Padres que presionan sin querer: el efecto Espejo Emocional en el deporte

Así es como la presión excesiva desde la crianza desgasta mentalmente a los deportistas jóvenes.

Padres que presionan sin querer: el efecto espejo emocional
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La primera vez que me senté con él fue después de una mala vuelta. Tenía 14 años, el palo apoyado en las piernas y la mirada fija en el suelo. No estaba enfadado. Estaba tenso. Demasiado.

—“No sé qué me pasa, me bloqueo”, me dijo.

Mientras hablábamos, vi a sus padres a lo lejos, caminando de un lado a otro, comentando cada golpe, cada error, cada oportunidad perdida. No gritaban. No reprochaban. Pero su cuerpo hablaba. Y el de su hijo también. Como Coach Mental, aprendí hace tiempo que muchas veces el problema no está solo en el deportista, sino en el clima emocional que lo rodea. Ese día entendí que la ansiedad del joven golfista no era solo suya. Era un reflejo. Un espejo.

El efecto espejo emocional: cuando el niño siente lo que los padres no dicen

En el deporte juvenil, los padres son una referencia constante. No solo por lo que dicen, sino por cómo lo dicen, por cómo miran, por cómo respiran.

Un niño o adolescente no necesita palabras para captar la tensión. La siente. La absorbe. Y muchas veces la expresa en forma de nervios, bloqueos o miedo al error.

A este fenómeno lo llamamos efecto espejo emocional. El deportista joven, especialmente en deportes individuales como el golf, refleja la emocionalidad de su entorno más cercano.

Si los padres viven cada competición con ansiedad, con expectativas desmedidas o con miedo al fallo, el cuerpo del hijo lo traduce en tensión. Como Coach Deportivo, he visto a chicos técnicamente preparados que no logran rendir porque compiten con una mochila invisible: la carga emocional de “no fallar”, de “aprovechar la oportunidad”, de “no decepcionar”.

La presión que nace del amor (pero sigue siendo presión)

Aquí hay algo importante que aclarar: la mayoría de los padres no presionan por ego o ambición. Presionan por amor.

Quieren lo mejor para sus hijos. Quieren protegerlos. Quieren que aprovechen su talento.

El problema es que el cuerpo del deportista no distingue la intención. Solo recibe el mensaje.

Un comentario antes de salir: “Hoy es un día importante”.

Un gesto en la grada después de un error.

Un silencio largo en el coche de vuelta.

Nada de eso es grave por sí solo. Pero acumulado, construye una narrativa interna peligrosa: “Tengo que hacerlo bien para estar bien”.

Desde el coaching mental trabajamos mucho esta idea: el niño no compite solo contra el campo o el rival, también compite contra la expectativa percibida de su entorno.

Cuando el rendimiento se vuelve una prueba de valor

El joven golfista del que hablo no tenía miedo a perder. Tenía miedo a fallar delante de sus padres.

Cada golpe malo lo vivía como una decepción compartida. Cada error le pesaba más por lo que significaba fuera del campo que por el propio juego.

Aquí es donde la motivación deportiva empieza a deteriorarse.

Cuando el deporte deja de ser un espacio de aprendizaje y se convierte en un examen constante, la energía cambia.

El foco se va del disfrute al resultado. De la experienciaal juicio.

Como Coach Mental, suelo decirlo así a los padres:

“Cuando el niño siente que el amor depende del rendimiento, el cuerpo entra en modo defensa”.

Y en ese modo no se juega bien.

El rol del coaching mental: incluir a los padres

Uno de los grandes malentendidos es pensar que el coaching mental es solo para el deportista.

En el deporte formativo, el trabajo es incompleto si no se incluye a la familia. En este caso, las sesiones con el chico avanzaban, pero no lo suficiente. Fue necesario sentarnos con los padres. No para señalar, sino para comprender. Ellos también estaban nerviosos. También sufrían. También sentían que cada torneo era una oportunidad única.

Cuando lograron verlo, algo se relajó.

Entendieron que su ansiedad estaba viajando directamente al cuerpo de su hijo. El coaching mental con padres no busca culpables. Busca conciencia. Porque nadie puede regular lo que no ve.

Claves prácticas para padres: acompañar sin cargar

1. Separar al hijo del resultado

Decir “estoy orgulloso de ti” no debería depender del marcador. El mensaje clave es: “Eres suficiente, juegues como juegues”.

2. Cuidar el lenguaje emocional

Frases como “no pasa nada” dichas con tensión no tranquilizan. El cuerpo comunica más que las palabras. Respirar, relajarse y aceptar ayuda más que cualquier discurso.

3. El coche de vuelta importa más que la grada

Muchos bloqueos nacen ahí. A veces, el mejor acompañamiento es el silencio o una pregunta abierta: “¿Qué te llevas de hoy?”.

4. Confiar en el proceso, no solo en el talento

El desarrollo deportivo no es lineal. Habrá retrocesos. Cuando los padres confían en el camino, el hijo se permite fallar y aprender. Estas actitudes sostienen la motivación deportiva a largo plazo y crean un entorno emocionalmente seguro.

Cuando los padres bajan la tensión, el cuerpo del hijo responde Con el paso de las semanas, algo cambió en ese joven golfista.

No de golpe. Pero cambió.

Sus padres dejaron de comentar cada golpe. Se sentaban. Observaban. Respiraban. Él empezó a soltar los hombros. A caminar más ligero. A jugar con más libertad. Un día, tras una buena vuelta, no fue el resultado lo que celebró. Fue cómo se había sentido.

Eso, para mí como Coach Mental, es una victoria mayor que cualquier trofeo. Porque cuando el entorno se regula, el deportista se libera. Y cuando se libera, vuelve a conectar con lo que lo llevó ahí: el placer de jugar.

Acompañar también es un entrenamiento emocional

Ser padre de un deportista no es fácil. Exige paciencia, autoconocimiento y mucha humildad emocional.

El deporte no solo entrena al niño. También pone a prueba a la familia. Quizá la pregunta no sea “¿cómo ayudo a mi hijo a rendir mejor?”, sino “¿qué emoción mía está jugando hoy con él?”.

Daniel Miskiewicz Perdigon

Daniel Miskiewicz Perdigon

Master en Coaching Deportivo

Profesional verificado
Madrid
Terapia online

Cuando los padres se miran, el hijo respira. Cuando los padres confían, el cuerpo del deportista se suelta. Y cuando el amor deja de estar atado al resultado, la motivación deportiva florece de forma natural.

Acompañar no es empujar. Es caminar al lado sin tirar del brazo. Porque en el deporte, como en la vida, a veces el mayor gesto de apoyo es aprender a soltar.

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Daniel Miskiewicz. (2026, febrero 26). Padres que presionan sin querer: el efecto Espejo Emocional en el deporte. Portal Psicología y Mente. https://psicologiaymente.com/desarrollo/padres-presionan-sin-querer-efecto-espejo-emocional-deporte

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Daniel Miskiewicz es un coaching deportivo con más de 5 años de experiencia que ayuda a personas y deportistas a alcanzar su máximo potencial. A través del Coaching acompaña a personas a identificar y superar sus principales interferencias mentales, establecer objetivos y metas, y desarrollar planes de acción estratégicos para alcanzar todo aquello que desean ser y tener. Como Coach puedes esperar de él un compromiso absoluto para que logres obtener claridad sobre tus metas y prioridades en la vida. Te ayudará a identificar lo que realmente quieres lograr y a establecer un enfoque claro para alcanzarlo.

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