Veamos en qué consiste este modelo en Psicología de la Salud.

La psicología de la salud ha ido cogiendo cada vez más fuerza durante los últimos años. Matarazzo (1980) fue uno de sus impulsores, al definir qué era una conducta de salud. En esta ocasión conoceremos el Modelo de Creencias sobre la Salud de Becker y Maiman.

Este modelo incluye un importante componente cognitivo/perceptivo en la evaluación de la posibilidad de enfermar. Pero, ¿de qué depende que adoptemos hábitos o conductas de vida saludables? Vamos a conocerlo en este artículo.

Conductas de salud

Una conducta de salud es, según Kasl y Cobb, aquella conducta orientada a prevenir una enfermedad. Según Matarazzo, tales conductas disminuyen los patógenos conductuales e incrementan los inmunógenos conductuales. Las variables que influyen en la adopción de conductas de salud son: el contexto social, la percepción del síntoma, los estados emocionales y las creencias acerca de la salud.

Modelo de Creencias sobre la Salud: características

El Modelo de Creencias sobre la Salud fue propuesto por Becker y Maiman en 1974. Estos autores formularon el modelo, aunque alrededor de los años 50 un grupo de especialistas en psicología social en Norteamérica ya había elaborado las primeras hipótesis, buscando una explicación a la falta de participación pública en programas de detección precoz y prevención de enfermedades.

El modelo plantea que la disposición de una persona para adoptar una conducta de salud, estará determinada por dos factores: la percepción de susceptibilidad a enfermar y la severidad percibida de la consecuencia de la enfermedad.

Componentes

El Modelo de Creencias sobre la Salud está formado por tres grupos de elementos o componentes. Veamos cuáles son.

1. Percepciones individuales

Estas, a su vez, están formadas por dos elementos ya comentados: la susceptibilidad a enfermar (o el riesgo de enfermar) y la gravedad percibida en relación a las consecuencias de dicha enfermedad. Estas percepciones influyen directamente en la amenaza percibida por el propio sujeto.

En relación a la percepción de susceptibilidad o riesgos, estudios con adolescentes han concluido que ciertas personas que realizan comportamientos favorecedores de la transmisión del VIH, como coito sin protección, (acciones de riesgo) no se perciben como en mayor riesgo de contraer Sida que otros que no realizan semejantes acciones. Esto resulta bastante alarmante.

Por otro lado, y también en relación al VIH/Sida, algunos estudios han demostrado que la creencia de que la tecnología moderna va a ser capaz de encontrar pronto una cura para el VIH/Sida, tiene una correlación directa con la práctica de comportamientos de riesgo, datos también alarmantes.

Así, vemos como la percepción de riesgo al que uno se expone o ha estado expuesto puede suponer un factor condicionante del comportamiento. Dicha percepción puede estar relacionada con la idea que uno tiene de su pareja y de lo que significa fidelidad, y estará influida por la edad, tendencia sexual, autoimagen, factores culturales, intelectuales, etc.

Todos estos elementos pueden ser identificados y abordados de forma adecuada en intervenciones psicoeducativas.

2. Factores modificantes

Estos factores están formados por dos tipos de variables: las variables demográficas y psicosociales (por ejemplo el lugar donde se vive, la edad, el sexo, etc.), y las creencias que resultan claves para la acción (por ejemplo campañas preventivas, consejos, etc.)

Igual que las percepciones individuales, los factores modificantes influyen en la amenaza percibida de enfermar que tiene el sujeto.

3. Probabilidad de acción

La probabilidad de acción (es decir, la probabilidad de actuar, de adoptar una conducta de salud para prevenir la enfermedad) depende de los beneficios y los costes o barrera que implica ejercer tal conducta o no.

De esta forma, además de percibir amenaza sobre su salud y gravedad de las consecuencias, la persona deberá también creer que es capaz de producir ciertos cambios o modificaciones en su conducta, y que tal iniciativa/s le producirá/n mayores beneficios que inconvenientes o perjuicios (derivados del esfuerzo a realizar para alcanzarlos).

Premisas del Modelo

A modo de síntesis, podemos agrupar las tres premisas básicas del Modelo de creencias sobre la salud:

  • La creencia -o percepción- de que un determinado problema es importante o suficientemente grave como para tenerlo en consideración.
  • La creencia -o percepción- de que uno es vulnerable o susceptible a ese problema.
  • La creencia -o percepción- de que la acción a ejecutar producirá un beneficio con un coste personal aceptable (es decir, mayores beneficios que costes).

Ejemplo

Pensemos en un ejemplo: el caso de la adicción al tabaco. Para adoptar una conducta de salud, primero deberemos percibir que somos susceptibles de enfermar (por ejemplo cuando tosemos mucho al realizar una calada al cigarrillo) y también deberemos percibir la severidad de las consecuencias en caso de enfermar (por ejemplo, morir al tener cáncer de pulmón).

Así, la conducta de salud sería dejar de fumar, y cuánto más potentes sean las percepciones (de susceptibilidad y gravedad) que tengamos, más probable será que adoptemos la conducta saludable.

Motivación para la salud

Becker y Maiman añaden posteriormente al Modelo de Creencias sobre la Salud un nuevo factor: la motivación para la salud, que se relaciona directamente con las teorías de la motivación.

Aplicaciones del modelo

El Modelo de creencias sobre la salud se ha empleado como herramienta psicoeducativa en la población en intervenciones preventivas contra el VIH/SID y otras patologías.

Referencias bibliográficas:

  • Matarazzo, J D. (1980): Behavioural health and behavioural medicina. Frontiers of a new health psychology. American Psychologist, 35, 807-817.
  • Johnston, M. (1990). PSICOLOGÍA DE LA SALUD: PERSPECTIVAS EUROPEAS. Papeles del Psicólogo, 1, 46-47.
  • Soto, F. Lacoste, J., Papenfuss, R. y Gutiérrez, A. (1997). EL MODELO DE CREENCIAS DE SALUD. UN ENFOQUE TEÓRICO PARA LA PREVENCIÓN DEL SIDA. Rev. Esp. Salud Publica,71(4).
  • Amigo, I. (2012). Manual de Psicología de la Salud. Madrid: Pirámide.