8. Incapacidad para experimentar culpa

Los psicópatas tienen dificultades para sentir remordimientos como consecuencia de sus actos. La culpa es un sentimiento que surge cuando hacemos algo que supone un perjuicio para terceros, y que se acentúa al atribuirnos voluntariedad o al percibir que no se agotaron las posibles alternativas de acción. Se trata de una experiencia dolorosa y desagradable para la mayor parte de la población, y que reduce la probabilidad de que en futuras ocasiones elijamos repetir la conducta que la motivó.

Así pues, la culpa nos permite aprender de los errores del pasado y está conectada con la empatía. Es uno de los principales motivos por los que los psicópatas resultan insensibles al castigo, pues lo perciben como una injusticia que amerita una rebelión. Se trata de una forma de procesar la información en la que la responsabilidad queda excluida de la ecuación mediante la que se intenta explicar la realidad.

Existen muchos estudios experimentales que señalan que las personas con psicopatía muestran una baja reactividad electrodérmica ante escenas de violencia. Esto significa que, cuando son expuestas a imágenes frente a las que una mayoría de personas refieren una emoción aversiva (mutilaciones, agresiones, abusos, etc.), ellas sienten indiferencia.

9. Egocentrismo

El egocentrismo implica un énfasis especial en la importancia que la persona se atribuye a sí misma, en contraste a la que asigna al resto de los individuos que le rodean. Esta forma de pensar suele traducirse en la preferencia por relaciones en las que se pueda establecer una dinámica de evidente desigualdad jerárquica. El psicópata se ubicaría en la cúspide de esta pirámide, promoviendo una asimetría en los derechos y deberes que se atribuyen a todas las partes.

El egocentrismo puede verse acompañado de inmadurez emocional, tendencia a devaluar a los demás, exageración de la autovalía y uso del chantaje o de la extorsión. Es por esto que acaba desencadenando conflictos en el seno de la familia, los cuales degradan todavía más la convivencia.

10. Posibilidad de adaptación

Muchas personas con psicopatía se ubican en puestos altos de la jerarquía social, incluyendo cargos políticos o de dirección (detectándose una mayor prevalencia en estas poblaciones). En estos contextos pueden desarrollarse de un modo socialmente aceptable relaciones asimétricas con subordinados o con personas que están bajo su cargo. Esta capacidad de adaptación ocurre entre los psicópatas menos impulsivos y con una superior capacidad de planificación.

Los psicópatas se adaptan a las exigencias de futuro con facilidad. Este hecho se debe a una orientación casi exclusiva hacia lo inmediato, de manera que lo que ocurrirá más adelante queda relegado a un segundo (o tercer) orden de importancia. Se trata, como consecuencia de esta forma de afrontar la realidad, de personas con bajo nivel de ansiedad.

¿Es la psicopatía una enfermedad?

Como se señaló anteriormente, los manuales diagnósticos actuales (DSM-5) no incorporan la figura de la psicopatía entre sus propuestas, por lo que no puede establecerse con claridad un diagnóstico para esta. Las aproximaciones al fenómeno (como el trastorno antisocial) son insuficientes, pues centran toda su descripción clínica en aspectos puramente conductuales que no atrapan la complejidad del fenómeno que nos ocupa (sobre todo a nivel cognitivo y experiencial).

Lo cierto es que la mayoría de las personas reaccionan a veces impulsivamente, o actúan con indiferencia en situaciones en las que no deberían hacerlo (según las normas sociales). También es muy frecuente que se busque estimulación para escapar del tedio o de la monotonía. Así, los rasgos de la psicopatía describen conductas que ocurren (en general) en toda la población, aunque matizadas por el hecho de que en su caso se extienden de un modo absoluto a toda la experiencia cotidiana (no son una excepción puntual).

Muchos estudios están centrando su esfuerzo actualmente en el estudio de la amígdala, la corteza prefrontal y la región límbica como las estructuras que podrían explicar el particular patrón afectivo y conductual de la psicopatía. El avance en las tecnologías de neuroimagen permitirá forjar un conocimiento mayor sobre esta cuestión y determinar una causa de base, esclareciendo por fin si nos encontramos ante una patología o ante una forma particular de ser y de sentir.

Referencias bibliográficas:

  • Anderson, N.E. y Kiehl, K.A. (2014). Psychopathy: Developmental Perspectives and their Implications for Treatment. Restorative Neurology and Neurosciencie, 32(1), 103-117.
  • Gao, Y. y Raine, A. (2010). Successful and Unsuccessful Psychopaths: A Neurobiological Model. Behavioral Sciences and the Law, 28, 194-210.