Estas crisis suelen desencadenar un alto nivel de frustración. Unsplash.

Dentro de nuestra naturaleza como seres humanos, se encuentra la necesidad de sentir que tenemos nuestra vida bajo control. Esta sensación nos ayuda a sentirnos seguros y favorece el bienestar psicológico.

No obstante, cuando esta necesidad de control se convierte en una urgencia o en una condición esencial para nuestra tranquilidad, puede llegar a causar estragos tanto en nuestras relaciones personales, como en nuestra vida laboral y en la calidad de vida en general.

¿Qué se entiende por necesidad de tener el control?

Para poder saber qué siente una persona con miedo a no tener en control primero debemos conocer cuál es la necesidad de control y qué implicaciones psicológicas tiene.

Por “necesidad de control” entendemos la necesidad de la persona de entender aquello que le rodea para poder ejercer un efecto o poder sobre este. Así como la urgencia que siente de determinar una serie de resultados o consecuencias antes de que estas ocurran.

En los casos en los que esta sensación de control se ve amenazada bien por el azar, porque la situación no depende de la persona o porque son otros los que toman las decisiones, es posible que la persona experimente una serie de emociones negativas como frustración y enfado, que le obliguen a llevar a cabo conductas de dominación, extorsión o crítica.

En estos casos se pone en marcha un mecanismo conocido como “motivación de control”. Conducida por la motivación de control, la persona puede llegar a reaccionar de dos maneras diferentes: por una parte puede aparecer una reactancia psicológica, mediante la cual la persona aún hace mayores esfuerzos por intentar controlar una situación incontrolable; o bien se puede generar un sentimiento de indefensión en la que lo intentos de dominar desaparezcan.

Aunque generalmente la tendencia a planificar las cosas o prepararlas con antelación son consideradas como positivas y realmente eficaces para la consecución de nuestros objetivos, cuando esta tendencia se lleva al extremo y se convierte en necesidad puede llegar a interferir en nuestra vida diaria.

¿Cuál es la causa de este temor?

El exceso de necesidad de control suele venir causado por el propio miedo a no tenerlo. Aunque todavía no se han determinado las causas exactas de este temor a no tener el control existen algunas teorías que lo relacionan con la personalidad o con la vivencia de eventos traumáticos en el pasado.

Un de estas teorías hipotetiza que en muchas ocasiones bajo el miedo a no tener el dominio de la situación se encuentra un temor irracional a estar a merced de otras personas. La causa de este pavor ante la idea de depender de otros puede tener su origen en eventos traumáticos en los que la persona se sentía indefensa o vulnerable.

Experiencias pasadas de abuso, abandono o negligencia pueden favorecer que la persona busque, de manera desproporcionada, recuperar la sensación de que todo en su vida está bajo control.

No obstante, existen varios factores que pueden tener un papel importante a la hora de influir en la necesidad de control de la persona, favoreciendo que este se acentúe de manera desmesurada. Estos factores son:

  • Experiencias vitales traumáticas o de abuso.
  • Falta de confianza.
  • Ansiedad.
  • Miedo al abandono.
  • Baja autoestima.
  • Creencias y valores de la persona.
  • Perfeccionismo.
  • Miedo al fracaso.
  • Miedo a experimentar emociones negativas o dolorosas.

¿Cómo son las personas con alta necesidad de control?

Aunque a primera vista las personas con miedo a perder el control de sus vidas, o que simplemente tengan la necesidad constante de sentir que lo tienen, tienden a parecer personas fuertes y seguras; la realidad es que tras esta apariencia se esconde cierta fragilidad, así como una gran vulnerabilidad ante la idea o el temor a que existan ciertas cosas que no se pueden controlar, que ocurren al margen de lo que uno desea.

Las personas con tendencia a controlar todo lo que le rodean experimentan un gran temor a la aparición de eventos repentinos e imprevistos, puesto que su capacidad de ser espontáneos o improvisar no está bien desarrollada.

Además, otra de las características que definen a estas personas es la sensación de que el resto dependen de su capacidad de gestionar los acontecimientos que van ocurriendo en el día a día. Por lo que este sentimiento de responsabilidad puede llegar a convertirse en un potente estresor.

¿Qué tipos de control existen?

Existen innumerables formas en las que las personas pueden intentar tomar el control tanto de su entorno como de otras personas. Estas personas ejercen una especie de dominio en sus relaciones íntimas, en el entorno familiar, laboral o social.

1. Necesidad de control sobre uno mismo

Cuando la persona experimenta un miedo excesivo a no tener el control de su vida, puede llevar a cabo las siguientes conductas:

  • Ejercicio compulsivo.
  • Limpieza o aseo compulsivo.
  • Autolesiones.
  • Abuso de sustancias.

2. Necesidad de control sobre los otros

Algunos ejemplos de conductas que ejercen estas personas son:

  • Control de las actividades de la pareja.
  • Revisión de elementos personales como el teléfono o las redes sociales de otra persona.
  • Impedir que otra persona hable o se relacione con familiares o amigos.
  • Gaslighting.
  • Conductas deshonestas con terceros.
  • Paternidad sobreprotectora.
  • Abuso físico, sexual o emocional.
  • Conductas de intimidación o burla.

¿Cómo puede ayudar la psicoterapia?

Abordar los problemas de control desde la psicoterapia implica descubrir a la persona la existencia de una gran necesidad de control en ella. Este punto resulta sumamente complicado, ya que en la mayoría de ocasiones el paciente no es capaz de percibir esta necesidad de dominio o poder.

Durante la terapia, el paciente y el psicólogo trabajan unidos con la finalidad de abordar el miedo subyacente a esta necesidad. Así como las emociones asociadas a esta, tales como ansiedad, creando una serie de estrategias de afrontamiento útiles cuando estas aparezcan.

Este proceso en el que se trabaja la autoconciencia del paciente puede ayudar a que este renuncie a la necesidad de control.

La psicoterapia cognitiva puede ayudar a la persona a identificar la verdadera causa de la necesidad de control: la autoprotección. La inestabilidad emocional y la falta de opciones o autonomía pueden llevar a una persona a buscar control sobre otros aspectos de la vida. Reconocer y abordar esta fuente de malestar le ayudará a desarrollar la autocompasión y aceptar esa parte del yo que necesita protección.