La crisis del coronavirus ha hecho que se den dos situaciones para las cuales no existen precedentes en las últimas décadas: los problemas psicológicos están afectando a más personas de lo normal, por un lado, y muchas de estas personas no pueden desplazarse a la consulta del psicólogo, por el otro.

Afortunadamente, hoy en día existe una solución que permite adaptarse a estas circunstancias: la terapia online.

A lo largo de este artículo veremos el modo en el que nuestra labor de los psicólogos puede suponer un apoyo eficaz para quienes sufren problemas de ansiedad, muy comunes durante estos días de confinamiento.

¿Qué aspectos de la pandemia son una fuente de ansiedad?

Estos son los diferentes aspectos de la pandemia del COVID-19 que favorecen la aparición de problemas de ansiedad entre la población de los países más afectados por el coronavirus.

1. La incertidumbre económica y laboral

No hay que olvidar que el bienestar psicológico está muy influido por las condiciones materiales de vida de las que disponemos: en general, es más complicado ser feliz y tener una capacidad óptima de gestión emocional si se está en una situación de precariedad laboral y escasez de recursos para vivir.

En por ello que la expansión del coronavirus está generando una huella psicológica tan fuerte entre buena parte de las capas de la sociedad: no hay que gestionar solo el malestar que nos produce el hecho de ver nuestras libertades limitadas durante estos días, sino que además hay que saber gestionar los pensamientos de previsión de lo que nos ocurrirá ante la crisis económica que está surgiendo a raíz de la pandemia. Y ante la falta de información y los vacíos de conocimiento en general, es muy fácil que surja el miedo; las ideas más pesimistas tienen el poder de atraer nuestra atención si no hay certezas que contrarresten su efecto.

2. El aislamiento

El aislamiento social es otro factor que potencia la aparición de alteraciones de ansiedad. En concreto, favorece el desarrollo de lo que en psicología se conoce como cuadros ansioso-depresivos. La tendencia a pasar mucho tiempo sin interactuar con otras personas nos arrastra a un modo de vida poco sano, en el que no nos exponemos a actividades con la capacidad de estimularnos, sufrimos un mayor malestar y nos cuesta más regular nuestras emociones, y esto es capaz de generar un efecto-dominó que hace que empeore la situación.

Por ejemplo, pasar horas y horas a solas nos vuelve más propensos a dormir de manera irregular, alimentarnos mal, realizar menos actividad física y organizar peor nuestros horarios, así como a involucrarnos en una cantidad menor de actividades verdaderamente satisfactorias para nosotros.

Esta falta de estímulos, sumada a la posible aparición de problemas derivados de lo anterior (acumulación de responsabilidades, malnutrición, problemas posturales y musculares, falta de sueño, etc.) hace aumentar las probabilidades de desarrollar ansiedad generalizada, depresión, adicciones, etc.

3. Los problemas de convivencia

Para muchas personas, es muy duro estar constantemente rodeados de las personas con las que se convive. Esta situación de crisis agudiza problemas de gestión de los conflictos, y hace que las consecuencias de estos puedan ser más negativos, al no tener siquiera la posibilidad de salir de casa hasta que la situación se calme.

Por otro lado, para muchos padres y madres, el confinamiento implica tener que estar cuidando de sus hijos pequeños las 24 horas del día durante varias semanas seguidas, al no ir estos a la escuela; todo esto sumado a un contexto laboral comprometido.

4. El duelo

No hay que olvidar que para mucha gente, la pandemia implica la necesidad de saber lidiar con el duelo por la pérdida de seres queridos que no han sobrevivido al COVID-19, o que están en muy mal estado.

Los sentimientos de angustia producidos por esta clase de situaciones suelen generar rumiación psicológica, es decir, pensamientos perturbadores que vienen a nuestra mente una y otra vez, y que normalmente terminan yéndose en cuestión de días, pero que a veces suponen una verdadera crisis psicológica ante la cual se hace necesario ir a terapia.

5. El miedo al contagio

Finalmente, el temor a contagiarse es también una fuente de ansiedad ante la cual la terapia online puede ser muy útil. Para algunas personas, cuesta "desconectar" de esos pensamientos catastrofistas según los cuales despistarse durante 5 segundos puede implicar ser infectarse y/o transmitir el virus al resto de la familia.

¿Cómo ayuda la terapia online en estos casos?

Como hemos visto, las alteraciones emocionales relacionadas con la ansiedad son las protagonistas en lo que se refiere al impacto psicológico de la crisis del coronavirus. Ante esto, la terapia online aporta los siguientes beneficios.

1. Es accesible para todo el mundo

En las sociedades occidentales, prácticamente cualquier persona puede recibir tratamiento psicológico sin tener que salir de casa: da igual el estado de salud o la edad, mientras se disponga de conexión a Internet y un dispositivo electrónico capaz de conectarse a la red.

2. Ayuda a cuadrar horarios

Como el paciente se ahorra el tiempo de desplazamiento al a consulta del psicólogo, es fácil incorporar estas sesiones al horario semanal.

3. El miedo al contagio no es una barrera

Las personas que sufran por miedo a contagiarse pueden contar con el apoyo profesional del psicoterapeuta desde el entorno seguro de su hogar.

4. Permite elegir entre más opciones

Por otro lado, al no estar condicionados por la distancia, el paciente puede elegir al psicólogo que más le guste independientemente de los kilómetros que lo separen de este.

¿Te interesa aprender a gestionar la ansiedad mediante terapia online?

miguel ángel rizaldos

Si te estás planteando recurrir a la terapia online para superar los problemas de ansiedad, te invito a ponerte en contacto conmigo. Soy psicólogo especializado en el ámbito clínico y llevo más de 25 años atendiendo a pacientes, además de ser uno de los pioneros de la terapia online en España. Para ver mis datos de contacto, accede a esta página.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • McLaughlin, K.; Behar, E.; Borkovec, T. (2005). Family history of psychological problems in generalized anxiety disorder. Journal of Clinical Psychology 64 (7): pp. 905 - 918.