Una teoría sobre la prevención de hábitos nocivos. Unsplash.

Las personas tendemos a actuar de forma diferente cuando vemos nuestra salud amenazada.

Estas diferencias han intentado ser explicadas por diversas teorías dentro de la psicología de la salud. Hoy conoceremos una de ellas, la teoría de motivación a la protección de Rogers.

La teoría plantea que las personas pueden realizar muchas conductas eficaces y de coste bajo para reducir el riesgo a enfermar. Pero ¿de qué depende que ejecutemos o no tales conductas? Lo veremos a continuación.

Psicología de la salud

El término de psicología de la salud fue planteado inicialmente por Matarazzo en 1982, que define esta disciplina como un conjunto de contribuciones de la educación, la ciencia y la psicología, que tienen por objetivo promover y mantener la salud, así como prevenir y tratar la enfermedad.

Para mantener o mejorar la salud, las personas ponemos en práctica conductas de salud (por ejemplo dejar de fumar, caminar 30 min. al día,...).

Vamos a analizar los componentes de la teoría de motivación a la protección que posibilitan la ejecución de dichas conductas.

La teoría de motivación a la protección

La teoría de motivación a la protección fue planteada en 1975 por R. W. Rogers, y reformulada en 1987 por Rippetoe y Rogers. La teoría propone la variable motivación a la protección para explicar las conductas de salud.

De esta forma, la motivación es la que dirige el proceso de afrontamiento conductual y la que finalmente desencadena la conducta (Umeh, 2004; Milne et al., 2002).

Más concretamente, para que se desencadene una conducta de salud, se deberá manifestar primero una conducta de preocupación. Ésta, a su vez, surgirá por la combinación de dos elementos que veremos a continuación. A partir de estas dos evaluaciones surgirá la motivación a actuar, que guiará la respuesta de afrontamiento para finalmente manifestarse la conducta.

1. Evaluación de la amenaza

El miedo a padecer una enfermedad o un daño predispone a actuar (por ejemplo, cuando se está fumando y se tose mucho).

A su vez, este elemento se compone de la percepción de severidad (el posible daño a padecer) y de la susceptibilidad (el nivel de riesgo en que se encuentra la persona), además de los beneficios intrínsecos de la conducta de riesgo.

2. Evaluación de la conducta de afrontamiento

Es la probabilidad de éxito percibida por la persona, es decir, la percepción que tiene de que su respuesta será eficaz para reducir la amenaza, además de la percepción de autoeficacia (la persona será capaz de adoptar medidas de prevención).

Estas variables proporcionarán en la persona una perspectiva sobre los costos y beneficios de ejecutar la conducta.

¿Cómo se llega a la conducta de salud?

Las respuestas cognitivas que se desencadenan a partir de estas dos evaluaciones, se añadirán al sistema de creencias de la persona.

El resultado será que esta acabará generando respuestas adaptativas o desadaptativas, según si encuentra grado de relación entre la amenaza y la conducta preventiva (es decir, si cree o no que la amenaza se reducirá a partir de su conducta).

En el contexto en el que se encuentra la persona y donde ésta interactúa, se encuentran una serie de facilitadores o inhibidores, que mediarán tales conductas.

Evaluación de la conducta de afrontamiento

Lo más importante de la teoría de motivación a la protección es la evaluación que hace la persona de su conducta de afrontamiento, ya comentada.

Así, una evaluación positiva (creer que podrá ejecutar la conducta y que ésta reducirá el riesgo de enfermar) motivará a la persona a tomar acciones en beneficio de su salud.

Ejemplos de esto pueden ser evitar el consumo de alcohol o cigarrillos, hacer ejercicio, tomar menos azúcares, etc.

Aplicaciones: el ámbito de la salud

La teoría de la motivación a la protección se ha estudiado en la medicina. Por ejemplo, en un trabajo de Milne et al (2002) se destacó la importancia de la motivación para predecir la intención conductual en los cuidados y la prevención de la enfermedad coronaria, aunque no es la única variable implicada.

La intencionalidad de la conducta también es clave para aumentar la adherencia a los tratamientos, por ejemplo en el caso de niños con enfermedades.

No obstante, no siempre que la persona siente miedo ante una amenaza a su salud, ésta desencadena una conducta preventiva. Para ello, también debe darse una evaluación positiva de las conductas de afrontamiento, es decir, creer que la conducta será efectiva.

Además, la intencionalidad de la conducta es necesaria, pero no siempre suficiente ya que, como hemos visto, muchas veces intervienen otras variables.

Estas variables modulan dicha intencionalidad. Algunas de ellas son el tener o no la oportunidad de llevar a cabo la conducta, la información de que disponemos, la fuerza de voluntad o la capacidad de mantener la motivación.

Referencias bibliográficas:

  • Milne, Sarah et al. (2002). Combining motivational and volitional interventions to promote exercise participation: Protection motivation theory and implementation intentions.British Journal of Health Psychology, n.7.pp.163-184.
  • Umeh, Kanayo. (2004). Cognitive Appraisals, Maladaptive Coping, And Past Behaviour In Protection Motivation. Psychology and Health, V.19, n 6, pp.719–735. London.
  • Salamanca, A. y Giraldo, C. (2012). Modelos cognitivos y cognitivo sociales en la prevención y promoción de la salud. Revista Vanguardia Psicológica, 2(2), 185-202.