Varias maneras de analizar la información y llegar a conclusiones. Unsplash.

La razón o la capacidad de razonar es una de las habilidades cognitivas más valoradas a lo largo de la historia, habiendo sido considerada en la antigüedad como una de las características que nos separan de otros animales y siendo a menudo confrontada con la emoción (si bien emoción y razón están en realidad profundamente interrelacionadas).

Pero aunque el concepto de razón es tomado a menudo como universal e único es necesario tener en cuenta que no existe una única manera o mecanismo para lograr razonar, pudiendo encontrar diferentes tipos de razonamiento en función de cómo se obtenga y se procese la información. Es sobre algunos de estos diferentes tipos de razonamiento existentes sobre los que vamos a hablar a lo largo de este artículo.

¿Qué es el razonamiento?

Entendemos como razonamiento al producto de un conjunto de habilidades cognitivas complejas a través de las cuales somos capaces de relacionar y vincular diferentes informaciones de forma estructurada, una vinculación que permite establecer diferentes estrategias, argumentos y conclusiones en función de dicha estructuración de la información.

Razonar permite elaborar nuevas informaciones e ideas en base a un conjunto de reglas, algo que nos permite establecer y formar elementos tales como pensamientos, creencias, teorías, ideas abstractas, técnicas o estrategias. Asimismo, nos permite encontrar la resolución de los problemas o situaciones con las que nos encontremos y la búsqueda de los métodos más óptimos.

Asimismo, el razonamiento no sería posible sin la existencia de diferentes facultades mentales tales como la capacidad de asociación, la atención, la sensopercepción, la memoria o la capacidad de planificar o inhibir nuestras respuestas tanto a nivel cognitivo como conductual. Así pues si bien es y se considera una capacidad cognitiva no sería posible sin la existencia de otras muchas en las cuales se sustenta. No estamos ante una capacidad básica sino ante una de las capacidades cognitivas superiores o de alto nivel.

Tipos principales de razonamiento

Si bien el concepto de razonamiento puede parecer simple, lo cierto es que al igual que ocurre con la inteligencia definirlo de forma clara y delimitada (sin mezclarla con otros conceptos) reviste gran complejidad. Lo cierto es que el razonamiento en sí es difícil de estudiar como un todo, dividiéndose a menudo en diferentes procesos que dan lugar a distintos tipos de razonamiento. Entre ellos destacan los siguientes, siendo los tres primeros los más reconocidos y fundamentales.

1. Razonamiento deductivo

Uno de los principales tipos de razonamiento es el llamado razonamiento deductivo, el cual y tal como su nombre indica es el tipo de proceso cognitivo que utilizamos para llegar a una deducción.

Este tipo de pensamiento se basa en la creencia en una premisa o una afirmación universal para llegar a obtener una conclusión para cada caso particular. Así, se va de lo general a lo particular, pudiendo realizar conclusiones para un caso concreto basadas en la suposición o deducción a partir de lo que consideramos globalmente cierto.

A menudo emplea la lógica para ello, siendo habitual que se utilicen silogismos, inferencias y proposiciones encadenadas para llegar a una conclusión concreta. El pensamiento deductivo puede ser categórico (a partir de dos premisas consideradas válidas se extrae una conclusión), proporcional (se actúa a partir de dos premisas una de las cuales es necesaria para que pueda darse la otra) o disyuntivo (dos premisas opuestas se confrontan con el fin de extraer una conclusión que elimine una de ellas).

Es frecuentemente el tipo de razonamiento que siguen los estereotipos, que nos llegan a hacer pensar que por ser parte de un colectivo o profesión al que se ha atribuido unas características determinadas una persona va a tener un comportamiento concreto (sea este bueno o malo).

Es habitual que la mera deducción pueda desencadenar juicios, argumentos y creencias que no se ajustan a la realidad. Por ejemplo, podemos pensar que el agua hidrata, luego dado que el mar está hecho de agua, el agua de mar nos va hidratar (cuando en realidad nos produciría deshidratación).

2. Razonamiento inductivo

El razonamiento inductivo es aquel proceso de pensamiento en el cual se parte de la información particular para llegar a una conclusión general. Se trataría del proceso inverso al de la deducción: observamos un caso particular tras otro para a través de la experiencia poder determinar una conclusión más generalizada. Se trata de un tipo de razonamiento menos lógico y más probabilístico que el anterior.

El razonamiento inductivo puede ser incompleto (es decir solo se incluyen una serie de casos concretos y no otros para establecer las conclusiones) o completo (incluyendo todos los casos particulares observados).

Suele ser un método mucho más empleado de lo que parece a la hora de tomar decisiones en nuestro día a día, siendo generalmente lo que utilizamos para predecir las futuribles consecuencias de nuestros actos o lo que puede llegar a suceder.

También se suele vincular a la atribución de causas para los fenómenos que percibimos. Sin embargo al igual que con la deducción resulta sencillo llegar a establecer conclusiones falsas, centrándonos sólo en lo que hemos visto o vivido. Por ejemplo, el hecho de que cada vez que veamos un cisne este sea blanco nos puede llegar a hacer pensar que todos los cisnes son blancos, a pesar de que también existen de color negro.

3. Razonamiento hipotético-deductivo

Este tipo de razonamiento o pensamiento es la base del conocimiento científico, siendo uno de los que más se ciñe a la realidad y a la comprobación de las premisas que se establecen en base a la observación.

Se parte de la observación de la realidad de una serie de casos particulares para generar una hipótesis, de la cual a su vez se deducirán posibles consecuencias o interpretaciones de lo observado. Estas, a su vez, deberán ser falsables y contrastarse empíricamente para comprobar su veracidad.

Este tipo de razonamiento es considerado como uno de los más complejos y adultos (Piaget, por ejemplo, lo asocia al último estadio de desarrollo y lo considera típicamente adulto a pesar de que muchos adultos pueden llegar a no poseerlo).

Ello no quiere decir necesariamente que siempre se den con resultados válidos, siendo un tipo de razonamiento que también es sensible a los sesgos. Un ejemplo de este tipo de razonamiento lo podemos encontrar por ejemplo en el descubrimiento de la penicilina y su transformación en un antibiótico.

4. Razonamiento transductivo

Este tipo de razonamiento se basa en la de combinar diferentes informaciones separadas entre sí para establecer un argumento, creencia, teoría o conclusión. En realidad, se tienden a vincular informaciones específicas o particulares sin generar ningún tipo de principio o teoría y sin llegar a buscar una comprobación.

Es considerado típico de la primera infancia, cuando aún somos incapaces de establecer un razonamiento que vincule causas y efectos y podemos llegar a asociar elementos que no tienen nada que ver.

Ejemplo de este tipo de razonamiento lo podemos encontrar en el tipo de reflexión que suelen hacer los niños, que pueden llegar a pensar por ejemplo que está nevando porque ese día se ha portado bien.

Otros tipos de razonamiento

Estos son algunos de los tipos de razonamiento más importantes, pero existen otros tipos en función de cómo se clasifiquen. Por ejemplo, podemos encontrar el razonamiento lógico o el no-lógico (en función de que esta se emplee o no de tal manera que las conclusiones sean coherentes y extraíbles a partir de las premisas), el razonamiento válido o no válido (en función de si la conclusión es o no correcta) o incluso el razonamiento vinculado a determinadas profesiones o ámbitos del saber, como el médico o clínico.

Referencias bibliográficas:

  • Higueras, B. y Muñoz, J.J. (2012). Psicología Básica. Manual CEDE de Preparación PIR, 08. CEDE: Madrid.
  • Peirce, C.S. (1988). El hombre, un signo (El pragmatismo de Peirce). Crítica, Barcelona: 123-141.
  • Polya, G. (1953). Matemáticas y razonamiento plausible. Ed. Tecnos. Madrid.