Una teoría sobre las comparaciones entre uno mismo y los demás. Antoine K.

¿Has escuchado alguna vez la expresión “las comparaciones son odiosas? La realidad es que hay muchas personas que tienden a compararse constantemente con los demás. Pero de algo parecido ya habló Leon Festinger, psicólogo social, en su teoría de la comparación social (1954).

En este artículo conoceremos en qué consiste esta teoría, y de qué forma nos comparamos con los demás para evaluar nuestras propias opiniones, capacidades y habilidades.

Teoría de la comparación social: características

La teoría de la comparación social (1954) fue propuesta inicialmente por el psicólogo social Leon Festinger, y establece que las personas evaluamos nuestras propias opiniones, capacidades y habilidades comparándolas con las de los demás. Parece además que esto se verifica especialmente en situaciones de incertidumbre, en las que puede ser difícil medir nuestra habilidad de forma objetiva.

Así, esta teoría se basa en la creencia de que existe un impulso dentro de los individuos que les motiva a obtener autoevaluaciones rigurosas.

Además, la teoría de la comparación social intenta explicar cómo influyen los factores sociales en el autoconcepto.

Hipótesis de la similitud

Una de las hipótesis más relevantes que propone la teoría de la comparación social es la hipótesis de la similitud, según la cual preferimos compararnos con personas semejantes a nosotros, pero concreta tres puntos:

1. En capacidades

Establece que utilizamos un impulso unidireccional ascendente para compararnos con los demás; es decir, cuando evaluamos nuestras capacidades, nos comparamos con personas mejores, por el deseo de mejorar.

2. En opiniones

Cuando se trata de evaluar nuestras propias opiniones, tendemos a compararnos con quienes piensan de manera diferente; si a pesar de ello, coinciden con nuestra postura, percibimos un sentimiento de autoafirmación respecto a nuestra opinión. En cambio, experimentamos hostilidad en caso de no coincidir.

3. En situaciones ansiógenas

Ante situaciones que nos generan ansiedad, tendemos a compararnos con personas que están en la misma situación que nosotros, ya que eso hace que nos sintamos mejor comprendidos y permite que estas personas empaticen con nosotros.

Por ejemplo, en una situación de examen, seguramente nos compararemos con nuestros compañeros que también deban realizar el mismo examen, ya que eso nos hará sentir más comprendidos, que si por ejemplo hablamos con nuestras padres de una situación que les genere ansiedad.

Necesidad de autoevaluación

Para la elaboración de la teoría de la comparación social, L. Festinger tomó como punto de partida la idea de que la gente tiene una pulsión autoevaluativa, es decir, necesita constantemente evaluar sus opiniones y sus capacidades.

Con frecuencia, las opiniones y las capacidades no pueden evaluarse a través de observaciones empíricas. Además, estas son buenas o malas (o correctas/incorrectas) en función de con quién nos comparemos, es decir, según la concordancia o similitud que se produce y los criterios de comparación que utilizamos.

La teoría de la comparación social también explica por qué pensamos de forma diferente sobre nosotros mismos dependiendo de la naturaleza de la comparación que hacemos, y de su significado para nosotros.

Premisas

La teoría de la comparación social parte de dos premisas para su elaboración:

Por un lado, el hecho de que las evaluaciones de opiniones o capacidades subjetivas son estables, cuando se puede hacer una comparación con los otros, de quienes se juzga que sus opiniones o capacidades son parecidas a las de una mismo.

Por otro lado, la segunda premisa establece que una persona se sentirá menos atraída por situaciones en las que los demás se diferencian mucho de ella, que por aquellas donde los demás se parecen a ella, tanto en capacidades como en opiniones.

Repercusiones en la vida cotidiana

La teoría de la comparación social tiene también implicaciones en la repercusión de los medios de comunicación y en la idea que las personas nos hacemos de nosotros mismos.

Así, frases como “las comparaciones son odiosas” podrían explicar en parte algunas ideas de la teoría, ya que si nos comparamos con gente mejor que nosotros, es más probable que nos sintamos peor que si nos comparamos con gente peor que nosotros.

Esta última situación puede aumentar nuestra autoestima, aunque en realidad lo haga de manera artificiosa, ya que una mejora real en la autoestima implica cambios más profundos y no requiere compararse con nadie.

Reflexión

Extrapolando la frase mencionada a otros ejemplos, podemos pensar en la influencia del prototipo de modelo, que se basa en una mujer extremadamente delgada; ello puede acarrear importantes problemas para la autoestima de ciertas mujeres, que llegan incluso a desarrollar trastornos de la conducta alimentaria tales como la anorexia.

De igual modo, el hecho de que los modelos masculinos prototípicos sean hombres fuertes e hipermusculados, puede afectar también la autoestima de los hombres que no se vean igual y que se comparen constantemente.

Como ya se ha comentado, insistimos en que la autoestima debe basarse más en una comparación con uno mismo que con los demás, para que pueda resultar positiva y satisfactoria realmente. En ese sentido el objetivo para alcanzar un buen grado de bienestar personal no es tratar de compararse con nadie, sino intentar valorar las cosas positivas de uno mismo.

Otra teoría de Festinger

La segunda teoría de L. Festinger, también fundamental en la psicología social,es la teoría de la disonancia cognitiva. Dicha teoría establece que se genera en nosotros una sensación de disonancia cuando nuestras creencias entran en conflicto con lo que hacemos.

El estado interno de tensión que se genera, motiva a eliminar tal disonancia y a evitar activamente las situaciones e informaciones que puedan aumentarla.

Esta teoría puede relacionarse con la teoría de la comparación social en lo referente a las ideas que chocan con nuestro autoconcepto y nos devuelven una imagen más negativa de nosotros mismos.

Referencias bibliográficas:

  • Hogg, M. (2010). Psicología social. Vaughan Graham M. Panamericana, Editorial: Panamericana.
  • Morales, J.F. (2007). Psicología social. Editorial: S.A. MCgraw-Hill / Interamenicana de España.