Por muy desconectados que estemos de la naturaleza, los seres humanos somos animales y, como sucede en la mayoría del reino animal, el aprendizaje es fundamental para la supervivencia.

Sin embargo, en el caso humano nuestra capacidad cognitiva adquiere un gran peso, lo cual hace que no seamos simples receptáculos de datos, sino que procesamos la información adquirida y la sepamos usar, es decir, usar de forma inteligente lo aprendido.

Desde hace ya mucho tiempo se ha intentado explicar y potenciar la capacidad de aprendizaje humana, siendo la taxonomía de Marzano y Kendall un gran ejemplo de ello, además de ser adecuada a lo que en el siglo XXI conocemos sobre los procesos de aprendizaje. Conozcamos este modelo con más profundidad.

La taxonomía de Marzano: ¿qué es?

La taxonomía de Marzano es un sistema de clasificación de objetivos educativo, elaborado por Robert J. Marzano y John S. Kendall. Este sistema toma su base de la famosa taxonomía de Bloom, elaborada por Benjamin Bloom a partir del año 1956, aunque tuvo posteriores revisiones. En la propuesta de Marzano y Kendall se hizo una revisión del modelo clásico, reciclándolo e incorporando nuevas ideas sobre cómo el ser humano procesa la información.

El modelo de Bloom, en tanto que tiene sus orígenes ya en la década de los 50, se quedó muy desfasado con el paso del tiempo. Es por esto que, tras varias décadas de investigación en el ámbito y mejorándolo el conocimiento sobre cómo los seres humanos aprendemos, se hizo necesaria una reformulación de este modelo, siendo la taxonomía de Marzano y Kendall, elaborada entre los años 2007 y 2008 esa respuesta.

Aunque Bloom quería, ya desde un principio, elaborar un sistema de clasificación de objetivos educativo práctico, en la realidad éste era más bien de tipo teórico, teniendo reducido impacto sobre el currículo escolar y cómo éste debía ser elaborado. Es por esto que Marzano y Kendall decidieron elaborar una taxonomía más práctica, centrada en mejorar el sistema educativo. Su sistema de clasificación es más aplicable, permitiendo a los docentes ajustar sus enseñanzas a las demandas y necesidades de su alumnado.

Dimensiones

La taxonomía de Marzano está conformada por dos dimensiones, las cuales interactúan entre sí: los dominios de conocimientos y los niveles de procesamiento.

Dominios de conocimiento

Los dominios del conocimiento hacen referencia al tipo de aprendizaje que un alumno puede adquirir. Estos dominios son tres: información, procedimientos mentales y procedimientos psicomotores.

1. Información

El dominio de la información hace referencia a la adquisición de datos puros, como fechas, eventos históricos, teorías, hechos… Es decir, es el memorizar datos, sin necesidad de un razonamiento detrás, como “copiar la información y nada más”.

2. Procedimientos mentales

Los procedimientos mentales se relaciona con todos los conocimientos que impliquen pensar, es decir, que hagan necesario seguir una serie de pasos para conseguir un objetivo.

Un ejemplo de ello sería resolver un problema matemático o aplicar un sistema de pensamiento lógico, como puede ser el método científico o el razonamiento filosófico. También se consideran procedimientos mentales leer o aprender un nuevo idioma.

3. Procedimientos psicomotores

Los procedimientos psicomotores son los que están relacionados con usar el cuerpo, es decir, dominio y coordinación física. Dentro de este dominio estaría toda actividad deportiva, además de aprendizajes de tipo manual como escribir o tocar un instrumento.

Niveles de procesamiento

Los niveles de procesamiento vienen a indicar el grado de profundidad necesario para adquirir un determinado conocimiento. Normalmente estos niveles de procesamiento son tres: cognitivo, metacognitivo e interno o “self”, aunque en la práctica se dividen en seis subniveles.

1. Nivel cognitivo

En el nivel cognitivo está la información recientemente adquirida, la que todavía está en un plano consciente. Aquí podemos encontrar cuatro subniveles: recuperación, comprensión, análisis y uso de conocimiento.

2. Nivel metacognitivo

En el nivel metacognitivo se aplican los conocimientos recientemente adquiridos para regular los propios procesos mentales, esto es, pensar en base a lo que se está aprendiendo y entender de qué manera dirigir el proceso de aprendizaje.

Gracias a los aprendizajes metacognitivos se pueden establecer metas y autorregularse para alcanzarlas.

3. Nivel interno o “self”

El nivel interno o del “self” se alcanza cuando un nuevo conocimiento afecta al sistema de creencias del individuo, haciéndole reflexionar o cambiando sus conocimientos previos, ya sea expandiéndolos o poniéndolos en duda.

Interacción entre dominios y niveles

Los dominios del conocimiento y los niveles no son aspectos aislados el uno del otro, más bien al contrario, interactúan muy fuertemente.

Todo nuevo conocimiento pasa por el nivel cognitivo, en tanto que en algún momento del aprendizaje del individuo ese conocimiento es algo recién adquirido.

Este conocimiento puede ser información, un procedimiento mental o un procedimiento psicomotor y, sea del tipo que sea, habrá un momento en el que la persona se marque unos objetivos o regule su comportamiento para perfeccionarlo, pasando al plano metacognitivo.

Ya sea aprender un idioma, practicar deporte o aplicar una fórmula matemática, todo conocimiento tiene, sin lugar a dudas, una influencia sobre el sistema de creencias del individuo, por lo tanto, pasa, finalmente, por el nivel interno o “self”.

Utilidades de la taxonomía de Marzano

La taxonomía de Marzano y Kendall tiene varias ventajas con respecto al modelo que pretendía mejorar, esto es, el de Bloom.

En primer lugar, este sistema permite que se dé el aprendizaje de manera gradual, incrementando el conocimiento del individuo al ritmo que sea necesario y estando mucho más orientada a la práctica que no la taxonomía de Bloom. Así, conociendo aspectos como lo que ya conoce el individuo, se puede personalizar el aprendizaje, evitando tener que repetir contenidos ya vistos o haciendo mayor hincapié en aspectos que más le cueste.

Otro aspecto importante de esta taxonomía es que es especialmente útil aplicarla con adultos, especialmente teniendo en cuenta que da mucha importancia al nivel metacognitivo. Las capacidades metacognitivas, es decir, ser consciente de lo que se sabe y de lo que se debería mejorar, son aspectos que van perfeccionándose con la edad. Si bien el modelo es perfectamente aplicable con niños, es este matiz lo que hace que sea ideal con personas más mayores, especialmente relacionándolo con el ámbito laboral.

¿En qué se diferencia de la taxonomía de Bloom?

La taxonomía de Marzano y Kendall fue elaborada con la intención de superar varias limitaciones vistas en el modelo clásico de Bloom, entre ellas su falta de aplicabilidad práctica. Además, en la propuesta de Marzano se tiene muy en cuenta el tipo de información o conocimiento que se quiere fomentar, siendo consciente de que hay varias diferencias entre la adquisición de información pura, el pensar de forma razonada y el aprender a realizar acciones físicas.

Marzano y Kendall tuvieron muy en cuenta el hecho de que en el proceso de aprendizaje no todo lo que se aprende o lo que influye sobre este proceso es visible. Por un lado, tenemos los conocimientos en sí pero, por el otro, tenemos aspectos subjetivos pero muy importantes como la motivación, la memoria, las emociones y la metacognición del individuo. Gracias a todo esto, los objetivos de aprendizaje se pueden establecer con mayor grado de precisión, personalizando la enseñanza del alumnado.

Cabe destacar algunas pequeñas diferencias, aunque sí importantes, entre ambas taxonomías con respecto al tipo de aprendizaje que se puede realizar. En el caso del modelo de Bloom tenemos que, también como hacen Marzano y Kendall, existirían tres tipos de conocimientos:

Cognitivos (equivalente al dominio de la información de Marzano) Psicomotores (igual a procedimientos psicomotores) Afectivos: formas de sentir y emociones.

Si bien la taxonomía de Bloom se hizo muy famosa ya en los años cincuenta y sesenta, épocas en las que se elaboró la mayor parte de la taxonomía, la propuesta de Marzano y Kendall se considera más apropiada. El motivo de ello es que, para empezar, es más actual, y sin caer en una falacia ad novitatem, cabe destacar que se ha avanzado mucho desde los años cincuenta hasta el siglo XXI.

Referencias bibliográficas:

  • Bloom, B.S., Engelhart, M.D., Furst, E.J., Hill, W.H. y Krathwohl, D.R. (1956). Taxonomy of educational objectives. The classification of the educational goals. Handbook I: Cognitive domain. New York, EE.UU.: David McKay.
  • De Vicenzi, A. y De Angelis, P. (2008). La evaluación de los aprendizajes de los alumnos: Orientaciones para el diseño de instrumentos de evaluación. Revista de Educación y Desarrollo, Abril- junio, (17-22).
  • Marzano, R. J. y Kendall, J.S. (2007). The new taxonomy of educational objectives. California, EE.UU.: Corwin Press.
  • Marzano, R. J. y Kendall, J.S. (2008). Designing and assessing educational objectives: Applying the new taxonomy. California, EE.UU.: Corwin Press.