Sea por una cosa u otra, todos y cada uno de nosotros hemos estado tristes en alguna ocasión. Puede que hayamos sufrido una pérdida, una ruptura, que nos hayan dado una mala noticia, que hayamos tenido una pelea con alguien que nos importa, que no hayamos logrado alcanzar un objetivo o simplemente que el malestar de otra persona nos remueva a nivel interno.

Incluso es posible que no sepamos exactamente el porqué. Pero en todos y cada uno de estos casos es habitual que aparezca un sentimiento de sufrimiento, dolor, frustración, vacío y frío interior que puede alterar la manera en que vemos las situaciones, el mundo y a nosotros mismos, generalmente con una visión negativa.

La tristeza, al igual que su contraparte la alegría, es una emoción universal y es compartida por todos los seres humanos además de por otros animales. Pero aunque la emoción de base es una, lo cierto es que a menudo hablamos de diferentes tipos de tristeza en función de aspectos tales como a qué se debe o si resulta o no coherente o útil respecto a dicho origen.

Y es sobre estos diferentes tipos de tristeza sobre los que vamos a hablar a lo largo de este artículo.

Tristeza: ¿ante qué estamos?

La tristeza es una de las llamadas emociones básicas, junto con la alegría, la sorpresa, el miedo, la sorpresa, la rabia y el asco. Se trata como hemos comentado de una emoción universal y compartida por toda la humanidad independientemente de su cultura, raza o forma de vida, si bien puede llegar a expresarse de maneras diferentes.

Surge como una reacción en parte psíquica y en parte fisiológica a algún tipo de acontecimiento, que puede ser exterior o bien interior. Es decir, puede aparecer derivada de sucesos o estimulaciones externas (o bien la ausencia de estas) o de la existencia de pensamientos concretos que nos resultan aversivos y sobre los que consideramos que no podemos o que tenemos pocas opciones de hacer algo.

Síntomas

Por lo general se define como una sensación de malestar, fatiga y bajo nivel de energía que suele aparecer junto a una percepción de vacío a nivel pectoral o intestinal, un descenso de la autoestima y una tendencia al aislamiento y a la introspección. Es habitual que exista cierto enlentecimiento motor y un tono muscular menor de lo habitual. También suele ir de la mano de rumiaciones entorno a lo que ha podido generar su aparición, además de una disminución de la capacidad de atención hacia el resto del medio.

La tristeza es una emoción altamente aversiva: a la mayoría de las personas no les gusta estar triste, ya que por lo general implica malestar y sufrimiento psíquico y/o físico. Ahora bien, también existen personas que llegan a experimentar una tendencia o búsqueda de estados de tristeza, ante la falta de deseo o miedo de cambiar las situaciones que la generan o bien ante la existencia de beneficios secundarios.

Sin embargo, y a pesar de que por lo general todos intentamos evitar aquellas situaciones que nos generan esta emoción, el hecho de que podamos sentirnos tristes (siempre y cuando no lleguemos a niveles patológicos) nos es mucho más beneficioso de lo que podría pensarse.

Principales funciones adaptativas de la tristeza

La existencia de la tristeza como algo que todos podemos llegar a sentir y que además de nosotros poseen una gran cantidad de animales no es algo casual: la tristeza tiene una función adaptativa y que favorece nuestra supervivencia.

Al igual que el dolor, la percepción de tristeza nos puede ayudar a realizar algún tipo de acción que permite salir de la situación que genera la sensación de malestar: aunque por lo general la tristeza disminuye la energía, también facilita que en un futuro realicemos cambios que impidan volver a la estimulación aversiva. Es decir, nos puede motivar al cambio.

Otro aspecto beneficioso es que la reducción de energía que genera permite ahorrar fuerzas a nivel físico, además de favorecer la reflexión y la rumiación sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. De esta manera, la tristeza nos proporciona un contexto en que podemos llegar a aprender sobre el motivo de su aparición y fortalecernos en un futuro.

También nos hace ser capaces de entrar en un estado de introspección y conocer aspectos profundos de nuestro ser que con otro estado de ánimo no nos plantearíamos. Asimismo sentir malestar permite entrenar nuestra capacidad de afrontar las adversidades, y con el paso del tiempo puede alterar nuestra percepción de competencia y autoestima.

Por último, por norma general, la tristeza genera empatía y compasión a los miembros del grupo, con lo que expresar tristeza puede llevar a que nuestro entorno nos preste atención y nos cuide. En este sentido, también tiene una función de protección y cohesión grupal.

Tipos de tristeza según su funcionalidad

A grandes rasgos podemos identificar cuatro tipos principales de tristeza, en función de si su existencia resulta funcional o no.

1. Tristeza adaptativa

Consideraremos que estamos ante una tristeza adaptativa o funcional cuando la emoción sentida se corresponde y se justifica en base a la situación o aspecto que la ha generado. Se trata pues de una tristeza que surge como respuesta a un evento interno o externo y tras la cual nuestro organismo puede necesitar rebajar el nivel de actividad y procesar la información para lograr aceptarla y adaptarnos.

Es pues una tristeza sana, y se caracteriza por el hecho de que con el tiempo o la acción empezará a disminuir e incluso desaparecer. El ejemplo más típico es el de la tristeza que sentimos en un momento de duelo.

2. Tristeza desadaptativa

La tristeza es en principio adaptativa de manera natural. Ahora bien, es posible que en algunas personas y en determinadas situaciones la emoción permanezca de manera continuada, sin poderse gestionar y provocando un sufrimiento persistente.

Es lo que ocurre cuando se produce un bloqueo de la emoción y su expresión. Un duelo mal resuelto y que no termina de aceptarse conllevaría un tipo de tristeza desadaptativa.

3. Tristeza patológica

Consideramos tristeza patológica a la sensación o sentimiento de tristeza, desánimo y falta de interés por el mundo en que la persona muestra poca capacidad de reaccionar a nivel emocional pero que suele ir conjuntamente a explosiones de llanto.

Este estado de ánimo no resulta congruente con ningún acontecimiento o falta de este, o bien aparece en una proporción tal que resulta desproporcionada para la situación de la que parte. Puede llevar al aislamiento o incluso en casos extremos a conductas autodestructivas. Es el tipo de tristeza que puede aparecer en la depresión o en otros trastornos.

4. Tristeza instrumental

Consideramos tristeza instrumental a aquel tipo de tristeza que es utilizada con el fin de lograr gracias a ella un objetivo concreto. Se trata de una utilización voluntaria de la emoción, aunque esta puede ser en parte sentida sinceramente.

Por otro lado, en ocasiones también podemos estar ante una simulación completa.

Una visión filosófica: tipos de tristeza según Santo Tomás de Aquino

La tristeza es y ha sido siempre una de las emociones humanas más básicas, y ha sido estudiada desde la antigüedad. En este sentido, históricamente algunos autores e investigadores han intentado hacer diversas clasificaciones respecto a la existencia de diferentes tipos de tristeza. Un ejemplo de ello fue Santo Tomás de Aquino, el cual partió de sus investigaciones y de clasificaciones previas realizadas por autores como Aristóteles para realizar su propia clasificación al respecto.

Si bien tal vez no goce de validez científica, esta manera de catalogar los tipos de tristeza resulta interesante a nivel histórico y filosófico a la par que nos puede hacer pensar en que en el fondo las distintas categorías que muestra, aunque se conocen como emociones distintas entre sí, tienen en el fondo elementos en común. Dentro de esta clasificación encontramos los siguientes tipos de tristeza.

1. Tristeza por el mal propio

Este tipo de tristeza se caracteriza por aparecer en base al sufrimiento que se siente por uno mismo cuando ocurre algún tipo de situación dolorosa o aversiva, o bien por la privación de nuestras necesidades y voluntades. Estaría vinculada con la privación o la miseria.

2. Compasión

Bajo el prisma filosófico establecido por este autor, la compasión podría considerarse otro tipo de tristeza, la cual en este caso hace referencia al sufrimiento que percibimos en los demás. La observación del sufrimiento de un ser querido nos conmueve y nos puede provocar tristeza y malestar.

3. Envidia

Otro tipo de tristeza puede venir de observar cómo otros llegan a tener algún tipo de bien o alcanzar alguna meta que nosotros querríamos para nosotros mismos. Constatar que otros sí tienen lo que nosotros deseamos y no podemos nos puede generar tristeza y sufrimiento, de los cuales surge la envidia.

4. Desánimo o angustia

La tristeza y la ansiedad se encuentran a menudo profundamente relacionados. En este sentido puede considerarse el desánimo o la angustia un tipo de tristeza que se vincula a la pérdida de movilidad o de motivación al no encontrar nada que nos satisfaga o nos permita dirigirnos hacia nuestras metas. También se relaciona con la incertidumbre y el deseo el conservar algún tipo de bien o mantenerse en camino hacia sus metas.

La depresión: no sólo tristeza

Uno de los conceptos que generalmente se asocia a la tristeza es el de depresión. Y es que en la depresión mayor o durante episodios depresivos uno de los síntomas principales y más importantes es la existencia de un estado de ánimo triste.

Sin embargo, sería erróneo identificar depresión con tristeza ya que la primera implica además de estar triste un conjunto de síntomas entre los que destaca la anhedonia o ausencia de capacidad para sentir placer, los problemas de sueño (tanto insomnio como somnolencia excesiva), pérdida o aumento del apetito, la desesperanza y la pasividad, la visión del mundo, del sí mismo y del futuro como de manera negativa y aversiva, la falta de energía, concentración y líbido o incluso pensamientos suicidas.

Referencias bibliográficas:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Torralba, F. (2007). The essence of suffering. An.Sist.Sanit.Navar., 30 (Sup.3): 23-37