¿Por qué la Inteligencia Emocional es clave en el Coaching?

Estos son los motivos por los que la Inteligencia Emocional es muy importante para el coach.

¿Por qué la Inteligencia Emocional es clave en el Coaching?

El coaching es una disciplina creada para desarrollar estrategias que nos permitan afrontar retos con el desarrollo personal y profesional, y buena parte de esto tiene que ver con ser capaces de gestionar nuestras emociones y modularlas adecuadamente al relacionarnos con los demás.

Este ámbito de la vida es el que está dominado por un conjunto de habilidades conocido como inteligencia emocional; veamos por qué es fundamental en el trabajo de los coaches.

La importancia de la gestión de las emociones

Blaise Pascal, matemático y filósofo francés, dijo que “el corazón tiene razones que la razón ignora” hace casi cuatrocientos años. La relación a veces conflictiva entre nuestra cognición y los sentimientos ha sido objeto de interés de distintas disciplinas a lo largo de la historia.

A día de hoy, sabemos que nuestras emociones son experiencias internas adaptativas y universales que han servido a la especie humana a sobrevivir al medio natural y social. Sin ansiedad, no habría quien nos alerte de que deberíamos idear una estrategia a futuro para conseguir alimento; sin amor, no tendríamos advertencia acerca de la necesidad de reproducirnos. Con el paso del tiempo, a raíz de los desarrollos evolutivos de nuestro cerebro y el aumento de la complejidad de nuestro lenguaje, se abrió la posibilidad de elaborar relaciones conceptuales cada vez más abstractas. Esto permitió grandes ventajas, como el hecho de que a partir de nuestros pensamientos pudiéramos anticiparnos a eventos hipotéticos, pero también nos condujo a elaborar interpretaciones erróneas y desencadenar respuestas emocionales incluso en circunstancias que no supongan un riesgo literal para nuestras vidas.

Por otra parte, en nuestra cotidianeidad, en un mundo permeado por la comunicación massmedia, la hiperconexión y las normas del consumo, los estímulos ante los que debemos adaptarnos han cambiado drásticamente. Tal es así que no es extraño que, de pronto, sintamos que somos engatusados por ellos y perdamos de vista lo que nos está ocurriendo en nuestro interior, específicamente a nivel emocional. El constructo psicológico de inteligencia emocional es aquél que viene a enunciar el valor que tiene ser capaces de percibir nuestras emociones y así actuar en consecuencia. Y, a pesar de tratarse de un concepto abstracto, contar con una mayor inteligencia emocional tiene repercusiones concretas en nuestro día a día; tal como desarrollaremos en este artículo.

¿Qué entendemos por inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es un concepto psicológico que ha adquirido una popularidad insospechada en los últimos años. Se habla de inteligencia emocional en medios de comunicación, revistas, redes sociales y en el boca en boca también. Esto no tiene por qué ser problemático en sí, ya que por estas vías hay muchos profesionales que difunden sus conocimientos para compartirlos con la comunidad. Sin embargo, la densidad de información puede ser abrumadora y, a fin de cuentas, muchas personas podrían acabar sin saber qué es la inteligencia emocional.

El concepto de inteligencia emocional se popularizó con el éxito de ventas del libro de Goleman, Inteligencia emocional, pero la expresión había sido anteriormente utilizada por otros muchos autores como Payne, Beldoch y Leuner. Entre ellos, Meyer propone una definición para la inteligencia emocional precisa, concibiéndola como la habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y las de los demás, promoviendo el crecimiento emocional e intelectual. Por lo tanto, de acuerdo con esta definición, se puede usar la información de nuestras emociones para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.

La inteligencia emocional nos permite articular pensamientos y emociones

Las emociones tienen un poder inconmensurable sobre nuestros pensamientos; también así viceversa. Ser inteligentes emocionalmente nos brinda la virtud de ser capaces de reflexionar acerca de nuestros estados emocionales, de interpretarlos, y actuar en consecuencia a ellos cuando lo consideramos necesario. A su vez, algunos procesos utilizados en algunas psicoterapias, como la reestructuración cognitiva en la terapia cognitivo-conductual, buscan la modificación de los pensamientos y creencias sesgadas para así cambiar la forma en la que sentimos y nos comportamos, dando prueba de esta articulación entre pensamientos y emociones. Dicha relación recíproca es posible, a nivel neurobiológico, por las conexiones neuronales entre nuestra amígdala —encargada de brindar respuestas emocionales rápidas ante la información del medio y de adjudicarle un componente emotivo a la información que almacenamos en nuestra memoria— y la corteza prefrontal —la cual alberga funcionalmente la actividad del pensamiento, y gestiona, controla e inhibe las conductas que lleva a cabo en consecuencia—.

La frase de Blaise Pascal con la que introdujimos el artículo no tiene por qué aplicarse en toda situación. En verdad, el hecho de que nuestra razón se oponga permanentemente a los estados emocionales que experimentamos (e incluso, que se oponga a sentirlos) puede generarnos altos niveles de malestar.

La inteligencia emocional opera como una lupa, ya que nos permite ampliar la visión hacia aquello que llevamos dentro y que, por más que pueda sentirse desagradable, puede traer un mensaje valioso para nosotros. A fin de cuentas, ser inteligentes emocionalmente nos permite tomar el mando y ser nosotros quienes decidimos qué hacer con lo que nos pasa, en lugar de guiarnos por el automatismo y el desconocimiento.

Los efectos de la importancia de la inteligencia emocional en el día a día

Daniel Goleman propuso algunas áreas de la vida cotidiana en las cuales es clave la puesta en práctica de la inteligencia emocional. Por ejemplo, en el trabajo, la inteligencia emocional nos permitiría sentir plenamente las presiones y frustraciones que soportamos en el horario laboral. En el corto plazo, aproximarse a las emociones puede ser muy displacentero. No obstante, se trata de una actitud propia de una persona inteligente a nivel emocional, ya que solo sintiendo lo que nos ocurre podemos determinar si es conveniente para nosotros tolerar esa presión o tomar un rumbo distinto en el plano laboral. Nuevamente, aquí es posible notar el vaivén que existe entre pensamiento y emoción cuando hay una alta inteligencia emocional.

Otra área del día a día en la que es clave la inteligencia emocional es el ámbito de las relaciones interpersonales. Esta habilidad nos permite comprender los sentimientos de quienes nos rodean, empatizar con ellos y con su dolor. Adoptar esta actitud nos brindará mayores posibilidades de convivir con los demás en un ambiente armónico; también de acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo. Esto es fundamental para el trabajo, pero también en lo académico y en los vínculos familiares, de amigos o pareja.

Por último, el área que más reluce cuando desarrollamos una alta inteligencia emocional es la intrapersonal, ya que nos permite tomar decisiones más sabias. La inteligencia emocional nos brinda la capacidad de discriminar cuándo es necesario actuar según una emoción intensa que sentimos y, por el contrario, cuándo es mejor no hacerlo. Hay una frase mítica que señala que “somos la suma de nuestras decisiones que tomamos cada día”, y si bien es posible discutir que somos mucho más que eso, sin lugar a dudas estar en contacto con nuestro mundo interior nos llenará de experiencias mucho más acordes a la vida que deseamos emprender.

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Como hemos visto, la inteligencia emocional se ha convertido en un punto importante del ámbito de la psicología del comportamiento y son cada vez más las personas interesadas en conocer en profundidad este concepto.

Debido a la alta demanda que presenta, han surgido en los últimos años formaciones que incluyen la Inteligencia Emocional como el Postgrado en inteligencia emocional y autoconocimiento para el liderazgo o el Curso superior de inteligencia emocional para combatir el estrés de Escuela Mediterránea de Psicología.

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  • Salovey, P., & Mayer, J. (1990). Inteligencia emocional. Imaginación, conocimiento y personalidad, 9(3), 185-211.
  • Goleman, D. (1995). Inteligencia Emocional. Estados Unidos: Editorial Bantam Books.

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