Arielle Calderon

Tradicionalmente, las relaciones de pareja han tendido a reproducir una clase de vínculos afectivos en los que hay dos roles bien diferenciados: la persona que manda y la que obedece. Este fenómeno ha sido cuestionado recientemente con el auge del igualitarismo, pero sus efectos continúan haciéndose notar en los pequeños detalles de nuestra vida amorosa e íntima: aún hoy, en es frecuente que existan jefes y jefas dentro de las relaciones.

Son varios los factores que explican por qué, si observamos con detenimiento nuestra relación de pareja, muy probablemente veamos que somos propensos a adoptar el rol de líder o de parte obediente sin atender a criterios razonables.

Algo más que diferentes personalidades

Que en las parejas existen jefes y jefas se puede ver con relativa facilidad al darse cuenta de que es muy frecuente que uno de los miembros de la relación se preocupe más por contentar a la otra, pida disculpas más a menudo y con más énfasis, y acepte siempre las decisiones que tome la otra. 

Puede parecer que esto es simplemente una muestra de que en las parejas siempre suelen existir ciertas diferencias de personalidad, pero lo cierto es que hay más factores que influyen en esto y que hacen que, en mayor y menor medida, muchas personas abracen los papeles de jefes y vasallos.

¿Quién lleva los pantalones en la relación?

La dinámica de dominación en el que una persona toma las decisiones, asume grandes riesgos y manda sobre su pareja en algo que ha estado muy relacionado con el rol del hombre como líder de la familia. No en vano en varias zonas de habla hispana es frecuente preguntar ¿quién lleva los pantalones en tu relación?, sirviendo este recurso basado en la metonimia para curiosear sobre quién es la persona que hace "de hombre" en la pareja.

Por lo menos dentro del ámbito doméstico, siguen existiendo buenos motivos para creer que las mujeres acostumbran a estar sujetas a unas obligaciones de las que los hombres se desentienden: sólo hay que repasar los estudios realizados sobre prácticamente cualquier país y que exploran las horas semanales que dedican ambos sexos a realizar las tareas domésticas. El sexo femenino gana abrumadoramente en el tiempo dedicado a los quehaceres del hogar, en muchas ocasiones complementando estas con las que venían realizando los hombres: el trabajo fuera de casa y los estudios superiores.

Por lo tanto, las relaciones de pareja heterosexuales en las que ambas personas viven juntas siguen estando escoradas hacia el liderazgo masculino en lo que respecta al mantenimiento de las condiciones de vida. Las mujeres siguen realizando la mayor parte del trabajo en casa y en muchas ocasiones, además, desarrollan carreras profesionales fuera de ella. Sin embargo, el jefe o jefa de una relación lo es en varios aspectos que van más allá de los trabajos de la casa y de la influencia colectiva de la cultura. También hay que tener en cuenta lo que hemos ido aprendiendo todos y cada uno de nosotros de manera individual.

La comodidad del rol de jefe y de parte obediente

Si nos ponemos a pensar en los conceptos "jefe" y "parte obediente" como algo abstracto, es muy probable que lleguemos a la conclusión que ser lo primero es preferible a ser lo segundo. A fin de cuentas el liderazgo está relacionado con las ideas de libertad, autonomía y poder, mientras que la obediencia transmite las sensaciones opuestas.

Sin embargo, a la práctica no es complicado ponerse en la piel de personas que prefieran asumir el papel de quien obedece. Renunciar al rol de jefe significa no tener que preocuparse tanto por el futuro, vivir unas situaciones menos impredecibles y no tomar decisiones complicadas. Esto es, en parte, lo que explica que existan tantas relaciones de pareja en las que hay un claro jefe o lideresa: la otra parte ha llegado a interiorizar la idea de que adoptar un rol pasivo y obediente le interesa o es "lo normal". Lo ha aprendido a partir de experiencias previas.

De este modo, si el hecho de tomar la iniciativa y dirigir equipos (formales o informales) de personas nos ha dejado con buenas sensaciones en la mayoría de las ocasiones, esto tendrá también un efecto en nuestras relaciones de pareja. Lo mismo ocurre en esos casos en los que, aunque sea de modo inconsciente, hemos aprendido que lo mejor es hacer lo que se nos pide. Los noviazgos y los matrimonios no son un mundo aparte de aquellos en los que aprendemos a relacionarnos con todas las personas en general.

Un encaje en tiempo real

Claro que en la aparición del rol del jefe en las relaciones no solo importa la cultura y el que vivamos más anclados o menos en nuestras experiencias pasadas. También es decisivo el modo en el que compartimos un tiempo y un espacio con la otra persona, la manera en la que nuestras personalidades encajan en tiempo real dependiendo de las situaciones que solemos vivir juntos y el contexto que compartimos. 

Así, una persona proactiva y con un buen nivel de autoestima podría verse desplazado hacia el rol de parte obediente si su pareja es una persona no especialmente decidida pero con un nivel socioeconómico mucho mayor.

Diversos liderazgos para diversas situaciones

Además, también es frecuente que uno de los miembros de la pareja sea el jefe o la jefa en contextos muy concretos, pero no en otros. En ocasiones, esto es así por motivos bien establecidos y hasta cierto punto racionales; por ejemplo, el hombre puede ser el jefe en lo que se refiere al mantenimiento del jardín de la casa porque él sabe más de ese tema. Sin embargo, son el resto de liderazgos, los que no pueden ser justificados basándose en valores como la igualdad, los que ponen en riesgo el equilibrio en la relación de pareja.

Algunos de estos casos en los que surgen jefes injustificados pueden ser reforzados por la tradición y la cultura; como por ejemplo la vieja costumbre de que el hombre deba pagarle a una mujer la cena. Pero los otros casos de liderazgos no razonados ni basados en las costumbres comunitarias pueden ser, simplemente, un síntoma de que la relación de pareja se basa en una falsa simetría: en ella, hay alguien que cree injustificadamente que tiene un valor mayor que la otra persona, con la que adopta una actitud de autoridad y paternalista.

Evitando liderazgos extra

Aunque el jefe o jefa crea que le corresponde ese rol por defecto y que eso forma parte de la normalidad, lo cierto es que esa dinámica de relaciones cotidianas y afectivas no se fundamenta en nada que no sea, simplemente, la idea de que uno mismo merece ser quien mande y quien decida por la otra persona. 

Evitar la aparición de estos liderazgos basados en el autoritarismo a pequeña escala es imprescindible para hacer que las dos personas comprometidas en el proyecto de la pareja puedan dar y recibir por igual.