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Hace años que en psicología ha ganado popularidad la teoría de que, cuando toca detectar señales de que la persona que está hablando con nosotros miente, es bueno fijarse en las expresiones de su cara. Es decir, que tener en cuenta el lenguaje no verbal que se expresa a través de los gestos del rostro es necesario para saber si alguien dice la verdad o no.

La idea es que hay algunas señales, llamadas microexpresiones faciales, que aparecen en diferentes puntos del rostro y que son tan discretas, automáticas e involuntarias que revelan aspectos sobre las verdaderas intenciones y motivaciones de la persona.

Sin embargo, un reciente estudio pone en entredicho esta idea al señalar que cuando toca detectar mentiras, cuando menos se vea la cara de la otra persona, mejor. Es decir, que dejar de prestar atención a estas señales visuales puede resultarnos útil a la hora de acercarnos a la verdad.

Un estudio centrado en la detección de mentiras

Esta investigación estuvo promovida por temas políticos: existen propuestas para no permitir que en los juicios las testigos puedan llevar prendas asociadas a la religión musulmana como el niqab, que tapa toda la cabeza y deja al descubierto solo los ojos de la mujer.

Es decir, que se quería ver hasta qué punto los motivos para prohibir esto eran razonables y basados en hechos objetivos relacionados con el modo en el que podemos llegar a detectar las mentiras. Para esto, una serie de equipos de investigación de la Universidad de Ontario y de la Universidad de Amsterdam coordinaron sus esfuerzos para examinar este tema en el laboratorio.

¿Cómo se realizó el experimento?

El estudio tuvo dos tipos de experimentos en los que una serie de voluntarios tenían que decir si varias mujeres que hacían de testigos decían la verdad en un simulacro de juicio. Para hacerlo más realista, a cada una de las testigos se le mostró un vídeo mostrando a una persona robando o no un bolso, de manera que cada una de ellas veía solo una de las dos versiones de lo que podía ocurrir: o se había robado, o no. Además, se les dijo que debían testificar acerca del comportamiento que habían visto y se hizo que la mitad de ellas tuvieran que mentir sobre lo ocurrido.

Durante el interrogatorio en el juicio, algunas de las testigos llevaron un hijab, que cubre partes de la cabeza pero deja la cara al descubierto; otras llevaron el mencionado niqab que sólo revela los ojos de quien lo lleva, y otras llevaron ropa que no cubría la cabeza. Estos juicios fueron filmados y luego mostrados a estudiantes de Canadá, el Reino Unido y los Países Bajos. Tenían que averiguar quién mentía y quién decía la verdad.

Los resultados: cuanto menos se vea, mejor para saber quién miente

Los resultados, publicados en la revista Law and Human Behavior, fueron sorprendentes. Curiosamente, los estudiantes fueron más hábiles a la hora de detectar las mentiras cuando les tocó juzgar a mujeres con casi toda la cara tapada. Es decir, que resultaba más fácil estar en lo cierto acerca de lo que pensaban las mujeres cuando éstas llevaban hijab y, en menor medida, niqab. Las mujeres que no tenían tapada ninguna parte de la cabeza siempre fueron "descubiertas" en menor grado que las demás. De hecho, con ellas ocurría que se las reconocía como testigos que mentían por pura suerte, ya que la tasa de éxito no se despegaba significativamente del 50%.

Esto no solo iba en contra de la lógica de que realizamos juicios más acertados cuanta más información tenemos, sino que también indicaba que los estereotipos negativos acerca de las mujeres musulmanas no llevaron a juicios más menos favorables sobre estas.

Posibles explicaciones a este fenómeno

¿Qué significan estos resultados? Una manera de interpretarlos es asumir que las señales no verbales que tenemos en cuenta (aunque sea de manera inconsciente) a la hora de juzgar la veracidad de lo que se oye nos distraen más que otra cosa, haciendo que lleguemos a conclusiones falsas por apoyarnos en informaciones irrelevantes.

Por eso, las barreras que tapan expresiones faciales hacen que nos veamos obligados a dirigir nuestra atención a fuentes de información más fiables y relevantes, como el tono de voz, la frecuencia con la que se cometen errores gramaticales, el temblor de la voz, etc. De hecho, algunos de los estudiantes directamente se colocaron en una posición en la que no podían ver la pantalla en la que se veía el vídeo cuando les tocaba detectar las posibles mentiras de las mujeres con velo, para no distraerse.