Estructura inductiva: características de esta manera de organizar un texto

Un resumen de las características de la estructura inductiva, muy usada al estructurar textos.

Luis Martínez-Casasola Hernández

Luis Martínez-Casasola Hernández

Estructura inductiva

A la hora de plasmar la información, se puede elegir entre una serie de estructuras, en función del objetivo que tenga el autor.

Una de estas posibilidades es la conocida como estructura inductiva. Vamos a analizar detenidamente en qué consiste esta modalidad, cuáles son sus características, en qué se diferencia de otros posibles modelos, e incluso veremos algunos ejemplos con los que podremos entender mejor esta información

¿Qué es una estructura inductiva?

Cuando hablamos de estructura inductiva, estamos haciendo referencia a la manera de ordenar una serie de datos, es decir, de información, a lo largo de un discurso, relato o texto. Esta forma de estructuración se basa en la inducción, concepto que debemos definir adecuadamente en esta introducción para poder así comprender mejor el tema que nos ocupa.

La inducción, o razonamiento inductivo, es una manera de razonar en la que se analizan primero una serie de premisas para tratar de alcanzar una conclusión que, aunque está sustentada sobre las primeras, no ofrece una absoluta certeza acerca de su veracidad. Es decir, sabemos que dicha conclusión se cumple para todas las premisas analizadas, pero no podemos estar seguros de que sea aplicable para aquellas que desconocemos.

Otra forma de describir la inducción, que es la base de la estructura inductiva, como ya hemos visto, sería aquel razonamiento que parte de lo más particular, es decir, desde casos concretos y conocidos, para tratar de llegar a las consideraciones generales para todos los casos. Como hemos dicho, solo podemos estar convencidos de que esas consideraciones se aplican a los casos conocidos, pero no para el resto.

Para poder ilustrar esta cuestión con un ejemplo, podemos pensar en el hallazgo de una nueva especie de animal, pongamos por caso, un roedor. Los investigadores que estudian esta nueva especie podrían observar una serie de premisas, relacionadas con el color del pelo de cada ejemplar encontrado, que podría ser pardo en todos los casos. A través de la inducción, podrían concluir que todos los miembros de esa especie serían de color pardo.

Este razonamiento es de tipo inductivo, ya que la conclusión alcanzada es válida con absoluta certeza solo para los casos (las premisas) conocidos, es decir, para los ejemplares que se han estudiado. Pero los investigadores no podrían garantizar que de repente se encontrara un nuevo espécimen de dicho roedor cuyo pelaje fuera de un color diferente, por ejemplo, blanco. Esto nos servirá para entender posteriormente las implicaciones de la estructura inductiva.

En ese caso, la conclusión dejaría de ser válida y habría que llegar a una diferente, por ejemplo, que los miembros de esa especie tienen el pelo o bien pardo o bien blanco. Al igual que antes, esta conclusión seguiría teniendo validez para las premisas conocidas, por lo que, si se introdujera una nueva, como que se han observado ejemplares con el pelaje negro, una vez más, habría que establecer una nueva conclusión, actualizada en función de los datos conocidos: el pelaje de este animal puede ser pardo, blanco o negro.

Características de la estructura inductiva

En la introducción hemos podido observar un ejemplo de inducción que nos ayudará a entender las características de la estructura inductiva. En este caso, se trata de aplicar esta forma de razonamiento a la estructura de un texto.

A continuación, recopilaremos algunos de los rasgos fundamentales de este estilo de escritura, las principales características por las que podemos identificar un texto con una estructura inductiva.

1. Premisas primero, conclusión al final

Tal y como observábamos en el ejemplo anterior, existe una característica básica en la inducción que se traslada a la estructura inductiva. No es otra que el orden de los elementos que van a necesitarse en el texto para poder transmitir el mensaje que el escritor pretende hacer llegar a los lectores.

En ese sentido, será primordial que el autor comience estableciendo toda la serie de premisas sobre las que va a basar el razonamiento. En esa parte del texto, el escritor debe dejar claros todos los datos que va a necesitar, ya que una estructura inductiva requiere que toda esta información esté situada al comienzo del escrito.

Tras enumerar todos esos casos concretos, ejemplos o datos que se conocen respecto a la temática que el autor está analizando, se puede pasar al siguiente punto, que es el de la recopilación de la información que ha ido apareciendo en los ejemplos concretos, para así poder sintetizar los datos y llegar al paso final.

El último paso de la estructura inductiva no es otro que el de la conclusión. Llegados a ese punto, el autor del texto expondrá lo que se concluye de todos los casos estudiados en los puntos anteriores. Es fundamental recordar que dicha conclusión, al estar basada en el razonamiento inductivo, es cierta para los ejemplos estudiados, pero no podemos garantizar que lo sea para los que desconocemos.

Por lo tanto, esa conclusión tendrá la categoría de certeza en cuanto a los casos desde los que se ha establecido, pero el autor no podrá aventurarse a hacerla extensible a otros ejemplos o situaciones, al menos no con la absoluta seguridad de que seguiría cumpliéndose tal y como se ha observado.

En caso de encontrar nuevos datos, la conclusión alcanzada en dicho escrito debería actualizarse mediante un nuevo texto que tuviera en cuenta el hallazgo realizado, para así poder mantener la validez.

Estructura inductiva

2. Diálogo entre el escritor y el lector

A diferencia de otros textos, la estructura inductiva da pie a una participación activa del lector, estableciendo una especie de diálogo con los datos que poco a poco le va ofreciendo el autor a lo largo del escrito. Lógicamente, también se puede leer de una manera pasiva, pero para poder comprender adecuadamente el razonamiento que se está realizando, es conveniente prestar atención, con la mente despierta.

Solo así podremos acompañar, como lectores, en el camino que el escritor nos está marcando, entendiendo así la información con la que partimos y las reflexiones que debemos realizar para llegar a las conclusiones finales que se establecen, y que son aplicables para la información que se nos ha ofrecido al principio.

Si se sigue este proceso, el propio lector que tenga ante él un texto de estructura inductiva, va a poder llegar a la conclusión al mismo tiempo que el escritor, porque le habrá acompañado indirectamente a lo largo del razonamiento. Igualmente, podrá darse cuenta si el autor ha cometido algún error y ha pasado por alto algún detalle que invalida la conclusión a la que ha llegado.

De esta manera, la lectura se convierte en un acto participativo, en el que podemos convertirnos por un momento en investigadores y juntar las piezas del puzle para emitir un juicio que sea adecuado para la información recopilada inicialmente.

3. Estructura en embudo, del desorden al orden

Otra característica de los textos con estructura inductiva es precisamente el sistema de embudo en el que presentan la información. Bajo este prisma, podríamos observar que al comienzo del texto estaría la parte ancha del embudo, estaría la parte más desordenada, consistente en toda la información, aparentemente inconexa.

Es al principio del texto donde se sitúan todas las premisas, como ya hemos visto. Cada una de ellas aportará una serie de datos, pero en este momento puede que no sea demasiado evidente cuál es la relación que podría establecerse entre todos ellos. Para ello es necesario seguir avanzando por el razonamiento inductivo, o lo que es lo mismo, el embudo, desde su parte más ancha hasta la parte más fina.

A mitad del camino, encontraríamos el segundo punto, en el que se han ordenado todos los datos, para poder establecer las relaciones entre ellos. En este momento nos encontraríamos en el medio del embudo, y el desorden inicial comenzaría a tornarse en orden, pero aún sería pronto para llegar al resultado final.

Para ello, hay que seguir avanzando en el camino de la estructura inductiva, y por lo tanto llegar hasta la parte más estrecha del embudo, que representa el final del camino. Es ahí donde por fin se ha realizado una síntesis de toda la información desordenada, se han establecido las relaciones correspondientes y por lo tanto, el autor o investigador está en condiciones de establecer una conclusión o conclusiones sobre la temática estudiada.

Observamos, por lo tanto, como el embudo sirve de símil para entender cómo es posible establecer un razonamiento a partir de una serie de casos particulares y poder sacar las generalidades que se ocultan tras todos los datos obtenidos, obteniendo la conclusión que aplica sobre todos ellos, aunque no sepamos si lo hace sobre los ejemplos que desconocemos.

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  • Newman, G.D. (2006). El razonamiento inductivo y deductivo dentro del proceso investigativo en ciencias experimentales y sociales. Laurus.

Luis Martínez-Casasola (Madrid, 1988) se licenció en Psicología en la UAM y cuenta con un máster en Psicología Forense por la URJC y el COP de Madrid, así como con una especialización en recursos humanos. Tras varios años de experiencia en la redacción de contenidos web, ahora colabora como divulgador para medios especializados en el ámbito de la Psicología y la salud.

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