El envejecimiento ha sido definido como el proceso biológico por el cual el cuerpo cambia a lo largo del desarrollo, especialmente a medida que avanza la edad adulta. En general se relaciona el envejecimiento con una degradación estructural que a su vez implica pérdidas en las capacidades funcionales, con especial énfasis en las de adaptación y autocuidado.

En la actualidad no hay consenso en la comunidad científica en torno a la naturaleza y la definición concretas del envejecimiento. Sin embargo, sí podemos distinguir tres tipos de envejecimiento: el primario, el secundario y el terciario. Cada uno de estos tipos engloba cambios distintos y está determinado por causas específicas.

Tipos de envejecimiento

Los principales tipos de envejecimiento son los siguientes.

1. Envejecimiento primario

Cuando se habla de envejecimiento primario se está haciendo referencia a una serie de cambios progresivos e inevitables que se dan en todas las personas a medida que pasan los años. Como el resto de tipos de envejecimiento, implica un deterioro en el funcionamiento general y en la capacidad de adaptación al entorno.

Se clasifican como envejecimiento primario todos los procesos no patológicos que se producen como consecuencia de la edad; por esto es llamado también “envejecimiento normativo”. Se da durante toda la vida adulta, si bien sus efectos son mucho más notables en edades avanzadas, sobre todo en personas que no gozan de buena salud.

Entre los cambios que conforman este tipo de envejecimiento encontramos la menopausia, la debilitación y encanecimiento del cabello, el descenso en la velocidad de procesamiento cognitivo, la pérdida de fuerza, la aparición progresiva de déficits sensoriales o el deterioro de la respuesta sexual.

Los procesos biológicos implicados en el envejecimiento primario alteran el funcionamiento físico, pero también se asocian a cambios psicológicos y sociales. Estos últimos están influidos en mayor medida por el contexto, si bien al hablar de variabilidad interindividual este tipo de envejecimiento se solapa con el secundario.

Causas del envejecimiento primario

Las teorías principales sobre el envejecimiento primario lo conceptualizan como un proceso preprogramado a nivel genético. Factores como la limitada capacidad de regeneración de las células y el deterioro progresivo del sistema inmunitario influyen de forma clave en este tipo de envejecimiento.

La teoría de la programación genética afirma que con la madurez se activan genes que desencadenan el envejecimiento, y la del marcapasos propone que estos cambios se deben al desequilibrio hormonal producido por la “desconexión” del reloj biológico del hipotálamo. Según la teoría inmunológica, en edades avanzadas el sistema inmunitario pasa a atacar al cuerpo.

Otras perspectivas defienden que el envejecimiento primario es consecuencia de la acumulación de daños en el cuerpo, y no de factores genéticos inmodificables. Estas hipótesis, que en general cuentan con menos aceptación que las genéticas, son conocidas como “teorías celulares no genéticas” o “teorías del daño aleatorio”.

La teoría del radical libre, la más popular en este grupo, plantea que la liberación de electrones libres que resulta de la actividad normal del organismo provoca daños acumulativos en las membranas celulares y en los cromosomas.

Otras hipótesis cercanas atribuyen el deterioro a la construcción espontánea de moléculas perjudiciales, a la incapacidad del cuerpo para protegerse indefinidamente de las influencias ambientales dañinas, a la acumulación de errores en la síntesis de proteínas (que alteraría la transcripción genética) o a los efectos normales del metabolismo.

2. Envejecimiento secundario

Este tipo de envejecimiento consiste en cambios causados por factores conductuales y ambientales, ajenos a los procesos biológicos naturales. Se suele afirmar que el envejecimiento secundario es aquel que se puede prevenir, evitar o revertir, pero esto no siempre es así; la característica clave es la no universalidad de los procesos que lo componen.

Los principales factores que determinan la intensidad del envejecimiento secundario son el estado de salud, el estilo de vida y las influencias ambientales. Así, padecer enfermedades como trastornos cardiovasculares, llevar una dieta poco sana, ser sedentario, consumir tabaco, exponerse directamente al sol o respirar aire contaminado potencian este tipo de cambios.

Muchos déficits físicos y psicológicos típicos de la vejez pueden considerarse consecuencia del envejecimiento secundario a pesar de que tiendan a ser vistos como manifestaciones del primario; por ejemplo, el deterioro cognitivo patológico y el cáncer se vuelven mucho más frecuentes a medida que la edad avanza, pero no se dan en todas las personas.

3. Envejecimiento terciario

El concepto de envejecimiento terciario hace referencia a las pérdidas rápidas que se producen poco antes de la muerte. Aunque afecta al organismo a todos los niveles, este tipo de envejecimiento es especialmente notable en el ámbito cognitivo y psicológico; por ejemplo, en los últimos meses o años de vida la personalidad tiende a desestabilizarse.

En 1962 Kleemeier propuso la hipótesis de la “caída terminal”, que en inglés se denomina “terminal drop”. Este autor y algunas investigaciones longitudinales han sugerido que, a medida que se acerca la muerte, las capacidades cognitivas y la capacidad de adaptación se deterioran de forma muy marcada, lo que provoca un incremento de la vulnerabilidad.

El modelo del envejecimiento en cascada de Birren y Cunningham propone que los tres tipos de envejecimiento interactúan entre ellos, de modo que sus efectos se potencian mutuamente. Así, el envejecimiento secundario provoca una intensificación de los efectos de los deterioros biológicos naturales, y estos cambios son aún más marcados al final de la vida.