El testimonio de un psicólogo experto en la atención a personas sordas mediante lengua española de signos.

La psicoterapia se caracteriza por adaptarse a las necesidades de cada tipo de paciente; forma parte de la naturaleza de este servicio el tener en cuenta las particularidades del individuo y hacer lo posible por corresponderlas en el trato profesional que se le da.

Esta filosofía de trabajo implica no dar nada por supuesto: lo que funciona para una persona puede no funcionar con otra, y esto se aplica incluso a la manera de comunicarse. El caso más claro en el que esto ocurre lo encontramos en las personas sordas que acuden al psicólogo.

En esta entrevista conversamos con Rubén Monreal, psicólogo especializado en psicoterapia para personas sordas que atiende en Madrid.

Entrevista a Rubén Monreal: así es la terapia psicológica para personas sordas

Rubén Monreal es uno de los pocos psicólogos en Madrid que atienden a personas sordas en lengua de signos española. En esta ocasión nos habla de su experiencia profesional atendiendo a miembros de gente con hipoacusias o sordera profunda.

¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje de la Lengua de Signos Española?

Considero que soy afortunado en ese sentido al ser familiar directo de personas sordas y eso me ha facilitado las cosas a la hora de aprender la Lengua de Signos Española. Desde que nací me he expresado en esta lengua de forma fluida y he podido comprender hasta día de hoy qué quiere transmitir una persona sorda sin problema.

En ocasiones, sucede que los profesionales nos formamos para poder ofrecer servicios, pero en mi opinión esa formación no es suficiente para poder llegar a las personas y comprender lo que necesitan hasta que verdaderamente conectamos con sus necesidades.

A veces nos falla la conexión con los demás, y en eso me considero afortunado, a la hora de relacionarme y comprender las demandas de una persona sorda que acude a consulta.

Muchas veces se habla de la comunidad de personas sordas como un conjunto con sus propias particularidades culturales, al tener su propio lenguaje y formas típicas de socializar. ¿Crees que esto se ve reflejado en el tipo de problemas y necesidades que lleva a algunas personas sordas a asistir a psicoterapia?

Creo que no. Pienso que las personas sordas se han integrado gracias en parte a las tecnologías que permiten enviar mensajes y realizar videollamadas, de una manera extraordinaria a la sociedad actual.

De hecho, la prueba la tenemos en que ya no existen prácticamente centros educativos o colegios en exclusiva para niños sordos, sino que se ha apostado por la inclusión de esta comunidad en aulas mixtas con niños oyentes y sordos mezclados.

Por otra parte, sí que es cierto que siendo realistas el mundo no está diseñado idealmente para personas sordas a pesar de que la llegada de los móviles y los ordenadores hayan facilitado las cosas para este colectivo.

Por esto, en ocasiones, algunas personas sordas se pueden sentir infravaloradas, desconectadas del resto, desilusionadas o cansadas de percibir cómo en situaciones que son importantes para ellas, no se les proporciona acceso o facilidades a aquello que desean o que les haría sentir mejor.

Muchas veces, además, el hecho de ser personas oyentes no nos ayuda a ponernos en su piel, no entendemos como es la vida sin poder oír e incluso ni siquiera nos paramos a tomar conciencia de esto.

En tu experiencia, ¿los casos de discriminación que puedan sufrir aún hoy en día las personas sordas son suficientemente significativos como para que sean, en sí, la causa principal por la que muchas van a terapia?

En cierta manera sí. Vamos a imaginar por un momento que una persona sorda se sube a un autobús y decide sentarse al final del mismo sin haberse dado cuenta del sonido que emite la maquinita para avisar de que ya no le quedan viajes en el billete.

El conductor trata de avisarla, pero percibe que esta persona no le está haciendo caso. Por ello, el conductor, harto y ofendido por esta “actitud” de pasotismo al sentirse ninguneado, se dirige de manera agresiva y exasperada a esta persona sorda para decirle que no ha pagado el viaje y que se tiene que bajar del autobús.

Bien, ¿qué percibiríamos si fuésemos por un momento esa persona sorda? Exacto, las consecuencias. No sabemos qué ha podido pasar, solo estamos viendo a un conductor cabreado, exasperado acusándonos de no sabemos muy bien qué. Emocionalmente nos está llegando un mensaje de odio, de rabia y esto nos repercute sin esperarlo.

Las emociones se transmiten, por lo que el mensaje desagradable ya lo hemos absorbido a pesar de que se podría haber evitado con los suficientes medios o prestando una mayor atención a las cosas.

En consecuencia, el estar atentos al momento presente (de las primeras cosas que trabajamos con personas hipoacúsicas es Mindfulness) se convierte en algo fundamental para las personas sordas, ya que funcionar con el piloto automático a las personas oyentes no nos puede generar consecuencias aparentemente dolorosas, pero en el caso del colectivo sordo, sí.

Es decir, este es solo un ejemplo de como existen multitud de situaciones cotidianas que pueden generarnos conflicto y que pueden hacer que las personas sordas a veces se sientan incomprendidas, discriminadas y mal tratadas en la sociedad en la que vivimos.

Rubén Monreal

¿El modo en el que el psicólogo establece la relación terapéutica entre profesional y paciente tiene particularidades cuando se atiende a una persona sorda?

No necesariamente. Seguimos un trabajo parecido al que establezco con personas oyentes, salvo que cambiamos de “idioma”. Tanto cliente como yo establecemos la comunicación a través de la Lengua de signos española (LSE).

Para mÍ como profesional es un reto, un orgullo y una motivación el poder colaborar con personas sordas y plantear el aprendizaje de habilidades psicológicas sin el uso del canal auditivo para ello.

Me parece que es una manera de aportar valor a este colectivo para que pueda relacionarse de una manera más sana y plena con la realidad y yo me siento un auténtico privilegiado de aprender en esa relación terapéutica de las dificultades y de las fortalezas que estas personas sordas han desarrollado a lo largo de sus vidas para llegar a donde han llegado.

Por el tipo de quejas que has ido percibiendo, ¿qué ideas crees que tendrían que calar más en la sociedad para que las personas sordas se sintiesen más y mejor integradas?

En este punto, soy partidario de una sola idea, que es el ser más conscientes. El estar más atentos y ser más empáticos con las necesidades del colectivo sordo.

Considero que, sin prestar verdadera atención, poco nos podemos concienciar como sociedad. Fíjese en el cambio climático. Hasta que no ha empezado a hacer temperaturas muy altas en el mes de octubre no nos hemos dado cuenta de que quizá estemos destrozando el planeta.

Por esto, me parece que nosotros, como personas oyentes que somos, podríamos probar durante un mes a vivir sin oír nada para comprender desde qué perspectiva una persona sorda se enfrenta a las situaciones del día a día y a las dificultades que a veces se encuentra por el hecho de no poder oír o de oír poco.

En cuanto a los servicios de psicoterapia pensados específicamente para personas sordas, ¿te parece que existen buenas opciones para formarse como psicólogo capacitado en este ámbito?

En cuanto a este tema, pienso que queda mucho trabajo por hacer. Cada psicólogo tenemos nuestra manera de trabajar y abordar las demandas de las personas que acuden a nosotros.

Actualmente, me parece que no existe ninguna asignatura en la carrera ni formaciones superiores de psicología, que dedique parte del temario a formar a los futuros profesionales en lengua de signos española.

Por ello, al ser una necesidad no contemplada en los actuales planes de estudios, considero fundamental que aquellos psicólogos que lo deseen adapten lo que saben a la lengua de signos y que entrenen sus capacidades para poder llegar y transmitir a las personas sordas el conocimiento que son capaces de transmitir a personas oyentes.

Mi visión ideal de todo esto es que no hay o no deberían existir dificultades en ningún centro de psicología para atender a personas sordas en España, pero desafortunadamente somos pocos de momento y me gustaría que las cosas puedan ser diferentes en el futuro.