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Aprender a discrepar: Paul Graham y la jerarquía de la calidad argumentativa

Graham es famoso por crear una jerarquía de la discrepancia, ordenando actitudes según su calidad.

Isabel Rovira Salvador

Isabel Rovira Salvador

Paul Graham
Paul Graham es un famoso programador y ensayista.Dave Thomas

El desacuerdo y las disconformidad son dos aspectos tan inherentes al ser humano como la necesidad de comer. El mero hecho de ser animales racionales nos predispone para dudar y discrepar de cualquier opinión con la que no nos sintamos del todo identificados.

No obstante, no todas las personas tienen la capacidad para hacerlo correctamente. Paul Graham advirtió este hecho y creó una “jerarquía de discrepancia” que ordena la manera en la que las personas manifiestan su desacuerdo.

¿Quién es Paul Graham?

Paul Graham es un programador informático y ensayista de origen británico que se dio a conocer tras sus trabajos con Lisp, una familia de lenguajes de programación. Además, cofundó la que fué primera compañía proveedora de servicios de aplicación (ASP).

Tras adquirir una fama notable dentro del mundo informático y de la programación, Graham comenzó su trayectoria como ensayista. Desde su propia página web publicó ensayos de temática variada que contenían desde textos acerca de los lenguajes de programación hasta las causas de por qué las personas “nerds” nunca alcanzan la popularidad. Estos escritos se reúnen en la publicación Hackers and painters, la cual vio la luz en el año 2004, si bien ya había publicado libros sobre programación anteriormente.

No obstante, uno de sus ensayos más aclamados y difundidos a lo largo y ancho del mundo fue su estudio How to disagree escrito en el año 2008. En él Graham representa gráficamente la “jerarquía de la discrepancia”, que muestra los distintos niveles en los que una persona puede expresar su desacuerdo o desavenencia con cualquier tema.

No obstante, antes de explicar de qué trata y cómo se organiza esta jerarquía es necesario saber en qué consiste la discrepancia y cómo funciona la dinámica de esta.

¿Qué es la discrepancia y cómo funciona?

La Real Academia de la Lengua Española define la “discrepancia” con dos acepciones diferentes:

  1. “Diferencia, desigualdad que resulta de la comparación de las cosas entre sí”.
  2. “Disentimiento personal en opiniones o en conducta”.

Por lo tanto, y según esta propia definición, un persona que discrepa es aquella cuyas creencias, pensamientos o conductas no coinciden con las de alguna otra persona o grupo.

Sin embargo, la discrepancia es un hecho social. Es decir, para poder discrepar de algo es necesaria la presencia de otra persona o grupo de personas con las que comparar opiniones y no estar de acuerdo; y además un grupo de seguidores que respalden nuestro punto de vista.

Así pues, la nivel social la discrepancia sigue un camino. Una serie de pautas que van desde el origen de la disconformidad hasta las desavenencias generadas dentro de esta primera discrepancia. Aunque complejo, este proceso es mucho más fácil de entender si seguimos cada uno de los pasos:

  1. Existencia de una ideología o pensamiento respaldada por numerosos seguidores.
  2. Dentro de este mismo grupo de personas alguien genera una discrepancia, propagando una creencia u opinión propia y creando una separación dentro de el primer grupo.
  3. Ambas partes adquieren una cantidad de seguidores lo suficientemente grande como para mantener en el tiempo dichas opiniones.
  4. Dentro de los propios grupos continúan apareciendo discrepancias que generan nuevos grupos de personas, acabando así con los grupos originarios. Esta dinámica se va repitiendo de manera sucesiva.

Debido a que la tendencia a discrepar es algo natural del ser humano, por el mero hecho de poseer la capacidad de raciocinio, estas dinámicas se mantienen en el tiempo y aparecen en todos los ámbitos de la vida.

Jerarquía de la discrepancia de Graham

Una vez conocido el funcionamiento de las discrepancias, podemos pasar a describir cómo pueden manifestarse estos desacuerdos en cada una de las personas que lo experimenta. Ya que no es lo mismo expresar una disconformidad mediante un insulto, que hacerlo recurriendo a la argumentación sólida y racional.

Para ello Graham crea una representación gráfica con forma triangular en la que se ordenan estos niveles de discrepancia. Según este gráfico triangular mientras más alta sea la ubicación de una persona en la pirámide más potente es la posición o el argumento propio, mientras que aquellos que se sitúan en los niveles más bajos utilizan argumentos débiles y banales para justificarse.

No obstante, una persona es capaz de evolucionar o moverse entre los distintos niveles. De esta manera, cuanto más alto se sitúen las personas en los niveles, más edificantes y provechosos serán los intercambios de opiniones.

Jerarquía de la discrepancia.
Wikipedia Commons.

A continuación explicamos los diferentes niveles de la jerarquía de la discrepancia desde el más bajo hasta el más alto de todos.

7. Insulto

El nivel más bajo de argumentación es en el que están instaladas todas aquellas personas que recurren al insulto como forma de oposición, dado que son incapaces de ofrecer ningún tipo de argumento por poco razonado que sea.

Graham lo ejemplifica con la frase “eres un idiota”.

6. Ad hominem

El autor sitúa en este peldaño a todos aquellos que “atacan a las características o la autoridad del contrario son considerar la sustancia del argumento”.

Esto significa que la persona solamente es capaz de rebatir a otra mediante ataques o afirmaciones negativas sobre su persona, con la intención de desacreditarle pero sin aportar ningún argumento válido que demuestre la debilidad de los razonamientos y las afirmaciones del otro. Es decir, se ataca a la persona, no a lo que dice.

Un ejemplo de esta discrepancia sería: “¿Qué vas a saber tú si ni tan solo tienes estudios?”.

5. Respondiendo a tono

En estos casos la persona se centra o utiliza el tono del mensaje de su oponente para intentar desmentirlo o refutarlo, sin tener en cuenta el fundamento o la esencia de aquello que se está debatiendo.

Un afirmación típica en estos casos sería: “Gritando tanto nadie te tomará en serio”.

4. Contradicción

La persona que utiliza la contradicción para rebatir una opinión tiende a expresar una idea opuesta pero con muy poco contenido o sin ninguna evidencia.

En estos casos los argumentos utilizados se expresan en formas de verdades universales que, según esa misma persona, no necesitan explicación.

Por lo tanto el ejemplo sería: “Todo el mundo sabe que eso no es así”.

3. Contraargumento

A partir de este nivel los razonamientos comienzan a presentar una mayor riqueza y calidad. No obstante, en el contraargumento la persona expone pruebas o evidencias que respaldan su opinión, pero que han sido dichas o escritas por otros anteriormente.

Las ideas utilizadas para debatir cualquier tema no son fruto del razonamiento de la propia persona, sino que se sirve de planteamientos y explicaciones de terceros para respaldar sus creencias.

Por ejemplo: “No tienes razón, porque tal y como dijo Sócrates…”

2. Refutación

En este segundo nivel de discusión la persona es capaz de razonar y disentir con sus propias ideas y creencias pero sin tener demasiado en cuenta la base del argumento o las creencias del otro. Más bien, se basa en detalles o ideas muy concretas del discurso del otro, no siendo capaz de rebatir la idea central.

1. Refutar el punto central

Finalmente llegamos al nivel más alto, y por lo tanto más constructivo a la hora de mantener una discusión. En este punto la persona tiene los recursos necesarios para rebatir el tema central o la base de la discusión de manera explícita y directa, utilizando sus propias experiencias y argumentos y pudiendo integrar las ideas del otro en su discusión.

Isabel Rovira Salvador

Isabel Rovira Salvador

Psicóloga Sanitaria y Sexóloga

Licenciada en Psicología por la Universitat de València. Especializada en Sexología Clínica y Terapia de Pareja por el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP) donde, entre otras cosas, descubrió su pasión por la psicología de la infertilidad. Para completar su formación clínica, realizó el Máster de Psicología General Sanitaria en la Universitat de Valencia.

Ha desempeñado labores de psicóloga en diversos centros, entre ellos la Unidad de Salud Mental del Hospital Clínico Universitario de Valencia y el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) en Barcelona.

Actualmente, Isabel compatibiliza su trabajo con un blog divulgativo llamado “Sexplícitamente Hablando”. En el que reflexiona sobre aspectos psicológicos de las relaciones personales y sobre la sexualidad.

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