En determinados entornos profesionales, asumir grandes responsabilidades y mantener un elevado nivel de exigencia puede acabar convirtiéndose en una forma de vida. La presión por tomar decisiones, cumplir expectativas y responder constantemente a las necesidades de los demás hace que muchas personas releguen su propio bienestar a un segundo plano. En ciudades como Guayaquil, donde las preocupaciones laborales pueden convivir con otros factores de incertidumbre, comprender cómo se manifiesta el malestar psicológico resulta especialmente importante para reconocer cuándo necesitamos apoyo.
Francisco Borja Ponce nos habla sobre la ansiedad de alto rendimiento y la somatización
Terminar la jornada y seguir repasando decisiones, dormir con el teléfono cerca o sentir culpa al descansar pueden convertirse en una forma de vivir. Para empresarios y profesionales, reconocer ese desgaste suele ser difícil mientras las responsabilidades siguen cumpliéndose. Francisco Borja Ponce, psicólogo, médico cirujano y abogado, director médico del Hospital de Especialidades Borja Clinic, explica cómo abordar la ansiedad y el agotamiento desde una escucha de orientación lacaniana y herramientas terapéuticas adaptadas a cada persona.

Francisco Borja Ponce
Francisco Borja Ponce
Abogado - Médico especialista - Licenciado en Psicología
1. Usted une la mirada del psicólogo, del médico, del abogado y del director de hospital. Desde esa experiencia, ¿qué entiende por «ansiedad de alto rendimiento» y qué perfil de personas la presenta con más frecuencia en su consulta?
Utilizo la expresión «ansiedad de alto rendimiento» para describir un malestar que puede pasar inadvertido: la persona cumple, dirige equipos y resuelve problemas, pero vive preocupada, anticipa errores y apenas consigue desconectarse. Es una expresión descriptiva, no un diagnóstico clínico independiente. Seguir siendo productivo no permite saber cuánto está sufriendo alguien.
Este malestar puede aparecer en empresarios, directivos y profesionales con responsabilidades elevadas. En consulta me interesa comprender cómo vive cada persona esa responsabilidad: si puede delegar, qué sucede cuando se equivoca y por qué descansar llega a producirle culpa. Algunas personas reconocen pensamientos como «si yo aflojo, todo se cae». Esa frase merece ser escuchada con atención para comprender qué lugar ocupa en su vida.
Desde mi orientación lacaniana, exploro el lugar que ocupan las expectativas ajenas y ese ideal de tener que poder con todo. Pregunto qué desea la persona, además de lo que siente que debe cumplir. Mi experiencia médica, jurídica y de dirección hospitalaria me permite comprender contextos de decisiones difíciles y consecuencias reales. El trabajo terapéutico busca que cada paciente pueda sostener sus responsabilidades con mayor libertad y construir una vida en la que también haya espacio para su salud y sus vínculos.
2. Muchos pacientes llegan después de haber pasado por cardiólogos, gastroenterólogos o neurólogos, convencidos de tener una enfermedad física. ¿Por qué el cuerpo expresa de esta manera un malestar psicológico?
Los síntomas físicos son reales y merecen una evaluación respetuosa. La ansiedad puede activar respuestas del sistema nervioso que modifican la respiración, aumentan la tensión muscular o aceleran el corazón. También puede acompañarse de molestias digestivas. La persona siente esos cambios en su cuerpo, aunque no identifique de inmediato una preocupación concreta.
Hablamos de somatización para describir la expresión corporal del malestar psicológico, sin suponer que todo síntoma inexplicado sea psicológico. Una evaluación que no encuentra una causa suficiente tampoco demuestra, por sí sola, que exista ansiedad. Las condiciones médicas y el sufrimiento emocional pueden coexistir e influirse mutuamente.
Desde la escucha lacaniana, me interesa cómo se relaciona ese malestar con la historia de la persona y con lo que le resulta difícil poner en palabras. No asigno un significado universal a un dolor ni presupongo un conflicto oculto. Se trata de escuchar qué ocurre en esa vida particular.
Si usted lleva tiempo buscando una explicación, merece que su experiencia sea tomada en serio. El acompañamiento psicológico puede ayudarle a comprender el miedo, reconocer patrones y recuperar actividades, manteniendo el seguimiento médico que corresponda. Una explicación cuidadosa y un plan coordinado suelen ser mucho más útiles que sentirse enviado de un consultorio a otro.
3. ¿Cómo se diferencia un síntoma de origen orgánico de uno producido por la ansiedad o por un ataque de pánico, y qué riesgos tiene para el paciente que su sufrimiento se cronifique sin una lectura psicológica adecuada?
La diferencia requiere valoración clínica. Dos problemas de causas distintas pueden sentirse de forma muy parecida, incluso cuando aparecen en un momento de estrés. Por eso, se revisan las características del síntoma, los antecedentes, la exploración física y las pruebas que estén indicadas. Un resultado normal aislado no convierte automáticamente el problema en psicológico.
Ante dolor torácico nuevo o intenso, dificultad respiratoria importante, desmayo o una pérdida súbita de fuerza o del habla, corresponde buscar atención urgente. Haber tenido ataques de pánico anteriormente no excluye una enfermedad médica nueva.
Cuando la evaluación identifica ansiedad o pánico, es importante explicarlo con claridad. El temor a las sensaciones corporales puede alimentar un círculo de vigilancia, interpretaciones alarmantes y evitación. La persona comienza a dejar de viajar, hacer ejercicio o asistir a reuniones por miedo a sentirse mal. Su vida se va restringiendo, aunque continúe trabajando.
Mi criterio es acompañar ambas dimensiones con un plan proporcionado: atender los hallazgos médicos, abordar el sufrimiento psicológico y revisar los cambios de los síntomas. Según el caso, puede requerirse coordinación con otros profesionales. El objetivo es que usted comprenda qué se ha evaluado, qué necesita seguimiento y cómo recuperar seguridad en sus actividades, sin quedar atrapado en la incertidumbre.
4. ¿Qué factores de estrés observa con más frecuencia en los sectores empresariales y corporativos de Guayaquil, como Kennedy Norte? Por ejemplo, la hiperexigencia laboral, las decisiones bajo presión, los conflictos de pareja o los litigios complejos.
En el entorno empresarial de Guayaquil hay presiones que conviene explorar: la responsabilidad financiera, la disponibilidad permanente y las decisiones que afectan a empleados o familiares. A veces se añaden conflictos de pareja o un litigio cuya duración y resultado son inciertos. A quien vive así puede costarle encontrar un momento en el que realmente sienta que ha terminado su jornada.
Mi experiencia como abogado y director médico ayuda a comprender el peso de decidir bajo presión y la necesidad de reserva. En el espacio terapéutico, esa comprensión se pone al servicio de la persona y de sus objetivos de salud.
Conviene distinguir el estrés del burnout. La Organización Mundial de la Salud describe este último como un fenómeno ocupacional vinculado al estrés laboral crónico no gestionado adecuadamente, con agotamiento, distancia o cinismo respecto al trabajo y menor eficacia profesional. Puede coexistir con ansiedad o depresión, que requieren su propia valoración.
Por eso, la intervención también debe revisar las condiciones de trabajo: cargas sostenibles, límites de disponibilidad y posibilidades reales de delegación. Una persona puede aprender recursos valiosos y seguir necesitando cambios en su entorno. Cuidar la salud mental exige tomar en serio ambas cosas.
5. Guayaquil atraviesa un contexto de inseguridad marcado por la delincuencia y por medidas como el toque de queda. ¿Cómo está afectando este escenario a la salud mental de sus habitantes?
Cuando existe una amenaza real, sentir miedo es comprensible. La inseguridad puede mantener a una persona pendiente de los trayectos, de sus familiares y de cualquier llamada inesperada. Esa vigilancia sostenida puede dificultar el descanso y aumentar la irritabilidad. En quienes dirigen una empresa, también aparece la preocupación por proteger a su equipo y sostener la actividad.
Las restricciones de movilidad pueden modificar rutinas y reducir espacios de encuentro. Sus efectos varían según las circunstancias de cada persona. No sería riguroso afirmar que todos desarrollan un trastorno, ni explicar cualquier síntoma únicamente por la situación de la ciudad.
En terapia es necesario reconocer el contexto y distinguir las precauciones útiles de una anticipación que termina ocupándolo todo. Podemos trabajar sobre la exposición continua a noticias, recuperar rutinas cuando sea seguro y fortalecer las redes de apoyo. Desde la terapia de aceptación y compromiso, también se explora qué acciones valiosas siguen siendo posibles dentro de las condiciones reales.
Si ha vivido una amenaza o un hecho violento, su experiencia merece una evaluación individual. El acompañamiento debe ayudarle a recuperar capacidad de decisión respetando su seguridad. Pedirle simplemente que se relaje, sin escuchar lo que está viviendo, sería insuficiente.
6. En su práctica integra la terapia cognitivo-conductual, el psicoanálisis de orientación lacaniana y la terapia de aceptación y compromiso. ¿Cómo se combinan estos enfoques para aliviar el síntoma, escuchar lo que este intenta decir y aprender a aceptarlo en lugar de luchar contra él?
Mi referencia principal de escucha es la orientación lacaniana. Me interesa cómo cada persona habla de sí misma, qué expectativas la condicionan y qué situaciones se repiten en su vida. Una frase como «solo valgo si resuelvo los problemas de todos» puede abrir una conversación decisiva sobre el lugar que ocupa frente a los demás.
Los enfoques mencionados tienen fundamentos distintos. Su utilización exige una formulación clínica y objetivos acordados con el paciente. Desde la terapia cognitivo-conductual, pueden abordarse los círculos de interpretación alarmante y evitación que mantienen la ansiedad. En el pánico, por ejemplo, existen intervenciones específicas con respaldo científico que se seleccionan según la evaluación.
La terapia de aceptación y compromiso, o ACT, trabaja la flexibilidad psicológica: aprender a relacionarse de otra manera con los pensamientos y las emociones para actuar de acuerdo con lo que importa. Si aparece «voy a fracasar», podemos practicar reconocerlo como un pensamiento, observar su efecto y decidir el siguiente paso sin obedecerlo automáticamente.
Aceptar una emoción no significa resignarse, tolerar violencia ni renunciar a tratar una enfermedad. Significa reducir la lucha innecesaria con la experiencia interna mientras se realizan cambios concretos. Para un directivo, eso podría traducirse en establecer un límite de disponibilidad aunque inicialmente sienta culpa.
El proceso se revisa con señales comprensibles: cuánto interfiere la ansiedad, qué actividades se recuperan y cómo evoluciona el descanso. La profundidad de la escucha debe acompañarse de una atención clara a lo que el paciente necesita en su vida cotidiana.
7. Para terminar, ¿qué le diría a alguien que vive en Guayaquil, siente que su cuerpo le está avisando algo y todavía no se decide a consultar con un profesional de la salud mental?
Puede pedir una primera cita aunque todavía no sepa explicar bien lo que le ocurre. Quizá lo único que pueda decir sea «duermo mal», «vivo pendiente del trabajo» o «me asusta lo que siento en el cuerpo». Ese es un punto de partida suficiente para comenzar a conversar.
La primera entrevista permite ordenar lo que está viviendo, conocer desde cuándo sucede y valorar cómo afecta al descanso, al ánimo y a sus relaciones. También sirve para explicar la confidencialidad y sus límites legales, acordar objetivos y decidir qué atención necesita. Según los hallazgos, puede ser necesaria psicoterapia, evaluación médica o coordinación con otros profesionales. Usted debe poder preguntar y comprender las recomendaciones.
Atiendo presencialmente en Guayaquil, en Kennedy Norte, y mediante terapia online en Ecuador cuando esta modalidad resulta adecuada. Puede solicitar una cita a través de mi perfil en Psicología y Mente. Mi compromiso es ofrecer una escucha rigurosa, un trato respetuoso y explicaciones claras sobre el proceso.
Si usted está acostumbrado a hacerse cargo de todos, también merece un espacio para hablar de lo que le está pasando. No necesita esperar a perder su capacidad de trabajar para consultar. Su descanso, sus vínculos y la posibilidad de disfrutar de su vida ya son motivos suficientes para buscar ayuda.
Presentación profesional
Francisco Borja Ponce es psicólogo, médico cirujano y abogado en Guayaquil, Ecuador. Es director médico del Hospital de Especialidades Borja Clinic. Su orientación de escucha es lacaniana e incorpora recursos de terapia cognitivo-conductual y terapia de aceptación y compromiso según la evaluación y los objetivos terapéuticos. Ofrece atención presencial en Kennedy Norte y online en Ecuador, con especial atención al malestar asociado a la ansiedad y a la exigencia profesional.

Francisco Borja Ponce
Francisco Borja Ponce
Abogado - Médico especialista - Licenciado en Psicología











