Como comentábamos en nuestro artículo del mes pasado dónde hablamos del primer principio para poder tener una vida plena, este mes vamos a hablar del segundo principio; la aceptación.

Sólo puedes aspirar a una transformación interna cuando te aceptas exactamente cómo eres.

El cambio sólo ocurre después de la aceptación total de nuestro Ser. Para cambiar la forma de pensar, sentir, actuar, debes aceptar también a los demás, al mundo, así como a todas tus experiencias pasadas, incluso a las más dramáticas. El cambio no se hace, se permite que suceda.

¿Qué es la aceptación?

La aceptación es la acción de aceptar al mundo, a nosotros mismos, a los demás y, principalmente, a la imprevisibilidad de la vida.

Es común oír que la vida no es justa y cosas horribles suceden a personas buenas. ¡Es verdad! El hecho de que la vida sea imprevisible y de no tener todo el control sobre lo que nos sucede, crea desequilibrios y angustias difíciles de encarar.

No siempre es fácil vivir este principio de la aceptación. Una persona que se acepta así misma, con su pasado, cualidades y defectos, seguramente llegará mucho más lejos en la vida, y tendrá más posibilidades de alcanzar sus objetivos, además de servir de inspiración a las personas que le son cercanas.

Si la persona no acepta las cualidades, defectos y limitaciones que posee, está fragmentada. El cambio es vital e inevitable en la vida de cualquier individuo, está implícito en la aceptación de nosotros mismos y del mundo. Sólo así se obtiene una vida plena.

Algunas verdades difíciles de aceptar - ¿Cuáles son las tuyas?

La verdad es liberadora. Sin embargo, en una fase inicial, vivir de acuerdo con la verdad puede ser generador de pensamientos insanos y comportamientos fatales:

  • Mi pareja murió ... No tiene sentido vivir. Voy a matarme. Me siento mal, en sufrimiento, desamparado, solo, incompleto ... Voy a aislarme en casa. ¡No quiero ver a nadie!

  • Tengo una enfermedad terminal. Voy a morir. ¡Odio a mi Dios! Tengo pena de mí mismo, siento miedo, ansiedad, envidia de la salud de los demás. Me volví arrogante, rebelde, conflictivo con médicos y enfermeras.

  • Sufro de inestabilidad financiera ... Voy a perder la casa y el coche, voy a quitar a mis hijos de la escuela, no puedo pagar las deudas ... Más vale la pena matarme ... Me siento impotente para controlar la situación. ¡Estoy frustrado y tengo miedo! Voy a apostar mis últimos cambios en unos juegos para ver si hay suerte, si me da una ayuda. No voy a pagar impuestos. ¡Voy a huir!

  • Soy un adicto. ¡Jamás conseguiré parar! Nadie me comprende y están todos en contra de mí. Me siento vacío e incompleto. No pertenezco a ninguna parte. Tengo miedo. Voy a usar otra dosis para autodestruirme.

"Nada es permanente, excepto el cambio"

La célebre frase de Heráclito se basa en la noción de la eterna transformación. La diferencia de una persona que se acepta, respecto a la que no se acepta, es la disposición para los cambios. Muchas de las frustraciones y angustias que se enfrentan provienen de querer ser lo que no somos. No es posible ser felices y sentirnos completos sin aceptarnos a nosotros mismos.

La persona que se acepta tiene muchas más oportunidades de ser feliz en sus relaciones Y en su profesión, y sabrá lidiar con sus propios conflictos interiores. Vivir en aceptación es estar a gusto contigo mismo y con los demás. Es desarrollar capacidades internas. Es conseguir vivir el "aquí" y "ahora. Vivir en aceptación es ser auténtico.

La libertad no es más que abrir los ojos al mundo y a los demás y cerrar los oídos a las voces que nacen del miedo. Esto tiene que ver con un cuento antiguo.

Concluyendo

Quien logra aceptar la vida como es, tendrá siempre más talento para lidiar con cualquier circunstancia adversa. Aceptar nuestra realidad no es más que rendirse a la evidencia de que hay cosas que no pueden ser alteradas. Hay cosas buenas, hay cosas malas, pero nada podemos hacer contra eso. Por otra parte, el positivo sólo existe por oposición a lo negativo.

La aceptación es saber que todo en la vida está siempre en constante movimiento. Al asumir este razonamiento como verdadero la necesidad de controlar todo lo que nos rodea desaparece, lo que lleva a una disminución del estrés y la ansiedad.