La cocaína es una droga estimulante del sistema nervioso central, que actúa bloqueando la recaptación de neurotransmisores como la dopamina, la noradrenalina y la serotonina, y que provoca una estimulación intensa, sensación de euforia, aumento de energía y estado de alerta.
Es una sustancia ilegal en la mayoría de los países, con alto potencial adictivo, y su consumo puede causar graves daños físicos, psicológicos y sociales, tanto a corto como a largo plazo. Tiene diferentes formas de consumo, desde la esnifada, la más habitual, hasta inhalada e inyectada, con distintas consecuencias en nuestro organismo.
Comenzaremos por los efectos que conlleva el uso de esta sustancia, tanto a corto como largo plazo, y terminaremos con el daño según su forma de consumo.
Efectos fisiológicos de la cocaína
La cocaína produce efectos fisiológicos inmediatos como la estimulación intensa del sistema nervioso central, aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, vasoconstricción, dilatación de pupilas y disminución del apetito y del sueño.
A largo plazo, el consumo repetido altera el funcionamiento normal del cerebro y del sistema cardiovascular, pudiendo causar arritmias, infartos, accidentes cerebrovasculares, deterioro cognitivo, alteraciones hormonales y una fuerte dependencia debido a cambios persistentes en los neurotransmisores cerebrales.
En los neurotransmisores la cocaína inhibe los transportadores responsables de la recaptación de dopamina, noradrenalina y serotonina en la sinapsis.
Esta inhibición produce una acumulación sináptica de dopamina en el sistema mesolímbico (especialmente en el núcleo accumbens), generando euforia y refuerzo conductual, mientras que el aumento de noradrenalina eleva la activación simpática, preparando a nuestro cuerpo para lucha o huida.
La estimulación repetida induce una menor regulación de receptores dopaminérgicos, alteraciones en la plasticidad sináptica, lo que se traduce en tolerancia, dependencia, anhedonia y trastornos del estado de ánimo.
Efectos físicos
Estos efectos se manifiestan rápidamente tras el consumo y están relacionados con la estimulación intensa del sistema nervioso y cardiovascular, produciendo cambios visibles en el organismo que pueden variar desde signos transitorios hasta daños graves cuando el consumo es repetido o prolongado.
A corto plazo, tras su consumo, podemos encontrar pupilas dilatadas, taquicardia, sudoración excesiva, boca seca, náuseas, dolor de cabeza. inquietud, ansiedad, paranoia y sensación de poder o confianza excesiva.
Por otro lado, a largo plazo se pueden observar daños en el corazón (con arritmias e infartos), daños cerebrales, problemas respiratorios, bajo peso, problemas sexuales y deterioro cognitivo.
Según su forma de consumo, podemos encontrar diferentes efectos.
- Esnifada: daños en la mucosa nasal, sangrado, sinusitis, pérdida del olfato e infecciones respiratorias. Esta vía produce un efecto de euforia intensa, un aumento de energía inmediato y un estado de alerta.
- Fumada: daño pulmonar severo y quemaduras en labios y vías respiratorias. Esta forma de consumir produce un alto riesgo de sobredosis y una dependencia extremadamente rápida; además, el efecto de la sustancia es prácticamente inmediato, generando una euforia intensa con agitación y paranoia. También conlleva un aumento brusco de la presión arterial y palpitaciones. Se conoce que el deterioro mental es acelerado, pudiendo causar psicosis persistente en las personas.
- Inyectada: aunque no es la más habitual, su abuso ha incrementado en los últimos años. Esta forma produce el máximo riesgo de sobredosis, además de infecciones (como el VIH y hepatitis), daño en venas y en tejidos, y abscesos. Este tipo de consumo produce euforia casi inmediata, riesgo alto de paro cardíaco, náuseas y vómitos, convulsiones y pérdida de conciencia.
En resumen, el consumo de cocaína tiene efectos profundos y duraderos en la salud, afectando no solo el cuerpo, sino también la mente y las relaciones personales. Los riesgos van desde problemas cardiovasculares y neurológicos hasta alteraciones emocionales y sociales que pueden cambiar la vida de una persona. Comprender estas consecuencias es clave para prevenir el consumo y promover decisiones más responsables.
Más allá de las sensaciones momentáneas que ofrece, la cocaína deja cicatrices que raramente se borran. Conocer sus peligros no es solo una cuestión de información, sino un acto de cuidado hacia uno mismo y hacia quienes nos rodean.
No enfrentes la cocaína solo: pedir ayuda es el primer paso para recuperar tu vida.


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