Las personas no somos meros receptáculos pasivos de la información que se nos presenta, y mucho menos en un contexto educativo. Como estudiantes debemos llevar a cabo toda una tarea activa a la hora de procesar, organizar y asimilar los contenidos del aula.

El aprendizaje autorregulado tiene mucho que ver con la forma en cómo las personas regulamos nuestras emociones, cogniciones y comportamientos aplicados a un contexto académico puesto que aprender no se puede desligar de nuestro estado emocional, motivación y apetencias.

Desarrollar habilidades para el autocontrol de los procesos de aprendizaje es fundamental para tener un alto rendimiento académico, algo en lo que vamos a profundizar a continuación.

¿Qué es el aprendizaje autorregulado?

Hablamos de aprendizaje autorregulado cuando un estudiante es capaz de gestionar de forma deliberada los procesos cognitivos y emocionales que están involucrados en su aprendizaje. El aprendiz es capaz de seleccionar aquellas estrategias que considera más beneficiosas y eficientes en el momento de aprender, regulando su estado emocional y organizándose para alcanzar sus metas. La capacidad de autorregulación está muy relacionada con el éxito académico y el rendimiento del estudiante.

Entre los investigadores más destacados acerca la idea del aprendizaje autorregulado encontramos la figura de Barry Zimmerman, quien sostiene que la autorregulación no es una habilidad mental o sinónimo de rendimiento académico, sino más bien es un proceso de autodirección mediante el cual el estudiante transforma sus habilidades mentales, sean cuales sean, en habilidades académicas. El aprendizaje autorregulado no solamente implica el dominio de una habilidad mental, sino que también está relacionada con poseer una gran autoconciencia y automotivación.

Dentro de un contexto educativo tradicional cualquiera es común ver que los estudiantes más novatos se basen en la retroalimentación de los demás, comparando su rendimiento y ver cómo de mejor o peor lo han hecho en comparación con los demás. Este tipo de estudiantes suele asociar su “fracaso” a alguna deficiencia con la que han nacido la cual no pueden remediar. En cambio, los estudiantes más experimentados que sí saben gestionar su aprendizaje identifican cuándo y por qué han fallado, para así enfocarse en cómo poder corregir sus errores y mejorar sus debilidades.

Zimmerman sostiene que la autorregulación no es un rasgo heredado, algo que simplemente unos estudiantes tienen y otros no, sino que es más bien una forma de comportarse, un hábito. La autorregulación implica el uso selectivo de procesos específicos que deben adaptarse personalmente a cada tarea del aprendizaje. Cuando decimos que un estudiante realiza un aprendizaje autorregulado hablamos de que está regulando su propia conducta, enfocándola en la adquisición de un contenido, habilidad o tarea académica.

Características de los aprendices autorregulados

Como decíamos, la autorregulación no es un rasgo que simplemente unos posean y otros no de nacimiento. Esta capacidad puede ser entrenada si nos enfocamos en aquellas capacidades que, de ser mejoradas, servirán para hacer más eficiente y autónomo el aprendizaje.

Los estudiantes que autorregulan su aprendizaje se implican activamente en el proceso de adquisición de nuevos contenidos, haciendo así que no solamente sea más personal ese conocimiento sino que, además, sea más profundo.

Los aprendices autorregulados muestran una participación activa durante el proceso de aprendizaje, desarrollando habilidades metacognitivas, controlando la influencia de sus emociones en el proceso y regulando tanto su motivación como comportamiento. Así pues, enseñando y entrenando estas habilidades a estudiantes no autorregulados se les dotará de herramientas para gestionar sus propios aprendizajes, dando como resultado un mayor rendimiento académico.

A continuación veremos las principales características que definen a los estudiantes con un patrón de aprendizaje autorregulado.

1. Uso de estrategias cognitivas

Los estudiantes que muestran aprendizaje autorregulado conocen, identifican y saben utilizar estrategias cognitivas que les permite entender, procesar, organizar, elaborar y recuperar la información de los contenidos vistos en el aula o extraídos de los recursos académicos.

2. Desarrollo de habilidades metacognitivas

Estos estudiantes desarrollan habilidades metacognitivas para saber cómo planificar la tarea que van a hacer, ya sea en forma de un trabajo académico o el propio estudio. Encaminan diversos procesos mentales necesarios para la consecución de la meta planteada.

3. Control emocional

Los estudiantes autorregulados desarrollan, modifican y controlan aquellas emociones que son positivas para el aprendizaje y sienten motivación, entusiasmo, gusto y satisfacción hacia la realización de la tarea.

4. Planificación de la tarea

Los estudiantes autorregulados planifican adecuadamente la tarea, previendo cuánto tiempo les va a suponer hacerla, escogiendo un entorno favorable para su aprendizaje y, en caso de que no hayan entendido el contenido o tengan dudas, tienen la asertividad suficiente para preguntarle a su profesor o a otros compañeros acerca estas cuestiones.

5. Prestan atención

Se esfuerzan por mantener la atención en la tarea, evitando distraerse.

Estrategias para fomentar el aprendizaje autorregulado

Teniendo en cuenta todas estas características podemos entender que un estudiante autorregulado es aquel que es consciente de la importancia de asumir un rol activo en su aprendizaje. En consecuencia, ajustará sus procesos cognitivos y emocionales para desenvolverse adecuadamente. Así podrá responder a la tarea, alcanzar las metas que se proponga y tener un rendimiento positivo.

Desarrollar un patrón de aprendizaje autorregulado es algo que requiere la ayuda de pedagogos, docentes y psicólogos implicados en contextos educativos. Si bien este tipo de aprendizaje se va perfeccionando a medida que uno va creciendo y avanzando en los diferentes niveles educativos, siempre es recomendable que los profesores, quienes además de ser expertos en los contenidos que enseñan deberían ser, también, expertos en enseñar herramientas que hagan más autónomo y eficiente el aprendizaje.

Por este motivo las estrategias dirigidas a fomentar el aprendizaje autorregulado deben cumplir con los siguientes objetivos:

  • Enseñar habilidades de metacognición, cognitivas y comportamentales.
  • Desarrollar la habilidad de reconocer cuándo es útil usar una estrategia u otra.
  • Motivar a los estudiantes para que utilicen las estrategias enseñadas.

Son varios los modelos didácticos que sirven para promover un aprendizaje autorregulado a cualquier edad y tipo de estudiante. Es fundamental brindar un apoyo sistemático que permita que los estudiantes trabajen de manera independiente para con el estudio que tienen que realizar. Es por ello que a continuación veremos algunas estrategias que permiten fomentar el aprendizaje autorregulado.

1. Autoobservación

Los estudiantes deben aprender a valorar y supervisar si las estrategias de estudio que están aplicando son o no efectivas. En caso de no serlo, deben ser capaces de modificar o reajustar lo necesario para conseguir hacer de su aprendizaje algo efectivo. Es por esto que deben tomar conciencia sobre sus propios procesos cognitivos frente a su estado emocional, motivaciones, tiempo de la tarea y nivel de esfuerzo.

Por ejemplo, dentro de la observación estaría detectar cuando no están entendiendo el contenido que se les ha explicado, analizar su nivel de comprensión de la tarea y verificar que están con predisposición para aprender entre otros.

2. Modelado

Los seres humanos aprendemos a comportarnos usando como modelo al resto de congéneres, es decir, imitamos la conducta de los demás, sea esta buena o sea mala. Los profesores son figuras clave que influyen muy importante en el modelado de sus estudiantes, puesto que son sus referentes conductuales y de conocimiento a parte de sus propios padres.

Por este motivo el profesor debe ser un ejemplo, explicando experimentalmente los contenidos, enseñando patrones de conducta específicos que sus estudiantes deben adquirir y, claro está, mostrar formas autónomas de estudio y expansión de sus conocimientos, promoviendo el aprendizaje autorregulado y el control emocional y volitivo.

3. Apoyo social

Se debe brindar apoyo social a los estudiantes en su proceso de aprendizaje. Es decir, tanto el profesor como el resto del grupo clase debe ser una fuente de protección y enseñanza para el aprendiz, quien durante los primeros pasos del aprendizaje no estará del todo seguro sobre qué hacer, temiendo errar.

A medida que vaya avanzando en el curso, el estudiante irá ganando más confianza en sus propias capacidades, entendiendo que un fallo no significa ser un incompetente y que con su fuerza de voluntad podrá asimilar los contenidos de clase y superar las metas y objetivos que se propongan en el ámbito académico.

A medida que el individuo se va volviendo más independiente se va progresivamente retirando el apoyo social. Esto no quiere decir que se le deje de lado, simplemente no se le da tantas ayudas ni tampoco se está tan pendiente de él cuando se ve que ya puede implicarse activamente en la construcción de su propio conocimiento.

4. Práctica autorreflexiva

La última parte del proceso de autorregulación es la práctica autorreflexiva. El alumno debe ser capaz de tomarse un momento para pensar cómo ha hecho la tarea, si ha adquirido la habilidad que se le demanda o ha sido lo suficientemente responsable a la hora de estudiar. El aprendizaje autorregulado sólo es posible cuando el individuo tiene la capacidad de reflexionar sobre su propio proceso de aprendizaje, seleccionando y ajustando aquellas estrategias que más útiles le puedan ser.

Referencias bibliográficas

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