Un repaso a las características de esta forma de aprendizaje. Unsplash.

Aprender de nuestras experiencias en función de lo que hemos vivido anteriormente es fundamental para la supervivencia. Ello permite la ejecución de patrones de conducta cada vez más adaptativos, e incluso predecir posibles resultados de nuestras acciones: por ejemplo, aprendemos a evitar determinados estímulos y a buscar activamente otros debido a que antes hemos podido vincularlos con algún tipo de consecuencia.

El porqué actuamos como lo hacemos y cómo hemos aprendido a hacerlo es algo que ha intrigado a la humanidad desde hace siglos y que ha conducido a la exploración e investigación del tema por parte diferentes disciplinas como la psicología, generando diferentes corrientes y teorías. Entre dichas corrientes teóricas podemos encontrar el conductismo, para el cual la principal base y explicación de la conducta se encuentra en la capacidad de asociación y en el aprendizaje asociativo. Es sobre este concepto sobre el cual vamos a hablar a lo largo del presente artículo.

El concepto de aprendizaje asociativo

Se entiende por aprendizaje asociativo al proceso mediante el cual el ser humano y otros seres vivos establecen una vinculación o asociación entre dos o más fenómenos, de tal modo que aprenden y reaccionan a dicha relación. Este aprendizaje supone un cambio en la conducta del sujeto que lo adquiere, hasta el punto de anticipar que determinadas estimulaciones o acciones van a acarrear la llegada de otros estímulos o consecuencias.

Para que se produzca es necesario que exista cierta condensación, habituación o sensibilización hacia la relación existente entre ambos elementos, algo que a su vez implica que se presenten repetidamente como en cierta medida concurrentes y contingentes.

Se trata de un concepto especialmente trabajado por el conductismo, un paradigma de la psicología que se centró en el estudio de la conducta como único elemento empírico y observable de la psique (dejando de lado el papel del aparato psíquico en sí en ella) y que buscaba proporcionar una explicación objetiva y científica de nuestro comportamiento, siendo de hecho la capacidad de asociación una de sus principales bases.

Originalmente, el conductismo valoraba que el aprendizaje asociativo dependía únicamente de las propiedades de los estímulos y de cómo se realizara la presentación de estos, siendo el aprendiz un sujeto totalmente pasivo que simplemente captaba la relación.

Sin embargo, según han ido pasando los años y han ido desarrollándose nuevas corrientes como la cognitivista y la cognitivo-conductual la comprensión de este fenómeno ha ido incluyendo cada vez más variables cognitivas propias del sujeto, pasando a ser un elemento más activo en dicho tipo de aprendizaje.

De hecho, en la actualidad se considera que el aprendizaje asociativo nos permite ser capaces de realizar predicciones y establecer nuevas estrategias derivadas de la recepción de información por él permitido, estableciendo relaciones de causalidad en base a la exposición repetida a los estímulos. Y es que no sólo asociamos estímulos, sino también ideas, conceptos y pensamientos de tal modo que podemos desarrollar nuevos conocimientos incluso sin tener que someternos a una estimulación real.

Tipos de aprendizaje asociativo básico

A continuación veremos dos de las principales formas de aprendizaje asociativo, las cuales pese a que no explican la totalidad del aprendizaje sí sirven como algunas de las bases del aprendizaje asociativo.

El condicionamiento clásico

El condicionamiento clásico o pavloviano es uno de los tipos de aprendizaje asociativo más básicos pero a la vez más fundamentales que se han investigado, sirviendo su estudio como base para profundizar en el fenómeno de la asociación. En el condicionamiento clásico se considera que la conducta de los los seres humanos y el resto de animales se deriva del aprendizaje de la relación existente entre diversos estímulos.

Concretamente, se aprende que dos estímulos están relacionados debido a la percepción de que ambos suceden de manera contingente y próxima en el espacio y en el tiempo, observándose de manera repetida que la aparición o desaparición de un estímulo antecede o se encuentra relacionada con la aparición o desaparición de otro.

En este proceso, un estímulo capaz de generarnos por sí mismo una respuesta fisiológica incondicionada o estímulo incondicionado se ve apareado o relacionado con un estímulo neutro, de tal manera que a medida que se va produciendo una presentación conjunta va condicionándose de tal modo que termina por generar una respuesta igual o similar a la que generaría el estímulo incondicionado, lo que vendría a denominarse respuesta condicionada.

Este tipo de relación se va aprendiendo en base a la repetición, si bien dependiendo del estímulo, su saliencia y cómo se presente la relación puede generarse una asociación más rápida o más lenta. Asimismo, la asociación puede darse tanto a nivel de estimulación positiva (aprendemos que cosas que nos gustan se relacionan con cosas neutras) como aversiva (estímulos dolorosos se asociacian a otros neutros, que nos terminan por generar miedo).

Por ejemplo imaginemos que nos traen nuestro plato favorito: su aparición (estímulo incondicionado) nos genera ganas de comer y empezamos a salivar (respuesta incondicionada). Ahora bien, si de forma habitual alguien toca una campana poco antes de que nos traigan la comida terminaremos por asociar la idea de que la campana está vinculada a la comida, lo que a la larga hará que un estímulo que al principio nos era indiferente (estímulo neutro) pase a tener un valor semejante al de la comida (el sonido de la campana pasa de ser neutro a ser estímulo condicionado) y generarnos una reacción de, en este caso, salivación (respuesta condicionada).

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Condicionamiento operante

Otro de los principales tipos de aprendizaje asociativo es el condicionamiento operante de Skinner, el cual se pasa de asociar meros estímulos a considerar la asociación existente entre la propia emisión o no emisión de una conducta y las consecuencias que esta tenga.

En este tipo de aprendizaje asociativo nos encontramos con que la realización de una conducta o comportamiento concretos tiene una serie de consecuencias, las cuales van a alterar la probabilidad de que dicha conducta vuelva a aparecer debido a la asociación aprendida. Así nos podemos encontrar con casos de reforzamiento (sea positivo o negativo) o de castigo (sea positivo o negativo), los cuales implican respectivamente el aumento o disminución de la conducta a partir de la presencia de unas consecuencias determinadas.

En el refuerzo positivo la conducta conlleva como consecuencia la aparición de un estímulo apetitivo, mientras que en el reforzamiento negativo se elimina o deja de hacer aparición un estímulo aversivo: en ambos casos la conducta es considerada positiva para el sujeto, lo que aumenta la probabilidad de su aparición.

En lo que respecta al castigo: en el castigo positivo se aplica o administra una consecuencia o estímulo aversivo si el sujeto lleva a cabo la conducta, mientras que en el castigo negativo se elimina o extrae un estímulo o elemento positivo o apetitivo para el sujeto. En ambos casos la probabilidad de repetir la conducta disminuye, dado que tiene consecuencias aversivas.

Además de ello también hay que tener en cuenta que las consecuencias pueden estar presentes de manera inmediata o demorarse, algo que también va a alterar la probabilidad de aparición de conductas y que puede estar mediado por aspectos como la manera en que se hayan presentado la conducta y las consecuencias o la secuenciación de esta (por ejemplo si hay una contingencia entre ambos fija o variable, o si las consecuencias aparecen cada vez que se realiza la conducta o durante un intervalo de tiempo concreto).

Aprendizaje por observación

Otro de los tipos de aprendizaje que parte parcialmente de la asociación es el aprendizaje por observación. En este caso, partiendo de los anteriores condicionamientos, se realiza una asociación entre lo que le ocurre o hace otra persona y nosotros, pudiendo llegar a realizar un aprendizaje asociativo sin tener que experimentar directamente la asociación de estímulos. Dentro de este podemos encontrar por ejemplo el aprendizaje social o la imitación de modelos.

Referencias bibliográficas:

  • Dickinson, A. (1980). Contemporary animal learning theory. Cambridge: Cambridge University Press.
  • Higueras, B. y Muñoz, J.J. (2012). Psicología básica. Manual CEDE de Preparación PIR, 08. CEDE: Madrid.
  • Rodrigo, T. y Prado, J. Aprendizaje asociativo y aprendizaje espacial: historia de una línea de investigación (1981-2001). En Vila, J.,Nieto, J. y Rosas, J.M. (2003). Investigación contemporánea en aprendizaje asociativo. Estudios en España y México. Colección Univesitas del lunar.