Una descripción más de la irracionalidad humana. Unsplash.

Si pensamos en momentos históricos como la Segunda Guerra Mundial es posible que surja la reflexión sobre cómo es posible que tantos soldados y ciudadanos tuvieran determinados comportamientos calificables como crímenes de guerra y contra la humanidad, como los que se llevaron a cabo en los campos de concentración. La misma duda puede surgir en contextos como la violencia de pareja o de género, o en contextos menos dramáticos como en aquellos sujetos que cometen robos o fraudes. Y no hace falta que nos movamos en ámbitos referentes a la ilegalidad: también podemos preguntarnos por ejemplo cómo es posible que personas que valoran la fidelidad por encima de todas las cosas pueden llegar a ser infieles.

Son muchos los intentos de explicar cómo que personas que generalmente no llevarían o debería llevar a cabo estas y otras conductas por estar en contra de sus principios han llegado a realizarlas. Una de las teorías propuestas es la teoría de la desconexión moral de Bandura, que repasaremos brevemente en este artículo.

La teoría de la desconexión moral: principios básicos

La teoría de la desconexión moral de Bandura propone que durante nuestra evolución y desarrollo, la conducta va siendo socialmente reforzada o castigada a través de la aplicación de diferentes procedimientos, una regulación que con el paso del tiempo vamos interiorizando mediante la socialización. Poco a poco pues vamos adquiriendo y desarrollando un sentido de la ética y la moral, regulando nuestra conducta a partir de los valores que se van instaurando en nuestra manera de ser. Así, tendemos a comportarnos de forma coherente con las normas de comportamiento que hemos interiorizado, autoregulándonos.

Sin embargo, en ocasiones es posible que las personas llevan a cabo actos contrarios a dichos valores y normas interiorizadas (por conveniencia, conformismo o supervivencia entre otras posibles razones), algo que por lo general por lo general provoca una disonancia entre nuestro hacer y nuestro pensar. Ello va a generar un aumento de la tensión interior y la aparición de malestar subjetivo ante la propia actuación, al aparecer un conflicto moral.

En estos casos, y especialmente cuando la transgresión supone una fuerte ruptura con nuestras creencias y valores, resulta habitual que se produzca la que Bandura denomina desconexión moral selectiva, empleando diferentes mecanismos defensivos que permiten intentar legitimar los propios actos a pesar de ir en contra de su sistema moral, desactivándose la autorregulación y la censura moral hasta convertirse éstos elementos en algo irrelevante y justificable para la propia persona.

Dicha desconexión se da de manera progresiva, de tal manera que poco a poco se van aceptando cada vez más conductas que en un primer momento se considerarían inaceptables, absurdas, crueles o incluso criminales. Así, el autoconcepto queda protegido y no aparece el proceso de autorregulación habitual según se van aplicando diferentes mecanismos defensivos.

Esta teoría parte de la concepción de que la interacción entre conducta y pensamiento se ven profundamente influidas por factores ambientales, personales y conductuales, siendo la moral también afectada por la influencia de la cognición, la emoción y las interacciones sociales. La teoría de la desconexión moral de Bandura, como hemos visto en la introducción, es aplicable en todo tipo de situaciones: de las más simples o nimias hasta grandes crímenes de guerra. Obviamente, a mayor gravedad de la escisión entre conducta realizada y moral mayor dificultad para emplearse y mayor necesidad de la aplicación intensa de mecanismos defensivos que impidan la destrucción del yo y del autoconcepto.

Cuatro principales niveles

La teoría de la desconexión moral propone que dicha desconexión puede producirse en diferentes dominios o niveles, en función de dónde se localiza o el aspecto que trabajan los mecanismos empleados en sí. De este modo, podemos encontrar cuatro grandes dominios.

1. Locus de conducta

Este dominio hace referencia al conjunto de procesos en los que el elemento sobre el que se lleva a cabo la modificación es la conducta en cuestión. Los actos se reinterpretan a través de diferentes mecanismos, reduciendo la gravedad de estos.

2. Locus de acción

En este caso, el punto en el que el sujeto introduce modificaciones de cara a reducir la distorsión cognitiva generada por sus actos es su propio nivel de responsabilidad personal percibida por él, reduciendo esta en base a mecanismos concretas.

3. Locus de resultado

El principal punto de inflexión en el locus de resultado es, precisamente, los resultados de la acción. Se basa en reducir la importancia y gravedad de los hechos y sus consecuencias, o bien ignorarlas.

4. Locus del receptor de las acciones

Aquí el objetivo o mecanismo para evitar el malestar es la de buscar una explicación de la conducta a partir de la víctima o receptor de los actos inmorales. Principalmente se basa en echar la culpa al otro o reducir su valor como ser humano.

Mecanismos defensivos

La teoría de la desconexión moral de Bandura plantea que el ser humano emplea diferentes mecanismos de tipo cognitivo para justificar su conducta cuando esta está en contra de sus principios morales y éticos. Concretamente se plantean ocho grandes mecanismos, siendo estos los siguientes.

1. Justificación moral

Mecanismo defensivo de la desconexión moral en la que la conducta realizada y contraria a los valores y creencias del sujeto es defendida como un medio empleado para alcanzar un propósito digno y superior, que justifica los actos cometidos. Se reinterpreta la realidad de forma positiva de tal manera que el acto inmoral se vuelve en realidad loable a ojos de su perpetrador. Es uno de los mecanismos que se situaría en el dominio del locus de conducta, y es habitual su presencia en el ámbito militar y en el terrorismo. Es propio del locus de conducta.

2. Lenguaje eufemista

Modalidad de mecanismo defensivo en que la intensidad y gravedad de la conducta inmoral se ve reducida o tergiversada a través del lenguaje, expresándose de tal modo que pierde su carácter dañino. En otras palabras, poner nombres neutros a acciones inmorales. También es parte del locus de conducta.

3. Desplazamiento de responsabilidad

Un mecanismo ampliamente utilizado hoy en día, se trata de atribuir toda o gran parte de la responsabilidad de los propios actos a otras personas o situaciones. En muchas ocasiones dicha persona tiene cierta posición de superioridad con respecto al sujeto. El azar, el momento y el lugar u otro sujeto pueden servir como elemento al que desplazar la responsabilidad de los actos.

Es típicamente utilizado en el ámbito laboral, pero también en otras situaciones más dramáticas. Una frase que resumiría parte de este concepto es “solo seguía órdenes”. Se basa en atribuir la culpa a otros, algo que la situaría como un mecanismo típico del locus de acción.

4. Difusión de la responsabilidad

Semejante al mecanismo anterior, lo que en este caso en vez de atribuirse a una sola persona se asume una ligera parte de culpa a la par que esta se extiende y se difunde por todos los miembros de un grupo o colectivo. De este modo, la responsabilidad individual se ve atenuada al repartirse la culpa entre todos, o bien directamente desaparece. Parte del locus de acción, en que se interpreta y reasigna la culpabilidad de los hechos.

5. Minimización de consecuencias

Mecanismo defensivo centrado en considerar que las consecuencias de las acciones amorales son de menor gravedad de lo que realmente son. Ello supone distorsionar o considerar falsos o exagerados a los efectos de la conducta llevada a cabo. “No será para tanto”. El dominio del que formaría parte este mecanismo es el locus de resultado.

6. Comparación ventajosa

Principalmente, este mecanismo defensivo supone realizar comparaciones entre la propia conducta y otra considerada mucho peor, de tal manera que por comparación la primera no parece tan grave. La típica expresión “...pero yo no he matado a nadie” sería un ejemplo sencillo de dicha comparación. También es habitual el usar como excusa para realizar el acto inmoral el hecho de que otro u otros nos hayan hecho algo peor. Propio del locus de la conducta, al reinterpretar los hechos en base a dicha comparación.

7. Deshumanización

Mecanismo defensivo empleado generalmente ante la culpabilidad ante las consecuencias de las propias acciones para otras personas, siendo estas acciones generalmente de una gran gravedad. Se base en restarles humanidad a los afectados, reduciendo la consideración hacia ellos como seres y quitando importancia a sus vidas. Ello produce una disminución del nivel de empatía para con ellas, facilitando la reducción o incluso eliminando la sensación de malestar asociada a los daños causados. Muchos actos de guerra y crímenes se justifican por este medio, siendo el mecanismo empleado basado en el locus del receptor de las acciones.

8. Atribución de culpabilidad

Semejante al desplazamiento de responsabilidad y a la deshumanización, se basa en hacer de la víctima la principal responsable de que el sujeto haya cometido el acto amoral. “Se lo iría buscando/Iba provocando” es una frase típica que resume este mecanismo. La propia conducta es vista como una reacción normal, derivada o atenuada por la situación y la consideración de que el otro merecía dicho trato. Malos tratos y violaciones son algunos de los contextos en los que ha sido utilizada este mecanismo, propio del locus del receptor de las acciones.

Referencias bibliográficas

  • Bandura, A. (1999). Moral disengagement in the perpetration of inhumanities. Personality and Social Psychology Review, 3 (3), 193-209.
  • Bandura, A. (2006). Mechanisms of moral disengagement in support of military force. The impact of Sep. 11. Journal of Social and Clinical Psychology, 25 (2), 141-165.
  • Rubio, F. (2016). Desconexión moral y violencia en las reclaciones de noviazgo de adolescentes y jóvenes. Tesis doctoral. UNED.
  • Obermann, M. L. (2011). Moral disengagement in self-reported and peer-nominated school bullying. Aggressive Behavior, 37, 133-144.