Los rasgos de las relaciones dañinas por su vinculación a la dependencia.

Cuando hablamos de dependencia emocional nos referimos a aquellas personas que muestran mucho miedo y ansiedad ante la idea de ser abandonadas y que, debido a ese temor, toleran y hacen cualquier cosa con tal de que la pareja o también otras personas de afecto no le dejen.

Tal es ese miedo que se considera dependiente a la persona que está dispuesta a hacer o soportar casi cualquier cosa con tal de que no se termine la relación que están teniendo. Sin embargo, esto es mucho más complejo. La dependencia emocional engloba diferentes tipos (sumisos, evitativos y dominantes), que a primera vista no parecen siquiera personas dependientes sino más bien lo contrario.

Veamos cómo nos vinculamos de forma sana y de forma no sana, y las consecuencias de esta última.

Vinculación patológicas vs. Vinculación sana

Los seres humanos, inevitablemente, dependemos unos de otros; de hecho, somos la especie más social entre todas. En realidad, las personas que no mantienen vínculos con nadie consideramos que son raras o que incluso pueden llegar a tener serios problemas personales.

Por tanto, primero tenemos que distinguir una vinculación sana de una patológica. No se puede ser absolutamente independiente pero tampoco absolutamente dependiente de otra persona o personas. Cualquiera de los extremos distaría de ser un vínculo sano.

Para vincularnos y relacionarnos de forma sana utilizamos dos métodos psicológicos: la regulación y la seguridad.

1. Regulación del Yo

Hay dos formas de regularlo: con la auto-regulación y con la co-regulación.

Auto-regulación

La empleamos cuando, ante una situación que nos altera, tiramos de nuestros recursos, aficiones, capacidades, para volver a un estado de calma (ejemplo: salir a correr, meditar, pintar, leer, escuchar música, relajarse respirando, etc.).

Co-regulación

La empleamos cuando, en esas situaciones adversas y para volver a ese estado de calma, tiramos de alguien de confianza (ejemplo: hablar con alguien, llamar a una amiga por teléfono, acudir a tu pareja para contárselo). Es frecuente y normal que cuando nos sentimos bajos de ánimo queramos contárselo a alguien para desahogarnos.

2. Seguridad

Hay quien se sienta más seguro o segura cuando se encuentra solo/a o en compañía. Conocemos gente que no se siente segura cuando se sienten en soledad, como por ejemplo aquellas personas que se sienten “vacías” si no tienen pareja, mientras que otras personas que temen las relaciones. Tanto un extremo como el otro es un ejemplo de una vinculación no sana, dado que unas no confiarán para regularse ellas solas y las otra desconfiarán de los demás.

3 formas de vincularnos de forma no sana generando dependencia

Teniendo en cuenta lo anterior, deducimos que con una autoregulación y la sensación de seguridad en la soledad es más probable que nuestros vínculos sean sanos, y viceversa: depender de los demás para estar a gusto con uno mismo o desconfiar de ellos conllevará relaciones tóxicas.

Al fin y al cabo, la autonomía y la intimidad son las que nos permiten tener “relaciones horizontales” con los demás: me valgo del resto pero también sé regularme yo, es decir, no necesito sí o sí de nadie para regularme, pero tampoco me aparto. Gestionarlas mal puede llevarnos a establecer vínculos no sanos de diferentes formas o patrones de conducta que se dan en las relaciones con personas significativas. Hablemos de ellos.

1. Patrón sumiso

Es el que más fácil y rápidamente se reconoce como dependencia emocional. La emoción más frecuente de la persona sumisa es la ansiedad, precisamente por su miedo a ser abandonada. Su forma más frecuente de regulación es a través de los demás (es decir, la co-regulación) poseyendo muy pocas capacidades para auto-regularse. Siempre suelen necesitar de alguien para sobrellevar sus problemas.

En el fondo, sienten que no merecen que les quieran porque piensan que no valen, motivo por el cual se esfuerzan tanto en hacer lo que sea para que la otra persona no les abandone. Precisamente, se comportan de forma sumisa por ese miedo a que les dejen de querer. Les cuesta reconocer sus propias necesidades porque están demasiado pendientes de las necesidades de los demás.

Les cuesta decir que no a los demás, tolerar las críticas o recibir de los demás. Por ello, con frecuencia sienten que los demás no se preocupan por ellos lo suficiente, que no les corresponden por todos los esfuerzos que ellos hacen y hasta pueden llegar a sentir que “estorban”.

2. Patrón dominante

La emoción que predomina en una persona dominante es el miedo, el cual expresan a través de la ira y los enfados. Su miedo es justamente, ser dominados o rechazados. Ellas mismos se consideran malas personas y, al igual que el sumiso, no merecedores de ser queridas.

Se regulan a través de los demás pero de forma muy sutil, ejerciendo ese rol de control sobre la otra persona. No obstante, muchas veces se pueden llegar a mostrar como muy independientes (ej.: amenazan con dejar la relación), pero no es más que para disimular una sensación de pérdida (ej.: piden perdón y suplican cuando son dejados).

Las personas dominantes, también pueden ser cuidadoras, pero haciendo que la persona a la que cuidan dependa de ellas, creando esa necesidad en la otra persona o haciendo chantaje emocional. La diferencia con los cuidadores sumisos es que estos cuidan para ser queridos mientras que los cuidadores dominantes cuidan como una manera de someter y llevar el control.

3. Patrón evitativo

Las personas evitativas hacen que se alejan, física y emocionalmente, de las personas de su alrededor.

La emoción más frecuente en este caso es la tristeza, que lo que en realidad expresa es una gran sensación de soledad, y que intentan mostrar como desinterés. En realidad, no son conscientes de esta tristeza, ya que también se distancia sus propias emociones, ignorándolas.

Además, son muy desconfiados de los demás; lo que más temen es perder independencia o libertad o ser controlados si involucran mucho con otra persona emocionalmente. Por lo tanto, su forma de regulación es la auto-regulación, mediante ese no hacer caso a sus emociones y sensaciones. Esto les puede llevar a parecer muy poco dependientes.

Sin embargo, lo que pasa en realidad es que se implican muy poco en las relaciones con los demás (ya que todos necesitamos hasta cierto punto de los demás). Suelen vivir las relaciones como una obligación llena de responsabilidades, por lo que rara vez llegan a comprometerse del todo y verdaderamente les incomoda en contacto con los demás.

Referencias bibliográficas:

  • Cabello, F. (2018). Dependencia emocional en jóvenes: la nueva esclavitud del siglo XXI. In: F. Cabello, M. Cabello and F. del Río Olovera, ed., Avances en Sexología Clinica. pp.207 - 214.
  • Mansukhani, A. (2018). Los patrones de vinculación patológica: más allá de la dependencia emocional. In: F. Cabello, M. Cabello and F. del Río Olovera, ed., Avances en Sexología Clinica. pp.191-200.
  • López, F. (2009). Amores y desamores. Madrid: Biblioteca Nueva.