Adicción al sexo: conceptualización, cómo identificarla, y tratamiento

Veamos las características distintivas de la adicción al sexo y cómo se trata en terapia.

Adicción al sexo: conceptualización, cómo identificarla, y tratamiento

Hoy en día, la adicción al sexo no se encuentra reconocida como tal, aunque podría considerarse una adicción comportamental.

En cualquier caso parece relevante que le dediquemos atención clínica, ya que existe una demanda específica, suficiente y creciente por parte de la población, vinculada a las abundantes consecuencias y malestar que provoca esta patología.

¿Qué es una adicción comportamental?

Antes de concretar en qué consiste la adicción al sexo, conviene recordar aquellos aspectos que caracterizan a una adicción comportamental. En primer lugar, la pérdida de control sobre la conducta y, en segundo, la dependencia.

Es importante señalar también que las conductas adictivas, inicialmente, se encuentran controladas por reforzadores positivos, es decir, que se llevan a cabo por el placer que generan; mientras que a medida que se desarrolla la adicción, las conductas pasan a ser controladas por reforzadores negativos o, lo que es lo mismo, se llevan a cabo con el objetivo de reducir el malestar.

Las características de la adicción al sexo

Ahora bien, podríamos definir la adicción al sexo como un deseo sexual desmedido (fantasías relacionadas con el sexo, excitación recurrente, impulsos y actividad sexual) vinculado a componentes de impulsividad y de compulsividad, que conllevan una incapacidad patológica para controlar dicho deseo y que se relaciona tanto con un déficit en el sistema de control inhibitorio y una hiperactividad de los receptores dopaminérgicos, como con la búsqueda de sensaciones, el placer y el refuerzo positivo.

A la hora de identificar una posible adicción al sexo, es necesario saber si se cumplen una serie de criterios. En primer lugar, el tiempo invertido en la actividad sexual ha de interferir en el cumplimiento de las obligaciones y responsabilidades de la persona.

Adicción al sexo

En segundo lugar, el sexo debe utilizarse o bien como una forma de regular estados de ánimo disfóricos, tales como ansiedad, irritabilidad o depresión, o bien como una respuesta a eventos vitales estresantes.

Asimismo, como decíamos al principio, es necesario que exista una incapacidad para controlar o reducir la actividad sexual.

Por último, se ha de valorar si la conducta persiste a pesar de que genere problemas sociales, emocionales o físicos al individuo o personas de su entorno. En este sentido, es frecuente encontrar que las personas con esta patología presentan niveles más altos de conductas de riesgo.

Otras claves para detectar la adicción al sexo

Igual que sucede con las adicciones a sustancias, en la adicción al sexo se encuentran presentes los síntomas de tolerancia (progresivamente se necesita tener una actividad sexual más intensa o frecuente para alcanzar la satisfacción inicial) y de abstinencia (tras un periodo de abstinencia sexual, aparecen síntomas que, en este caso, se tornan de carácter emocional – irritabilidad, ansiedad, abatimiento, etc).

Los individuos adictos al sexo suelen mostrar un apego ansioso-evitativo, lo que los lleva a vivir las relaciones con inseguridad y miedo al abandono, así como a entender que los demás no son dignos de confianza, por lo que la reacción de la persona es intentar no vincularse en exceso con los otros. Por ello, tienden a buscar una actividad sexual que no contenga un componente afectivo.

Por otro lado, a nivel cognitivo-emocional, se ha observado que muestran una alta rigidez cognitiva, un juicio pobre y déficits en la regulación emocional.

¿Cómo tratar la adicción al sexo?

A pesar de que no todas las adicciones comportamentales son iguales, así como tampoco lo son los individuos que las sufren, existen aspectos comunes en lo referente a la motivación para el tratamiento, el establecimiento de objetivos terapéuticos y la elección de las técnicas de intervención.

Los tratamientos más contrastados y avalados por la investigación empírica son los de corte cognitivo-conductual, así como los grupos de autoayuda.

A diferencia de otro tipo de adicciones, como las adicciones con sustancias o el juego patológico, en la adicción al sexo no es posible plantear la abstinencia absoluta como objetivo, ya que, a pesar de tratarse de una conducta descontrolada, resulta necesaria en la vida diaria. Por lo tanto, el principal objetivo terapéutico recaerá en el reaprendizaje del control de la conducta, de cara a poder hacer un uso racional de la misma.

Podría decirse que el resultado final del tratamiento es un cambio en el estilo de vida de la persona, sin embargo, para ello han de alcanzarse primero otra serie de metas específicas.

Primero ha de existir una motivación para el tratamiento, que resulta de la toma de conciencia del problema por parte del individuo, del establecimiento de una adecuada alianza terapéutica y del derrumbamiento de las resistencias que presente el paciente a través de la valoración de pros y contras de la conducta. Además, la persona debe asumir la necesidad de ayuda externa.

Una vez dados estos primeros pasos, podremos contemplar la preparación de la persona para el cambio y enfocarnos entonces en el reaprendizaje de la conducta. Para ello, se lleva a cabo un control estimular, mediante el cual se evitan los estímulos asociados al descontrol de la conducta en cuestión (por ejemplo, restringir acceso a internet y páginas porno). Paralelamente, deben aprenderse respuestas de afrontamiento adecuadas ante situaciones que puedan desencadenar el consumo.

A continuación, es necesario que el individuo comience a exponerse de manera gradual y controlada a diferentes situaciones y estímulos de riesgo. Esto supone que la persona puede, inicialmente bajo el control externo y posteriormente a través de su propia autorregulación, comenzar a llevar a cabo conductas sexuales. Con ello, se busca lograr mediante un mecanismo de habituación que se extinga el ansia por la conducta.

Finalmente, será necesario establecer un plan de prevención de recaídas, que contemple la identificación de situaciones de riesgo, la modificación de distorsiones cognitivas, el cambio de expectativas sobre las consecuencias de la conducta problema, el control de los impulsos, la planificación del tiempo libre y la solución de problemas específicos mediante la aplicación de estrategias de afrontamiento adecuadas.

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