La infancia no es solo la etapa en la que más rápidamente aprendemos acerca de cómo funciona el mundo; además, es en esta primera fase de la vida donde se configura por primera vez nuestro autoconcepto, es decir, todo el conjunto de conocimientos y creencias acerca del “Yo” y todo lo que implica: quiénes somos, qué nos gusta, de qué somos capaces, etc.

Sin embargo, este no es un proceso de pura extracción de conocimiento objetivo. Junto con aquellas ideas que vamos interiorizando acerca de lo que somos como individuos, también asociamos toda una serie de emociones y sentimientos a todas las facetas de nuestro “Yo”; es decir, que todo lo que sabemos o creemos saber de nosotros mismos tiene una fuerte carga emocional que nos afecta lo queramos o no. Y en la infancia, es relativamente fácil que nos cueste gestionar esas emociones o que construyamos un autoconcepto erróneo y disfuncional acerca de nuestra identidad.

Es por eso que muchos de los niños y niñas que acuden a psicoterapia presentan, de alguna forma u otra, problemas de autoestima. Se trata de un fenómeno que en caso de no ser abordado a tiempo, puede dar lugar a una adultez difícil; como mucho de lo que hacemos en el día a día depende de la idea que tenemos acerca de nosotros mismos, si esta falla, seguramente fallará buena parte de nuestros patrones de comportamiento. Aquí veremos un resumen de los tipos de problemas de autoestima más habituales en la infancia, así como algunos consejos sobre qué hacer.

Los problemas de autoestima más característicos de la niñez

La manera de pensar, de sentir y de comportarse de los más pequeños se rige por sus propias normas, y esto hace que para muchos padres y madres sea complicado comprender del todo la clase de problemas psicológicos que pueden salir al paso de los más pequeños. Aquí encontrarás un resumen de los que tienen que ver con la autoestima.

1. Complejos por los motes y los etiquetados

Muchos niños y niñas reciben, por parte de los demás, “etiquetas” con las que no se sienten a gusto. Por ejemplo, “el despistado”, “el mandón”, etc. De hecho, en no pocas ocasiones son los adultos o incluso los miembros de la familia quienes usan estas denominaciones. Es importante evitarlas para que los pequeños no crean que estos adjetivos limitan el rango de comportamientos y habilidades que pueden esperar de sí mismos.

2. Conflictos de auto-aceptación por roles de género

Lamentablemente, los problemas de auto-aceptación y las inseguridades derivadas del hecho de no ajustarse totalmente a los roles de género siguen siendo una realidad en personas de todas las edades; esto hace, por ejemplo, que algunos niños puedan llegar a desarrollar baja autoestima por el hecho de relacionarse sobre todo con niñas, o que algunas niñas sean “castigadas” socialmente por hablar con seguridad y no temer las posiciones de liderazgo.

En situaciones así hay que procurar que sepan que si bien esta clase de presión social por amoldarse a ciertas actitudes y tareas existe, no constituye aquello a lo que uno debe aspirar, y que el problema no está en uno mismo sino en los prejuicios de algunas de las personas de su entorno.

3. Celos entre hermanos

El simple hecho de tener un hermanito o hermanita no implica que tenga por qué aparecer rivalidad o problemas de autoestima surgidos de la comparación con el otro; sin embargo, es cierto que no resultan raras las ocasiones en las que esto ocurre.

Esto puede darse, por ejemplo, por no aceptar o comprender muy bien que el más pequeño reciba más atención por parte de los mayores (sobre todo en sus primeros meses de vida), o bien por ver que el hermano o hermana mayor puede hacer cosas que a uno aún no le están permitidas.

En casos así, es importante dedicar al menos una charla pensada específicamente para que comprenda que esa clase de experiencias no reflejan lo que vale cada uno, sino que se derivan únicamente de la etapa de crecimiento y de protección que necesita cada niño o niña, y no tanto de méritos personales. También es bueno que sepan que a su edad una diferencia de tan solo unos meses puede llegar a ser muy significativa, mientras que en la adultez no lo es.

4. Baja autoestima por sentimiento de soledad

Algunos niños y niñas tienen dificultades para hacer amigos, y la soledad derivada de esto les hace pensar que valen poco.

En casos así hay que ayudarles a entender que el hecho de tener una dificultad en un área concreta de su vida (entablar conversaciones con otros niños a los que no conocen bien, por ejemplo) no resume su identidad, y que detrás de un tipo de problema muy concreto, es posible encontrar toda una serie de situaciones y experiencias en las que uno mismo se puede desenvolver bien. Esto servirá como una forma de motivación para que se enfrenten a sus inseguridades y vayan, poco a poco, puliendo sus habilidades sociales.

Eso sí, es recomendable no dejarles afrontar esto sin ayuda; en caso de que sea necesario, buscad ayuda psicoterapéutica para que el niño o la niña aprenda a manejar la ansiedad surgida de interacciones sociales y para que perfeccione sus aptitudes comunicativas.

5. Problemas por no contar con validación externa

Incluso en los niños y niñas que se relacionan de manera habitual y cercana con otros pequeños de su edad, puede ocurrir que experimenten malestar porque en estos grupos se sienten ignorados o noten que no se les tiene en cuenta para tomar decisiones participar activamente en juegos, etc.

Esta clase de situaciones son complejas (como todas las que hemos visto hasta hora, en mayor o menor medida) requieren de ser analizadas de manera individual, pero algo que suele ir bien es animar al pequeño o pequeña a no conformarse con cualquier grupo de amigos; muchas veces el principal problema está en creer que hay que pertenecer a determinado círculo social a cualquier precio, cuando hay otros en los que uno puede sentirse aceptado fácilmente.

6. Problemas de autoestima derivados de situaciones de violencia

No podemos pasar por alto que a veces los problemas de autoestima surgen de experiencias en las que nos hemos sentido muy vulnerables e indefensos, y durante la infancia somos especialmente proclives a pasar por situaciones así dada nuestra necesidad de protección, tanto física como emocional. Ante esta clase de problemas, es muy importante buscar ayuda psicológica cuanto antes.

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Referencias bibliográficas:

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