¿Cómo ayudar a nuestros hijos cuando suspenden?

Estos consejos te ayudarán a apoyar a tu hijo asertivamente cuando suspende un examen.

Cómo ayudar a nuestros hijos cuando suspenden

En época de exámenes es habitual que nuestros hijos atraviesen por algunos estados psicológicos relacionados con el estrés, la ansiedad o incluso la baja autoestima, fenómenos vinculados a la presión por no quedar por debajo de una determinada nota y el miedo a suspender.

En este sentido, cuando un niño o adolescente suspende es probable que se sienta mal y experimente una serie de cuestionamientos de su validez para afrontar retos y solucionar problemas, hecho que se ve agravado si, como padres y madres, adoptamos un enfoque culpabilizador y demasiado moralista, basado en exigir esfuerzos y sacrificios sin medir sus consecuencias. Por eso, en este artículo hablaré sobre cómo ayudar a nuestros hijos cuando suspenden un examen, teniendo en cuenta sus necesidades y las oportunidades que este contexto ofrece para que aprendan de sus errores.

Consejos para ayudar a nuestros hijos cuando suspenden un examen

Las pautas y recomendaciones generales que encontrarás a continuación son una breve guía para que, como padres y madres, apoyemos a nuestros hijos a gestionar psicológicamente un suspenso y abordar este problema de un modo asertivo y constructivo.

1. Potenciar la gestión emocional, no el vuelco de las frustraciones

La gestión emocional es una de las capacidades que deben trabajarse con nuestro hijo para que consiga que sus emociones no le afecten hasta el punto de generar dinámicas de autosabotaje.

Podemos definir la gestión emocional como la modulación de procesos psicológicos vinculados a los sentimientos y a las emociones, haciendo que trabajen en nuestro favor y no se entrometan entre nosotros y las metas a largo plazo. Esta aptitud, muy asociada a la inteligencia emocional, pasa por identificar nuestras emociones tanto positivas como negativas y en caso de necesitarlo, sustituir las negativas por otras más adaptativas.

En este sentido, al afrontar un suspenso en un examen que ha hecho nuestro/a hijo/a, es importante que no convirtamos esta situación en un vuelco de nuestra frustración como padres y madres al ver que nuestras expectativas no se han cumplido; esto suele dar lugar a enfrentamientos estériles y a discusiones en las que la asertividad es mucho menos importante que “desahogarse” en el momento. Es mucho mejor poner el foco en ayudar al joven de la casa a gestionar ese malestar, a reparar su autoestima, y a aprender de lo ocurrido mirando hacia el futuro.

2. Motivarle

Mantener una actitud motivada también es esencial para que nuestro hijo o hija supere el mal trago de haber suspendido y para que se dé cuenta de que no se acaba el mundo por un suspenso.

Animarle hablándole de sus logros anteriores es una buena forma de ayudar a recuperar la motivación, haciéndole ver que en el pasado ha sido capaz de aprender mucho sobre una materia y de aprobar un exámen y que puede volver a hacerlo.

Ayudar a mis hijos si suspenden un examen

La motivación nos sirve también tanto a padres como a hijos para mantener una actitud positiva y compatible con un proceso de aprendizaje.

3. Ofrecerle apoyo, estar abiertos a lo que tenga que decir

No todas nuestras acciones como padres o madres deben ser unilaterales; aunque seamos los adultos de la casa, hay muchas cosas que no sabemos, tanto de nuestro hijo como de sus circunstancias en la escuela. El apoyo de los padres ante uno o varios suspensos por parte de los hijos se basa en intentar mantener siempre una actitud positiva y no mostrarse enfadado, para no profundizar más en el problema.

Los padres deben mostrarse siempre abiertos a escuchar lo que tenga que decir su hijo y a ayudarle a identificar el posible problema que pueda existir, ya sea a nivel académico o psicológico en la vida del niño o la niña.

Además de eso, también es necesario brindarle apoyo para preparar el próximo exámen tanto a nivel académico como psicológico, ayudándole en todo momento a poner en práctica estrategias útiles de estudio.

4. Potenciar la gestión del tiempo

La gestión adecuada del tiempo es una estrategia de estudio que puede resultar muy beneficiosa. Es por eso que conviene enseñar a nuestros hijos desde pequeños estrategias de estudio y pautas de gestión del tiempo que les ayuden a optimizar sus recursos.

Esto puede hacerse ayudándoles a detectar errores pasados en su manera de gestionar el tiempo de estudio en otros exámenes, pidiéndoles que recuerden y analicen cómo han distribuido sus horas de estudio.

Reflexionando sobre los errores que hemos podido cometer a nivel de organización del tiempo y de distribución de las horas, nuestro hijo podrá darse cuenta de que no deben dejarse las cosas al último momento.

5. Potenciar la asertividad

La asertividad es una de las habilidades sociales más importantes que existen y consiste en saber expresar los propios sentimientos, emociones, ideas o necesidades a otras personas, respetando siempre la opinión e intereses del interlocutor y de manera sosegada.

La asertividad, al igual que todas las habilidades sociales puede ser enseñada y entrenada tanto por parte de un psicólogos como de unos padres cualificados en la materia y esta habilidad contribuye enormemente a expresarse, a sentirse mejor y a gestionar mejor las emociones.

6. Brindar apoyo psicológico

Además de todas las estrategias mencionadas anteriormente, acudir a un psicólogo también puede ser una muy buena manera de explorar la posibilidad de si hay problemas psicológicos significativos ligados a la autoestima o su capacidad de aprender en las clases de la escuela.

Un profesional de la psicología sabrá identificar el problema o problemas que pueda presentar el niño o la niña y sabrá aplicar las estrategias correspondientes para subsanarlo, siendo algunas de ellas muchas de las que hemos mencionado.

7. Mantener la calma

Mantenernos calmados frente a nuestro hijo también es una forma de que entienda que lo sucedido no es tan grave, tiene solución, y nos ofrece un punto de inicio en el proceso de corregir su rumbo académico.

Mantener la calma en todo momento y no dramatizar sobre el suspenso es el primer paso para encontrar una solución útil para el futuro. De lo contrario, si asumimos que ese suspenso refleja realmente su supuesta incapacidad para estudiar (o incluso, su identidad y esencia), puede ocurrir que surja el fenómeno conocido como profecía autocumplida.

8. Más que aplicar castigos, enfatizar las consecuencias

Los castigos no deberían ser planteados como ataques, sino como medidas que se derivan de unas causas previas cuya aparición en el futuro hay que evitar. Es decir, expresarle que un suspenso implica tener que afrontar tareas “extra” para reequilibrar su situación educativa y evitar que se quede atrás en el transcurso de las clases. Visto de esta manera, no se presupone que nuestro hijo verá el castigo como algo que desearía no cumplir; todo lo contrario, se le muestra que confiamos en su madurez para entender que eso es necesario.

En lugar de culparlo, debemos lograr que invierta sus energías en encontrar el modo de lograr el éxito en el próximo examen, siempre de manera asertiva, amable y apoyándole en todo momento.

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Mi nombre es Carolina Marín, soy psicóloga federada por la FEAP, y atiendo a adultos, adolescentes y familias.

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