La autoestima infantil es uno de los aspectos psicológicos más importantes para potenciar el correcto desarrollo psicológico de un niño o niña. Dependiendo de si es demasiado baja o no, se podrá proponer retos que le permitan sacar partido de su potencial, podrá hacer nuevas amistades fácilmente, se cuidará más, etc.

Además, la autoestima es un aspecto modificable dependiendo de las estrategias de gestión emocional aplicadas al día a día, y dependiendo también del tipo de experiencias a las que uno se expone. Para lo bueno y para lo malo, esto implica que lo que hacemos influye en cómo nos valoramos, y esto se aplica también a la etapa de la infancia. Veamos cómo aprovechar esto a la hora de criar y educar a lso más pequeños.

Consejos para fomentar un buen nivel de autoestima infantil

Cada niño y niña merece un trato personalizado y adaptado a sus necesidades, pero también es verdad que hay algunas estrategias y técnicas que en la mayoría de los casos resultan de ayuda para favorecer que tenga una buena autoestima. A continuación encontrarás varios consejos que te pueden guiar en este aspecto.

1. Ayúdale a reconocer sus emociones

Saber identificar correctamente las propias emociones y sentimientos es muy importante para mantener una buena autoestima, sobre todo durante la infancia, dado que en esta fase de la vida la falta de experiencia puede llevar a cometer errores muy significativos.

Por ejemplo, muchos niños pueden llegar a confundir la ansiedad con el sentimiento de inferioridad, o el miedo con la culpa.

En este sentido, es bueno tener charlas con ellos de vez en cuando para que expresen lo que sienten; a partir de esto, se les puede dar la posibilidad de reflexionar al comparar esos estados emocionales entre sí: tanto en su aspecto subjetivo como en el tipo de acciones que dan ganas de hacer cuando experimentan esos fenómenos psicológicos.

2. Enséñale a superarse comparándose con sus logros pasados, no con los demás

Para potenciar su desarrollo psicológico, es importante que los principales incentivos y fuentes de motivación tengan que ver con la auto-superación, no con igualar o superar a los demás en todos los aspectos de la vida. De este modo, la referencia de sus progresos será en todo momento mucho más clara y además no dependerá de apreciaciones subjetivas propensas a verse afectadas por la ansiedad y las inseguridades.

Por ejemplo, un niño que se fije en sus resultados académicos presentes y pasados tendrá una noción de sus avances mucho más sólida que un niño que se fije siempre en la nota de los demás, porque siempre tendrá la opción de sentirse mal por no haber superado a alguien al nivel de su clase, de su curso, de su distrito...

3. Proponle proyectos

Es bueno darle a probar aficiones y tareas que le aporten experiencias satisfactorias y le den la oportunidad de aprender. Por ejemplo: aprender a tocar un instrumento sencillo, a hacer manualidades, a practicar un deporte… Siempre y cuando le interese y no sea una imposición, esto hará que pueda comprobar en propia carne su capacidad de aprendizaje.

Sin embargo, no hay que olvidar que los niños no pueden limitarse a ser máquinas constantes de aprendizaje formal y entrenamiento: también necesitan tener sus horas de ocio “improvisado” para descansar y socializar en un contexto distendido.

4. Reconoce sus progresos

Puede parecer una obviedad, pero a la práctica, son muchos los padres y madres que ponen mucho más énfasis en las reprimendas y los castigos que en los elogios cuando los pequeños hacen méritos. Además hay que hacerlo no solo dirigiendo esos elogios hacia el niño o niña, sino también al hablar con los demás en su presencia.

5. Fomenta sus hábitos de auto-cuidado

Llevar una buena higiene y un estilo de vida saludable (dentro de sus posibilidades y nivel de desarrollo físico) es muy importante para que su auto-imagen no se resienta. Por ejemplo, algo tan sencillo como sentir picores habitualmente por no haberse duchado en demasiado tiempo tiene un efecto significativo en la autoestima, y lo mismo ocurre con la falta de sueño. Esto último, además, tiene un efecto muy perjudicial en la salud mental en general, lo cual facilita que aparezca no solo una baja autoestima, sino además ansiedad, problemas para concentrarse, y más alteraciones psicológicas.

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Referencias bibliográficas:

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  • Kasper, S.; Boer, J.A. & Sitsen, J.M.A. (2003). Handbook of depression and anxiety. Nueva York: M. Dekker.
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  • Quiceno, J.M., & Vinaccia, S. (2014). Quality of life in adolescents: analysis from personal strengths and negative emotions. Terapia psicológica, 32(3): 185 - 200.